Opinión
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Sazonan expedientes con secretos íntimos

Sin duda sabía Javier Corral que vendría lapidario el revire de su ahora pastilla amarga, el exgobernador César Duarte Jáquez

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 02 agosto 2020 | 06:00

Sin duda sabía Javier Corral que vendría lapidario el revire de su ahora pastilla amarga, el exgobernador César Duarte Jáquez.

Sólo un milímetro faltó para que Silvia Madrid Bustillos, agente del Ministerio Público de los ‘expedientes X’, cruzara del terreno personal al más íntimo entre el exmandatario y su “secretario privado o secretario técnico”, Jesús Manuel Luna Hernández.

Tuvo a su cargo la abogada de la Fiscalía General del Estado una “voluntaria” ampliación de una declaración de Luna extraída en las instalaciones de dicha institución en la ciudad de Chihuahua el 9 de julio pasado, justo un día después de ser detenido Duarte en Florida.

El Diario tuvo acceso a los documentos oficiales correspondientes antes que fueran enviados a reserva por las autoridades norteamericanas por angustiada petición de la Fiscalía chihuahuense.

De ahí fueron sacados los datos sobre las claramente operadas “amenazas” de que fueron objeto varios testigos por parte de Duarte Jáquez. Pasaron estos elementos como platillo fuerte de esas horas para efectos mediáticos.

El pasado miércoles por la noche soltó el exgobernador oriundo de Balleza-Parral su primer golpe importante contra Corral. Sus abogados presentaron el audio donde el “consejero” X de Corral habla por teléfono sobre los nexos de este con el crimen organizado. “Argucias” que ya se esperaban, contestó muy temprano el jueves en largos tuits el gobernador.

Palacio de Gobierno quiso neutralizar toda acción de Duarte no únicamente con los procesos por corrupción que en Florida son cuantificados en menos de 100 millones de pesos, sino con las presumibles amenazas cuyos declaraciones fueron armadas entre el 25 de mayo y el 9 de julio, y con el contenido más morboso y sensacionalista que probatorio de esas intimidaciones o amagos.

Empieza a ser trepidante la historia más por su estruendo publicitario que por la búsqueda de la verdad y la justicia; más por el ataque y la defensa de carácter emocional que por el resarcimiento de lo robado a Chihuahua sea durante el duartismo o sea, digámoslo con toda la franqueza requerida, a lo largo del lastre corralista.

Casi a las ocho de la noche del 9 de julio la agente Madrid Bustillos tuvo en su oficina al muchacho Luna Hernández ampliando una declaración originada en otra del 23 de mayo, nada menos que dos días antes de ser declarado bajo los mismos términos y casi con idéntico lenguaje otro de los principales testigos protegidos en esa misma trama. Es innegable que ellos no dirán otra cosa que aquella recibida como dictado. Eso los mantiene fuera de prisión.

“Mi trabajo consistía en coordinar todos los eventos, giras, llamadas y agendas de dicho gobernador; por tal razón pasaba todo el día y parte de la noche acompañando al gobernador, ya que trabajaba en promedio alrededor de 18 o 20 horas al día JUNTO A ÉL; de lunes a domingo, pero además cuando él salía fuera de la ciudad yo lo acompañaba y pasaba casi las 24 horas JUNTO A ÉL”.

Luna estuvo en la cárcel más de un año acusado de corrupción por “facilitar” un avión del Gobierno del Estado a un hijo de César Duarte para trasladarse al Estado de México y a Cancún. Ahora se explica el intercambio por su libertad, lo cual resta veracidad a sus dichos y exhibe la escasa pólvora que resta en las armas del corralismo.

Poca sustancia en su declaración ampliada, sí advertencias claras al enemigo sobre futuras “ampliaciones” de actos personalísimos:

“Trabajar con Duarte fue difícil porque como antes mencioné absorbía casi todo mi tiempo y de su parte recibía malos tratos, llegando al extremo de que revisaba mi teléfono celular y mi Ipad personal para ver con quién me comunicaba y qué fotografías tenía, pues era muy desconfiado y me decía que ni por error se me ocurriera proporcionar ni la menor información de él a nadie, ni dónde estaba, ni qué hacía, ni algún otro dato por pequeño que fuera”.

Llegó más lejos ese dictado, con tinta fosforescente, en mayúsculas y remarcado para que entendiera quien quisiera entender y no hubiera complicaciones al momento de dar lectura al texto: “Me tenía prohibido que le diera información de él a su propia esposa la señora Bertha Olga Gómez Fong”.

Las amenazas como tales tratan de pasar en la narrativa cual partes sustanciales tanto en los dichos del secretario privado como del otro testigo protegido (cuyo nombre no aparece en el expediente) pero no pasan de describir “encuentros” con Duarte y/o con algún otro de sus allegados que les advirtieron velada o específicamente guardar discreción sobre lo que habían presenciado durante la administración. “Las personas que son desleales siempre terminan pagando ellas o su familia”, les habrían repetido.

Ambos testigos terminan concluyendo, en las mismas palabras, que todo ello les hizo sentir temor por sus propias personas y por sus familias. Ninguna grabación, ninguna imagen.

Luna fue detenido el 6 de marzo del 2017 en Colorado por las razones ya descritas. Estuvo 14 meses en el Cereso de Aquiles Serdán hasta que evidentemente aceptó concertar un acuerdo con la Fiscalía del Estado. Ahora tiene 26 años de edad. Era veinteañero en su época al lado de Duarte. También parralense.

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Con distintas tonalidades la situación entre exgobernador y gobernador es la misma. Duarte buscará por todos los medios librar la cárcel con el menor daño posible (Vicentillo Zambada, entre cientos, logró un buen acuerdo y pasó de capo internacional de la droga a testigo protegido del gobierno estadunidense, libre y con tres millones de dólares permitidos para desarrollar una vida “normal” en suelo americano), Corral está buscando ajustar todas las tuercas no sólo para evitar seguir los pasos de su antecesor sino para continuar entronizado en el poder y desde luego cobijado por el mismo.

Pero sigue estrechamente mimetizado el actual con el anterior. Por increíble que parezca son claros los nexos con el crimen organizado. Los tiene en casa. La corrupción continúa rampante. No le preocupa, por el contrario, desdeña cualquier acuerdo político con quien piensa de forma distinta.

Sin empacho de ninguna especie nombró como secretario de Salud a un economista y se echó encima a toda la comunidad médica del estado porque incumplió su compromiso firmado para colocar ahí a un especialista en la materia.

Ese economista llegó a Salud proveniente de la administración de la Fiscalía General del Estado donde, ahora se sabe, mantenía en la nómina a su esposa; igual, sin remordimiento alguno. La cónyuge sigue en la Fiscalía.

En ese mismo reflejo, Corral ha sido característico no por tener a un Luna Hernández sino a varios. Uno es su jefe de política digital, Gustavo Ríos Alcázar, con más de 700 millones de pesos de presupuesto literalmente echados a la basura; el otro es su secretario particular, Roberto “Betito” Fuentes; y el tercero, Alfredo Batista Loya, quien fue sacado hace meses de la Secretaría Particular y se encargaba o se sigue encargando de la “dieta alimenticia” del gobernador. Su “nutriólogo”.

Todos ellos, y otros más, deben aparecer ya en los expedientes de la defensa duartista y serán soltados como “convenga” al proceso penal, rebosante de verdades por una y otra parte pero también salpicado de bagatelas que abonan más al decaído humor social que en concretar amenazas de penas vitalicias.

Por eso rumbos camino tortuoso el relevo hacia el 2021. Ah, un último detalle, el gobernador Corral busca la dirigencia nacional de su partido, el PAN, antes de ir por la Presidencia de la República, los idénticos planes que para estas fechas tenía Duarte al concluir su sexenio.