Opinión

¿Sabes quién es Digna Ochoa?

El presente mes de octubre suman ya 19 años de la muerte de Digna Ochoa, abogada de los más débiles, defensora de los derechos humanos y asesinada impunemente en el Distrito Federal en el 2001

Daniela González Lara
Analista

jueves, 08 octubre 2020 | 06:00

El presente mes de octubre suman ya 19 años de la muerte de Digna Ochoa, abogada de los más débiles, defensora de los derechos humanos y asesinada impunemente en el Distrito Federal en el 2001.

Desde hace ocho años escribo su historia y a través de estas letras rindo un humilde homenaje con la esperanza de alentar a nuevas generaciones para que sigan su ejemplo.  

Digna fue la quinta de 13 hijos, proveniente de una familia humilde en el estado de Veracruz, donde su padre Eusebio Ochoa López, líder obrero de la región, la inspiró a estudiar la carrera de Derecho, pues de niña escuchaba que su propio progenitor y los compañeros de este, siempre necesitaban abogados para defender causas laborales en la azucarera que trabajaban.

Recién graduada comenzó a asesorar personas de escasos recursos e ingresó al Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro-Juárez donde inmediatamente tomó casos delicados de gran relevancia en los que estaban involucrados el Ejército y diferentes cuerpos de seguridad pública.

Casos como los civiles detenidos por ser presuntos zapatistas en 1995, además del caso de Aguas Blancas en Guerrero; de la masacre en Acteal, Chiapas (1997), y el de los ecologistas guerrerenses presos Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera le valieron sus primeras amenazas de muerte, mismas que denunció ante la autoridad competente y que nunca fueron atendidas en investigación.

Siempre firme en su lucha constante exigió justicia por los más necesitados, incluso en instancias internacionales. 

La más grande ironía es que lo que le ganó reconocimiento en diversos países, en México le significó una muerte violenta con un disparo en la cabeza y otro en la pierna izquierda, además de una nota donde amenazaban a sus compañeros del centro derechohumanista donde decía que lo mismo podría ocurrirles a ellos, además de una investigación de la Procuraduría del Distrito Federal quien dictaminó burdamente que su muerte, aun con los elementos anteriormente narrados, se trataba de un suicidio.

Sus familiares y compañeros de lucha no han permitido que la búsqueda de la verdad perezca y a casi dos décadas de distancia el caso ha llegado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo que significa la oportunidad de demostrar que se trató de un asesinato y no de un suicidio.

¡Cuánto dolor existe en tantas historias de lucha en este país! Recuerdo también la ejecución extrajudicial de Meztli Sarabia Reyna, hija del luchador social poblano Rubén Sarabia “Simitrio” o la bala en la cabeza de Marisela Escobedo afuera del Palacio de Gobierno de Chihuahua, la mujer que denunció y localizó al asesino de su hija, mismo que confesó con detalle su crimen para después ser liberado en dos ocasiones por las autoridades estatales.  

Por cierto, que esta última historia, por ser un crimen impactante que permanece impune, será expuesta en el catálogo de Netflix el próximo 14 de octubre. Es de primer orden seguir contando estas historias, lamentablemente muchos casos pasan desapercibidos para la sociedad que no conoce la noble lucha de estas heroínas sin capa, pues igual que un guerrero solitario libra una intensa batalla contra una bestia mítica en un cuento medieval, así el abogado y el activista luchan incansablemente en los tribunales defendiendo la justicia y la dignidad de todos con su única arma que es la ley.

El fijar una postura frente a temas que han acaparado personajes mezquinos y poderosos con el perverso fin de enriquecerse a costa del descamisado siempre exige valentía, arrojo, entrega y empatía, por eso debemos nombrarlas, recordarlas, honrarlas, y apoyar irrestrictamente las acciones de quienes apuestan todos los días por la justicia y la defensa de los derechos humanos, pues sin estas personas los cambios estructurales en las libertades del ser no existirían, así de simple. 

Hoy cuento la historia de Digna Ochoa para que no se olvide y sirva de ejemplo, esta mujer que dignifica la más noble de las profesiones y engrandece no sólo a los abogados y abogadas en el mundo, sino al activismo social con la trayectoria de su vida.

Sirva la presente como un homenaje para ella y todos aquellos que desde sus trincheras se despojan del ego y anteponen todo su ser por defender el derecho a vivir con el respeto, la integridad y el decoro que nos merecemos todos. Gracias por leer, yo soy Daniela González Lara.

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