Opinión

Riesgo, información e incertidumbre

En las semanas recientes el discurso público se ha concentrado en torno a la pandemia del llamado coronavirus

Sergio Pacheco González
Analista

martes, 24 marzo 2020 | 06:00

En las semanas recientes el discurso público se ha concentrado en torno a la pandemia del llamado coronavirus. Ésta, señala la Organización Mundial de la Salud (OMS), surge como “un nuevo virus gripal que se propaga por el mundo”, con la característica de que “la mayoría de las personas no tienen inmunidad contra él.”

Como señala Ildefonso Hernández, vocal de la Sociedad Española de Salud Pública y catedrático de esta especialidad en la Universidad Miguel Hernández: “Con esta declaración está diciendo que el coronavirus no es una cuestión que concierne solo a los países que tienen difusión epidémica de la enfermedad sino que concierne al conjunto de países de la OMS” (https://elpais.com/sociedad/2020-03-11/la-oms-declara-el-brote-de-coronavirus-pandemia-global.html).

Para el presidente de la Sociedad Española de Epidemiología, Pere Godoy, señala la misma nota, “La declaración de pandemia quiere decir muy poco. Tiene quizás valor desde el punto de vista de la opinión pública, pero realmente no hay un dintel, un valor o número de países a partir del cual se puede decir que es pandemia”.

Sirve, en todo caso, para distinguir el estado actual de lo que se entiende como epidemia, la que es definida por la Secretaría de Salud (SS) como una “Enfermedad que se propaga durante un cierto periodo de tiempo en una zona geográfica determinada y que afecta simultáneamente a muchas personas”.

Ambos conceptos representan, para las personas, la presencia del riesgo de perder la salud o en el peor de los casos la vida. Y para las autoridades de los tres niveles de gobierno, un reto mayúsculo. En tanto riesgo, estamos ante la probabilidad de que la pandemia, mal contenida y enfrentada, además de convertirse en un desastre, derive en una crisis.

Si, como se reitera desde diversos organismos y en los múltiples medios de información, la declaratoria de la OMS procura reforzar la idea de que se requiere la preparación y participación de todos los países, como sintetiza Ildefonso Hernández, el escenario que se propone es el de la contención y la prevención. Es decir que ante lo inevitable, que el virus se propague, se procure limitar su capacidad de contagio.

Para ello, una condición básica es que quienes se encuentran en riesgo y quienes toman decisiones para evitarlo o disminuirlo, cuenten con información verídica, sustentada, clara y precisa. En las autoridades recae la responsabilidad de ofrecerla, en los medios de información de difundirla y en las personas distinguir entre el rumor, la opinión desinformada, el juicio malintencionado y la evidencia que puede reconocer identificando la fuente que la proporciona y comparándola con otra u otras dignas de su confianza.

Para los gobiernos es un reto que implica ser capaces de identificar y atender, al menos, los tres componentes que señalan Sánchez, Egea y Soledad (Vulnerabilidad social. Posicionamientos y ángulos desde geografías diferentes, 2012, p.61). La amenaza social que implica el riesgo, la exposición diferenciada que representa para las diversas comunidades y grupos sociales, así como la valoración de los activos con los que cuentan las personas, los grupos y las comunidades para hacer frente al riesgo.

Analizada desde esta perspectiva, la polémica en torno a la suspensión de actividades económicas adquiere otras connotaciones. Algunas de estas ya han sido identificadas por diversos agentes. Entre ellas, la profundización de la desigualdad e inequidad entre los grupos sociales más desfavorecidos y principalmente entre aquellos que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad, carentes de empleo, de prestaciones sociales y de un salario garantizado, al menos, mientras el empleo prevalezca.

Entre las poblaciones en condiciones de vulnerabilidad, las consecuencias pudieran no ser plenamente prevenibles. Esto es así, en tanto las diferencias de sexo, género, edad, condición socioeconómica, raza, etnia y localidad de residencia, configuran un entramado tan diverso, desigual y multifacético, que los umbrales de la incertidumbre parecieran ampliarse.

Lo que el discurso público predominante oculta es su sustento clasista, aseveración que corre el “riesgo” de hacer uso de un concepto aparentemente anacrónico.

La afirmación se sostiene con base la posición privilegiada de quienes con mayor ahínco reclaman la necesidad de anticipar la suspensión de las actividades económicas. Es sencillo, cuentan con un ingreso asegurado y con la posibilidad de proveerse de los activos necesarios para superar la cuarentena.

El reto para los gobiernos podría resumirse en lo expresado por el director general de la OMS: “tienen que encontrar el equilibrio entre proteger la salud, minimizar el trastorno económico y social y respetar los derechos humanos”.

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