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Opinión

Revientan campaña 2021 con ‘tren bala’

Finalmente tocó punto en Ciudad Juárez la poderosa alcaldesa de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván

LA COLUMNA
de El Diario
viernes, 22 febrero 2019 | 06:00

• Revientan campaña 2021 con ‘tren bala’


• Regañan al poderoso jefazo federal


• Panistas hacen frente a Víctor y Carlos


• ‘Pues vamos viendo’: secretario de Salud


Finalmente tocó punto en Ciudad Juárez la poderosa alcaldesa de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván; “Maru” para sus cuates y sus muchos electores chihuahuitas. Despierto como siempre defendió su presencia y su fuerza en la plaza el independiente alcalde Armando Cabada Alvídrez. 

Es innegable que se trató de una primera incursión de la panista en Juárez con miras a buscar la candidatura de su partido a la gubernatura 2021. Las muchas penetraciones del alcalde juarense en Chihuahua son más explicables porque es la capital del estado y allá son tomadas múltiples decisiones que tienen que ver con esta frontera.

Cabada ha tenido esas numerosas justificaciones de meterse hasta la cocina del PAM PAM chihuahuita y cotorrear a placer con los ‘dueños’ de la casa, Pirrín y doña Yola; Maru, en cambio, difícilmente puede hallar argumentos para andar en Juárez.

Tenía que conseguirlos la alcaldesa porque Juárez representa nada más y nada menos que el 40 por ciento de la fuerza político-electoral del estado. Así que unos empresarios de Desarrollo Económico de allá se pusieron de acuerdo con sus homólogos fronterizos para estar presentes en su junta ordinaria bimensual de consejo directivo y analizar “temas en materia de economía local, regional y estatal”. Hasta la metaforica construcción de un tren bala entre Chihuahua y Juárez surgió ahí como broma.

En tren bala arrancó pero la campaña electoral. Fue testigo de honor la secretaria de Desarrollo Económico, Alejandra de la Vega, y los directivos y algunos agremiados a las agrupaciones Desarrollo Económico de Chihuahua y Juárez.

A Maru y su equipo les urge que nombre y apellido de la edil sean tan familiares en Juárez como en Chihuahua. Tienen un año para lograrlo; el 2020 ya será de plena efervescencia campañera.


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Esta es una breve historia de sentimientos y celos que involucra a cierto jefazo del Gobierno federal en Chihuahua. Se cuenta que días antes de festejar su cumpleaños hubo un encuentro en las instalaciones de la antigua Secretaría de Desarrollo Social, hasta donde se apersonó la hoy subsecretaria de Bienestar, Ariadna Montiel Reyes. Fue delegada estatal de Morena durante la campaña electoral.

Supimos por nuestras fuentes ahí que la hoy funcionaria propinó sendos jalones de oreja a varios de los involucrados en el trabajo de censar a todos los grupos susceptibles de recibir apoyos oficiales, labor que va muy retrasada en el estado. 

El asunto quedaría en el plano de la vida personal, donde cada quien puede actuar como le plazca, de no ser porque ahora ha saltado a otro nivel que complica la situación política del protagonista, quien además tiene otros cargos nobiliarios y diplomáticos, como el de embajador subnacional y representante plenipotenciario de la Cuarta Transformación en la entidad. 

Es público y conocido que tuvo una relación, ahora complicada, con Marian Quintana Ramos, asesora en el Congreso del Estado. Nómina pública de por medio.

Durante la campaña fue evidente la cercanía del jefazo con la hoy subsecretaria Montiel Reyes a raíz de que asistieron juntos a la escandalosa boda fifí de César Yáñez, ahijado del presidente Andrés Manuel; y con una asistente personal de su equipo que le ayudó en la transición y que ahora forma parte de la nómina gubernamental federal.

Pues bien, durante esta reunión celebrada en la ciudad de Chihuahua, aparte del regaño por falta de trabajo se sumó la llamada de atención a evitar los escándalos en redes sociales como los protagonizados por ya saben quiénes. El latigazo chicoteó al coordinador legislativo de Morena, Miguel Colunga, por permitir la escandalera.

Nadie se tibió pero al menos los corazones en redes dejaron de aparecer.


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El secretario de Desarrollo Social, Víctor Quintana Silveyra, ya no es el único en la mira de los críticos panistas que con ciertos complejos azules descalifican el arribo de puros personajes ajenos al PAN al Gobierno del Estado.

Al club de los rechazados, o ‘club de la izquierda’, como les dicen los panistas, ya entró el secretario de Educación y Deporte, Carlos González Herrera, por unas nuevas contrataciones en el limitado cuadro directivo que tiene la dependencia.

También ha seguido la línea de llevarse gente desconocida en Acción Nacional, lo que le ha acarreado presiones de los que no aceptan que en el gabinete estatal haya pluralidad democrática, aunque sirva de poco al avance de la administración.

El pecado de Quintana y González Herrera ha sido el de cerrar las puertas a las solicitudes de empleo de los panistas si no llegan con recomendación directa del gobernador, quien dicho sea de paso no es muy dado a recomendar a sus compañeros albiazules. 

Así que aunque lleguen con impulso de secretarios, diputados locales y federales o santones del PAN, los titulares de Desarrollo Social y Educación les hacen dar la media vuelta y designan a puros cuates o compañeros de sus luchas pasadas, de cuando no tenían el poder.

Lo que preocupa a algunos es que ambos secretarios han comenzado a sentirse marginados de ciertas decisiones de las que antes estaban al tanto y hasta de reuniones en corto del círculo que rodea a Javier Corral.


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Como en la Secretaría de Salud del nuevo amanecer sobran los recursos y el dinero, hasta se dan el lujo de rechazar apoyos internacionales que ofrecieron organizaciones para proyectos en Juárez y otras partes de la entidad. 

Un reporte interno de la dependencia asienta que al menos tres organizaciones humanitarias y no gubernamentales se han acercado al doctor Jesús Enrique Grajeda para ofrecer apoyos, algunos de ellos superiores a los millones de dólares. ¿El resultado? Ninguno. 

La respuesta de Grajeda sólo se limita a un muy ejecutivo “pues vamos viendo”, pero sin girar instrucción alguna para que su equipo legal formalice acuerdos.

Uno de los delegados que le han visitado nos ha confiado: “fue como hablar con alguien que tiene muy bonitos recuerdos pero ninguna esperanza para el futuro. Ese señor vive mentalmente en otra época o de plano no quiere nada de recursos extra”. 

Lo dicen porque se la pasa contando anécdotas de cuando fue rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua. No sale de lo mismo, de recordar viejas glorias que, en realidad, nadie más recuerda.

Nos reservamos los nombres de las organizaciones rechazadas de facto pero al menos dos de ellas son de verdadero abolengo. Todo un oso institucional.

Muy sorprendente desidia viniendo de un hombre que se hizo famoso entre el corrillo médico por jactarse de que sólo él sabría cómo arreglar el desorden de Ernesto Ávila, el tristemente célebre exsecretario que se dejó llevar por los bonos de miles de pesos cuando tenía unos cuantos meses de trabajo y por los millones que representó el negocio de las medicinas de Egro; y que acabó de sellar su destino cuando se le ocurrió a un misógino subalterno, Pedro Ramírez Godínez, “pendejear” a una diputada. 

Mientras los trabajadores de la salud viven denunciando carencias, el doctor Grajeda y su equipo se dan el lujo de rechazar apoyos por millones de dólares. Qué buena gestión.

Ya si no les importan los chihuahuenses, al menos no deberían hacer quedar tan mal al nuevo amanecer, que para eso tiene otros secretarios y al mismo gobernador, especializados en esa tarea.