Opinión

Resistencia al cambio

Durante varias décadas el sistema político mexicano enseñó a nuestros gobernantes a realizar su tarea de una manera...

Cruz Pérez Cuéllar
Político
domingo, 17 febrero 2019 | 06:00

Durante varias décadas el sistema político mexicano enseñó a nuestros gobernantes a realizar su tarea de una manera, que si bien no contribuía a exaltar los principios de la democracia generó el único modelo a seguir en nuestro país, que fue adoptado en las oficinas públicas, en el desarrollo de obra pública y el consabido moche por cada tramo, por cada edificio erigido; en la contratación amañada de servicios y en la adquisición de bienes muebles e inmuebles para el estado; en la entrega de apoyos de diversa índole con propósitos electorales. 

Nos acostumbramos a vivir con ausencias importantes, tales como la libertad plena, en varios sentidos, puesto que muchos eran y son acallados por opinar lo que piensan, a otros se les reprime con el desprecio del presupuesto; la igualdad sobre todo, ya que durante el priato y no se diga durante los 12 años de gobiernos panistas, esta se marcó con gran acento, la pobreza creció y los círculos de mejor calidad de vida se redujeron; la pluralidad se quedó anquilosada en los libros de historia, es cierto, se incluyó a las minorías en algunos niveles pero como se dice popularmente: sólo era para taparle el ojo al macho. La tolerancia es cada vez menos manifiesta, sobresale el exabrupto y el porrazo, se le da vuelta al diálogo. 

Durante varias décadas no hubo más, esa era la forma de hacer las cosas, quienes intentaban algo distinto eran abortados por el propio sistema, así quedó demostrado con casos tan sonados como polémicos donde se involucraba a personajes de gran valía pertenecientes al propio Revolucionario Institucional, a Acción Nacional, al Partido de la Revolución Democrática, y a otros; pero a pesar del uso de dichos procedimientos durante tantas décadas, de los vicios tan arraigados, siempre existió una posibilidad que muchos se resistieron a creer (algunos aún la siguen pensando); toda esa costumbre de desaciertos nunca implicó que no se pudieran hacer las cosas de manera diferente. 

Uno de esos gobernantes, muy denunciante, pero chapado a la manera del político tradicional, es nuestro gobernador Javier Corral Jurado, quien durante más de 25 años conoció y participó del régimen que durante ese mismo período censuró. Durante un cuarto de siglo, desde el Legislativo, le tocó observar y se dio a la tarea de señalar los caminos errados de quienes ocupaban posiciones de poder, principalmente a los gobiernos estatales y la Presidencia de la República. Ahora pretende hacer lo mismo, pero apoltronado en la silla que algún día ocupara don Abraham González, exigiendo y señalando, pero también recibiendo y queriendo gobernar con las manos en la bolsa, como en antaño, censurando al sistema pero a la vez queriendo disfrutar de sus excesos. 

Recrimina al Gobierno de López Obrador la manera de distribuir el presupuesto, el método para aplicar programas, que definitivamente es distinto al del sistema que tanto censuró, pero como en esta ocasión le pega a sus intereses, patalea y adopta esa forma de gárgola acechadora. 

El gobernador de Chihuahua sabe en su fuero interno que las cosas han cambiado, y lo malo, que no es él quien propició un cambio verdadero en el país. Pero, aunque sabe que el viejo modo de las políticas públicas era excesivo, que estaba corrompido y acarreó muchos males económicos y sociales al país, él se resiste al cambio, quiere seguir gobernando como antes, bajo la figura de un cacicazgo que le permita hacer y deshacer en lo local, o en su defecto no hacer nada, y que le sigan cayendo los recursos de la Federación sin mover un dedo, sin impulsar el desarrollo del campo, sin incentivar a los productores chihuahuenses, bajo el pretexto de que el Gobierno federal no le dio dinero para ello.

Hablando específicamente del Fondo Minero, que representó el año pasado algo así como 452 millones de pesos y que para este 2019 tiene un incremento significativo, el Gobierno federal ha dispuesto una forma diferente de entregar los apoyos, para que sea más rápida y efectiva la aplicación de esos recursos. Hasta el año pasado la Secretaría de Economía, a través de la Subsecretaría de Minería entregaba ese capital al Gobierno del Estado y este a su vez lo repartía a los municipios inscritos, que en el caso de Chihuahua son 28. 

La simple explicación de cómo se distribuía el Fondo Minero, cómo pasaba por tantas manos antes de llegar a su destino final, inmediatamente nos hace pensar en los vicios en que se pudo haber incurrido, la demora para aplicarlo, luego de tanto intermediario.

Pero el gobernador Javier Corral, y una veintena de alcaldes panistas y priistas, entre ellos la alcaldesa de la capital María Eugenia Campos, han puesto el grito en el cielo porque ese recurso ya no pasará por sus manos, argumentando que eso afectará a sus localidades, ya que ese recurso era aplicado a acciones de pavimentación y obra pública.

En su excusa llevan la culpa, tanto estos alcaldes como el gobernador se habían acostumbrado a planear obras con el Fondo Minero, obras y programas de competencia exclusiva de sus municipios, del Gobierno estatal, para darlas a conocer como propias, lo que vulgarmente se reconoce como hacer caravana con sombrero ajeno. Y aunque digan que se trataba de acciones relacionadas a la actividad minera, ¿qué les va o qué les viene, que ahora sea el Gobierno federal quien haga esa triangulación de recursos si se trata de dinero de la Federación?

Obviamente ya no podrán hacer promesas de obras con dinero que no es del Estado y los municipios, y naturalmente tendrán que invertir, como corresponde, los recursos que sí están etiquetados para ello. Y obligarlos a generar condiciones para que haya más desarrollo, que sean más eficientes a la hora de cobrar impuestos, sin cargar la mano a los más desprotegidos, más bien ampliando los registros de contribuyentes, ajustando las bases de cobro, para que paguen los que tienen y se evaden, o que tienen y pagan muy poco.  

Claro que no es del agrado de algunos alcaldes y del gobernador la nueva forma de hacer gobierno, y en lugar de reconocer lo que se estaba haciendo mal y ahora se trata de corregir, prefieren el bullicio, las cortinas de humo, y haciendo olas presentan en tono rimbombante “controversias constitucionales”, generan polémica y tratan de confundir a los ciudadanos que poco a poco van conociendo la nueva dinámica, y lo mejor, la están avalando con sus opiniones, con sus decisiones. 

¡Bienvenidos a la Cuarta Transformación!, que está llevando a la práctica los cambios prometidos, que trata de demostrarle al pueblo de México y a quienes fueron protagonistas del sistema político anterior, que sí hay una mejor forma de hacer gobierno, y que sabemos de antemano que habrá dificultades en el camino para cumplir con el cometido, pero a la vuelta de unos años, quizá al término del presente sexenio, podamos estar hablando de estas cosas, de estas controversias, como la resistencia al cambio que es propia del fenómeno político y social que estamos viviendo.