Opinión

Reminiscencias de los Reyes Magos

En los estados del sur de México aún se celebra la llegada de los Reyes Magos

Manuel Narváez
Analista

lunes, 03 enero 2022 | 06:00

En los estados del sur de México aún se celebra la llegada de los Reyes Magos.

Cuando era pequeño, en la casa donde vivía con mi madre, mi abuelita, una tía, dos primas y eventualmente otro familiar que estudiaba medicina, en diciembre se adornaba un árbol de Navidad y se instalaba un Nacimiento.

Mis mayores me bautizaron bajo la fe católica, la que profeso, y crecí con las tradiciones del Cristianismo como la Nochebuena, la Navidad y el 5 de enero con el arribo de los Reyes Magos.

En la casa de Manuel Doblado y después en la de 27 de febrero, ambas en Villahermosa, Tabasco, era lindo sacar de su caja el arbolito de Navidad (plateado), colocarle las esferas de muchos colores, un listón amarillo brilloso y luces o focos multicolores que encendían y apagaban intermitentemente. 

Junto al arbolito poníamos un Nacimiento, tarea que generalmente me era asignada. Antes de hacerlo, a principios de diciembre mi abuelita me llevaba a un mercado para conseguir el pasto y los personajes que faltaban u otros, de tal suerte que fuese los más representativo posible.

Diciembre era un ritual que se prolongaba hasta el 2 de febrero, cuando el o la malvada devolvía al niño Dios que se había robado en algún momento de la madrugada del 25 de diciembre.

Ya instalado el árbol y el Nacimiento, escribíamos la carta a los Reyes Magos. Vaya momento, era tan importante para mí esa creencia que alguna vez, como a los 11 años de edad –en verdad que sí–, pedí a los magos de Oriente que la niña que me gustaba ¡me quisiera! 

Realmente era muy importante el 6 de enero, porque significaba que bajo el árbol navideño aparecían regalos para todos los pequeños.

De los regalos que los Reyes Magos me trajeron recuerdo un carro marca Apache y una bicicleta de la misma fábrica, pero en año diferente.

También recibí una pistola en forma de delfín que disparaba unos dardos que se pegaban en algunas superficies si le mojaba el plástico tipo chupón.

Como a los diez años de edad, se volaron la barda y me regalaron un órgano Ledy. Y playeras con personajes de Disney que sobresalían como si fueran de tercera dimensión.

Quizás me quedé con las ganas de una pista de carreras y un trenecito eléctrico, pero no importa, menos cuando supe que los reyes eran reinas y que hacían mágica nuestras vidas, dada las condiciones tan desafiantes en la que crecimos.

Esta semana se celebra todavía la llegada de los Reyes Magos en el sur del país y familias en el norte preservan esa tradición.

En lo personal me alegran el alma estas reminiscencias, por eso doy gracias al Creador por haberme regalado la dicha de que mis adoradas reinas: la abuelita Flor, mi madre Guillermina, mis tías Coco, Rosy y Tere, hicieran mágicos mis amaneceres del 6 de enero.

Es cuanto.

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