Opinión

Reflexión silenciosa

Saber cuándo es momento de quedarse callada, es una habilidad que no todas las personas perfeccionan

René Javier Soto López
Académico

martes, 15 junio 2021 | 06:00

“Si lo que tienes que decir no es mejor que el silencio, no lo digas”

Proverbio Árabe

Saber cuándo es momento de quedarse callada, es una habilidad que no todas las personas perfeccionan, y que bajo la máscara de ser personas “sin pelos en la lengua”, justifican su incapacidad de encontrar en las pausas, el valor intrínseco, sereno e inmutable que en ella emana. El silencio es una esencia de inagotable belleza, es el regalo que la naturaleza nos ha otorgado para desarrollar nuestras capacidades, y expresar a través de ella mensajes de reflexión, aprendizaje y sanación. 

En la actualidad, quien sabe utilizar las pausas, no es una persona “agachada” o “dejada” -como suele decirse dentro de lo coloquial-, sino que ha sabido comprender que en todo ciclo es importante conocer los tiempos y por ende las pausas que ayuden a generar un impacto en el entorno; en palabras simples por ejemplo, el silencio en la música, permite generar estructuras melódicas y ritmos que estimulan los sentidos a través de composiciones perfectamente equilibradas, que sin ella solo se resumiría en simples ruidos. En la oratoria, el silencio permite dar énfasis al discurso, establece un momento de reflexión, de análisis que invita a la participación del escucha, hacía la búsqueda por profundizar el entorno temático citado; en lo individual, el silencio es una herramienta importante para el proceso de sanación y reflexión, ya que permite que la mente desarrolle un ejercicio introspectivo que le permita valorar los pros y contras de las acciones tomadas o que están por suceder. 

En nuestro Estado, están por suceder cambios importantes en la estructura de gobierno, y es de allí que resulte necesario, hacer una reflexión sobre la importancia que este momento requiere sobre el valor del silencio. Lo anterior, no implica renuncia o miedo, sino un momento de contención necesario, que invite a la reflexión, esclarecimiento de los objetivos y, sobre todo, al camino de la lucidez que permita avanzar hacía un mejor futuro. 

Todos aquellos que fueron figuras partícipes de la pasada contienda electoral, deberán ser prudentes y cuestionarse que si lo que tienen que decir no es mejor que el silencio, no lo digan. Aprender a valorar el silencio debe convertiste en un hábito de nuestra rutina diaria, alejada del ruido constante y ensordecedor del entorno actual, que solo busca incautos que “tengan algo que decir” bajo una dolida y sentimentalista opinión. 

El silencio es la ausencia del sonido, y tenemos que aprender a ser escuchas activos de las personas, y de todo aquello que nos rodea para entender que hay silencios mucho mejores que cualquier sonido. Los grandes momentos de la historia requirieron del silencio para poder captar y comprender el verdadero significado de las cosas, pobre de aquellos que no saben callar y que no se permiten una pausa para sanar su mente. 

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