Opinión

Recalentado 2021

Algunos fisiólogos atribuyen a la disminución de la luz solar propia de esta época, que nos invada la serenidad y se facilite sumergirse en cavilaciones de profundidad

Arturo García Portillo
Analista

viernes, 31 diciembre 2021 | 06:00

Algunos fisiólogos atribuyen a la disminución de la luz solar propia de esta época, que nos invada la serenidad y se facilite sumergirse en cavilaciones de profundidad. 

En términos físicos las cosas son más sencillas. Ha ocurrido una revolución estelar, que, según la fisica, es un movimiento reentrante en que el móvil  vuelve al punto de partida una vez dada la vuelta. Aquí el móvil es la Tierra, y completa la ronda al Sol más o menos en 365 días y unas cuantas horas que se agregan cada cuatro años. Se supondría que volvemos al mismo lugar, pero el Sol no está inmóvil, pues también gira en torno de la galaxia. Así que ya debemos estar a unos cuantos millones de kilómetros de donde estuvimos hace un año. Lo importante es que este fenómeno que se repite con tanta precisión permite que por lo pronto el ambiente se mantenga y cambie con admirable armonía, mientras no intervengamos los humanos.  

Desde tiempos inmemoriales los antiguos habitantes del planeta se dieron cuenta de esto, y lo apreciaban por la posición de las estrellas en el firmamento, al que le dedicaban horas de observación. A partir de ello se pudieron establecer los ciclos agrícolas primero y luego muchos otros relacionados con procesos biológicos y físicos también. Y a partir de eso se intentaron establecer ciclos sociológicos. 

Los antiguos mayas, sin embargo, no tenían un solo calendario, sino dos: la cuenta corta, el tun, y la cuenta larga, el baktun. Extraordinarios astrónomos como fueron, tuvieron claro el ciclo anual de 360 días (más cinco días especiales), con una base vigesimal. Con él regían las actividades agrícolas y religiosas. Pero ese calendario estaba entrelazado con la cuenta larga, que no era cíclico, sino lineal, que registraba “la gran historia”, sucesos importantes. La interacción de las dos cuentas terminaba en un período de más de 300 años, y eso dio pie, en el imaginario colectivo, a la profecía maya del fin del mundo. Pero es interesante la enseñanza de los sabios del mayab de que lo que nos ocurre en períodos cortos, como los años, se insertan en períodos largos, como el de nuestra propia existencia. 

Es así que, a manera de recalentado noticioso, es frecuente que se haga el recuento de los sucesos del año. Seguramente esperando recibir de esta retrospectiva sus jugosos frutos, pues como bien decía el gran Cicerón, “la historia es luz de la verdad, la vida de la memoria, maestra de la vida”. 

Y hubo de todo. No quiero limitarme a los aspectos del orden político, pero en ellos terminaré.  En el futbol el Cruz Azul y el Atlas fueron campeones, mostrando que no hay mal que dure cien años, pero si aficionado que los aguante. 

En temas sociales el Covid aunque este fue el año de la vacuna, hubiéramos querido que estuviéramos recordando su cura y fin de ciclo, y en cambio, hasta estas fechas solo parece que iremos por un tercer año aún causando estragos. Y nos sigue enseñando de la fragilidad humana, de los límites de la ciencia, de la necesidad de ver unos por otros y ser solidarios. 

Y desde luego que para Chihuahua este 2021 tiene muchísimo. Para quienes lo vivimos desde la política fue extraordinario, y extraordinariamente intenso. Hace justo 12 meses, en el interior del PAN buscábamos afanosamente llegar a un acuerdo que impidiera confrontación interna y salir unidos a competir en la elección constitucional. Hubo propuestas sumamente generosas de parte de Maru Campos para que así ocurriera, y estas recibieron a cambio desdén, soberbia e incluso vileza, desde las más altas esferas del gobierno. Con su pan se lo comieron apenas unos días más tarde, cuando Maru hacía añicos el plan corralista de la continuidad de la venganza y se alzaba con un inobjetable triunfo que la colocó en la vanguardia de la contienda constitucional por la gubernatura, posición que no perdería nunca. 

En torno de esta definición se construyeron el resto de las candidaturas, con largas sesiones de acuerdo, con inclusión, generosidad, viendo para adelante, sumando todas las fuerzas para alinearla en una previsible dura contienda. Hoy, saboreando con justicia las mieles de la victoria, no está de más recordar que en esa unidad está la esencia de la mejor campaña electoral mexicana de este desfalleciente período, que adquirió dimensiones francamente épicas, contra el poder, contra los mecanismos que se tornaron de injusticia, contra la amenaza. 

Al lado de Maru emerge toda una generación de sus contemporáneos, líderes jóvenes, profesionales de la política, que aún tienen, como ella, muchas páginas por escribir en nuestra joven historia. Marco Bonilla pasó de ser un funcionario eficiente, a mostrar en calle su potencial de conexión con el electorado, y su enorme capacidad de trabajo, además sin grilla, como es su divisa. 

En efecto un año no es solo un año, es lo que es en el contexto de nuestra vida personal y comunitaria, es lo que quisimos que fuera y lo que las circunstancias nos permitieron. Que el próximo ciclo corto sea próspero y encuentre acomodo en el ciclo largo, para todos. 

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