Quieren la torta antes del recreo

La visita de Ricardo Monreal con motivo de festejar a Cruz Pérez Cuéllar, fue para oficializar las aspiraciones del juarense

Manuel Narváez
Analista
lunes, 04 febrero 2019 | 06:00

La visita de Ricardo Monreal, senador coordinador de Morena, a la capital del estado con motivo de festejar el cumpleaños de su compañero de bancada, Cruz Pérez Cuéllar, fue para oficializar las aspiraciones del juarense.

El zacatecano exgobernador quiso matizar la cargada, su cargada, con el supuesto de que Bertha Caraveo y Juan Carlos Loera, también militantes del partido de moda, son cartas fuertes para la contienda del todavía lejano 2021.

Con la mandíbula caliente, el que también fuera jefe de la delegación Cuauhtémoc, en la CDMX, se vacunó contra cualquier insidia por campaña anticipada. Monreal aprovechó para destapar al independiente Cabada, a Maru Campos, alcaldesa de Chihuahua y al senador por segunda ocasión, Gustavo Madero.

De las “luminarias” que acudieron a la salutación por el 50 aniversario del natalicio de Pérez Cuéllar y de la asistencia ya dieron cuenta reconocidos articulistas. Solo hubo discrepancias por el número de personas durante el festejo, salvo el desbordado optimismo de algún columnista, las cifras promedian 600. Nada mal, sobre todo considerando que es una plaza que domina Acción Nacional.

¿Por qué está tan adelantada la sucesión en Chihuahua? Creo que tiene mucho que ver con el vacío de poder existente y por el sometimiento de los poderes judicial y legislativo ante el Poder Ejecutivo. Como no hay una figura importante del gobierno estatal con credibilidad y saldo positivo en su imagen, las ansias por sucederlo llenan esos vacíos.

Si está bien o están mal, son los ciudadanos chihuahuenses, muy curtidos en estas lides, los que tienen la mejor opinión. También vale la pena construir un perfil idóneo para confiar la administración de una entidad quebrada en todos los sentidos. Sería devastador para Chihuahua cometer dos errores consecutivos, luego de los fracasos recientes.

Desde ya, porque los tiempos así lo están marcando, es de vital importancia guardar distancia de las ansias que corretean a los que quieren la GRANDE; no menos aconsejable es mantener cautela frente a los faroles y destellos que caerán como tormenta eléctrica en los siguientes 29 meses.

Habrá que sacar la lupa para revisar las trayectorias personales y políticas de los que quieren. Debemos aprender a distinguir a los que están expuestos mediáticamente como resultado de posiciones electorales, puestos burocráticos y cargos partidistas, de los que cuentan con una ruta de trabajo limpia, de resultados y beneficios para la entidad y sus habitantes; propias, por supuesto, y no como resultado de adhesiones o chamba administrativa.

No es lo mismo ser un gerente que observa la distribución de recursos etiquetados, que un ciudadano con una trayectoria previa de compromisos con las causas sociales. Dista mucho un representante popular diestro en la retórica, que uno con probada eficacia en su desempeño, cuyos resultados por la autoría de su trabajo sean medibles y tangibles. 

Entre los que quieren hay políticos de carrera, funcionarios de ocasión y suertudos que tienen la amistad correcta para figurar. Sin embargo, eso va a ser insuficiente para ganar el cargo, dado las enormes decepciones y terribles legados de los 3 últimos sexenios estatales.

Se va a necesitar más que parafernalia y pirotecnia política para convencer un electorado desencantado y escéptico. Sinceramente dudo mucho que una bendición mesiánica o el Frankenstein que surja de acuerdos cupulares entre grupos de poder, vayan a revertir el negro panorama actual del gobierno estatal; mucho menos a ganar la confianza ciudadano.

Si no le precede una trayectoria ciudadana impecable, un legado de trabajo honesto y un desempeño intachable y productivo en los cargos públicos, no nos sirve siquiera para considerarlo aspirante al Gobierno del Estado. 

Nos urge un gobernador (a) comprometido (a) y congruente, sí, pero que no sea improvisado, producto mediático, demagogo, ni vengativo. Ya tuvimos más que suficiente en estos últimos quince años.