Opinión

¿Quién paga los platos rotos?

En el Plan de Desarrollo Urbano 2003 se advertía el riesgo de urbanizar esa zona por la presencia de las lagunas subsidiarias y constitución de su suelo

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 15 septiembre 2021 | 06:00

Una tarde de junio de 2006 aquellas nubes cubrían el cielo del poniente de Ciudad Juárez ¡eran tan negras y espesas! Una tromba azotó la ciudad desgajando barrancas a su paso, cortando de tajo todo lo que se atravesaba en su camino: diques, calles, casas… Al final de su caudaloso recorrido las aguas recuperaron la calma y encontraron su destino: El Barreal.

En el Plan de Desarrollo Urbano 2003 se advertía el riesgo de urbanizar esa zona por la presencia de las lagunas subsidiarias y constitución de su suelo, tan es así que en época de lluvias se forma la llamada “Laguna de Patos”. Pese a este señalamiento, que también aparece el Plan de Desarrollo Barreal y Oriente San Isidro 2002, ambos elaborados por el IMIP, y con pleno conocimiento del riesgo, en estos mismos instrumentos se incluyeron especificaciones sobre obras hidráulicas a realizar “en caso de considerar” su desarrollo. De alguna manera, la inclusión de esta medida en los instrumentos legales de planeación más que inhibir la urbanización, implícitamente dio la pauta para hacerlo poniendo en riesgo no solo la integridad física de quienes habrían de vivir sobre una zona reconocida como inundable, sino también su patrimonio.

A partir de ese mismo año, 2003, inició la autorización de fraccionamientos ubicados en El Barreal, la mayoría de interés social: Villas del Sur, Palmas del Sol, Paseo del Sol, Las Almeras, La Alborada, Praderas del Sol y Los Arcos, bajo la condición sustentada en una serie de convenios de nula validez jurídica en el cual los desarrolladores privados: Condak, Homex, ICA y Fincamex, entre otros, se comprometieron a realizar aportaciones al Gobierno municipal para la ejecución de la infraestructura hidráulica que resultaron parciales y muy por debajo de lo requerido, dando lugar a obras que no tuvieron el alcance, calidad, ni capacidad adecuada.

Como resultado en 2006 la tromba ocasionó que el nivel del agua alcanzara hasta un metro al interior de las viviendas: los daños estructurales, la pérdida del mobiliario y enseres domésticos solo fue el inicio del viacrucis que padecerían quienes veían con impotencia que el sueño de formar su patrimonio se desdibujaba; luego vendrían las enfermedades causadas por el agua de lluvia estancada ahora mezclada con deshechos sanitarios y olores fétidos.

“Mi casa está toda inundada, se me echó a perder todo, las cosas andan flotando, los niños lloran de hambre…”, “nos sentimos defraudados”, “nos sentimos olvidados… pero no queremos que nos arreglen las casas, lo que queremos es irnos de aquí”. Así manifestaban su impotencia y decepción por haber adquirido su casa en una zona cuyas condiciones eran conocidas con antelación. 

El director de Obras Públicas refirió que “el desbordamiento de los diques mal construidos había tenido un efecto dominó”, pero omitió hablar de la responsabilidad de los empresarios y un expresidente municipal, propietario de los predios; el director de Desarrollo Urbano que con prepotencia alguna vez dijo que el Plan de Desarrollo Urbano le quedaba chico a Ciudad Juárez y que habría que pasarlo por alto por inoperante, se dijo inocente sobre el problema de inundación gestado con su anuencia. La sociedad civil señaló como criminales a los miembros del Cabildo que autorizaron tal aberración: se toleró a los empresarios que después de obtener sus jugosas ganancias huyeron ante la desgracia.

Dos años después, 2008, las fuertes lluvias recordaron con mayor fuerza que la naturaleza no olvida: “Tenemos cinco años batallando con esto, pero este año ha sido el más grave”.

Se lavaron las manos, nadie los escuchó: ni las autoridades, ni el propio Infonavit, y menos aún los empresarios. 

Se calcularon daños por 362.7 millones de pesos solo para “reponer” la infraestructura pluvial. ¿Y las calles? ¿Y el patrimonio? ¿Y la zozobra el peligro latente? Finalmente, quienes pagan los efectos de las firmas de poder no son quienes las dibujaron. Quienes los pagan son en primera instancia las víctimas de ese crimen, pero también la pagamos todos y cada uno de los juarenses porque es con nuestros recursos que se remedian las atrocidades que hicieron quienes se llenaron las bolsas. Este es un llamado que apela a la responsabilidad de quienes asumieron hace unos días los diferentes cargos que se involucran en el desarrollo urbano, para que aprendiendo del pasado, no institucionalicen el riesgo, porque finalmente, como lo ha sido hasta hoy, los trastes rotos los han pagado quienes menos tienen.

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