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Opinión

Quien escribe: lee

Corresponde, a quienes participan en este medio de comunicación, exponer las incongruencias de las criticas internas hechas al sistema político, jurídico, económico

Jorge Breceda
Analista

sábado, 30 abril 2022 | 06:00

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Para Usted apreciable apasionado 

de la lectura de opinión

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No tengo duda de la existencia de una fórmula que involucraría la premisa “quien escribe: lee”, es decir, quienes participan en este espacio de participación pública tienen la obligación de no solo estar atentos al acontecer local, regional, estatal y nacional, sino de tener un punto de vista que provoque la reflexión. 

Una participación publicada en este medio de comunicación se denominó “cuando todos piensan igual, nadie está pensando”, la frase evoca la obligación del comunicador de disrumpir en lo común con el objetivo de repensar el mundo, de no hacer lo antes mencionado, solo se atenderá a dos situaciones: populismo discursivo o manipulación conceptual. 

El primero propone suscribir el tema de moda, bajo la cosmovisión de la mayoría, lo que no es tan complejo en un país tan polarizado como en el que nos encontramos. En este sentido, el (la) autor (a) de la opinión puede optar por validar el actuar del Gobierno federal o escribir una feroz critica, sin duda, ambas situaciones se reducirán a decir lo que se dice bajo el mismo enfoque. 

El segundo nace del reclamo realizado por Chomzky, que consistiría -parafraseándolo- en “no se casen con los conceptos”, es decir, las personas tienen la obligación de analizar y discutir cada uno de los conceptos que se encuentre en la plaza pública, lo anterior, bajo la siguiente pregunta ¿el concepto tiene relación con la realidad? 

En otras palabras, aquellas teorías que funcionaban para entender el mundo fueron destruidas -modernidad- para que pudiera nacer ideas que construyen teorías limitadas sobre el mundo y sus fenómenos -postmodernidad-. 

Quien no haga lo anterior, lo único que edifica o repite es la manipulación conceptual, es decir, dar por ciertos los conceptos que se encuentran desde hace tiempo en la interacción social. 

Por otra parte, comprender la obligación de promover el pensamiento crítico es indispensable para quien expone sus ideas en medios tan importantes como éste. 

¿Qué implicación tiene el pensamiento crítico en los que participamos en plataformas como ésta?

Quien escribe en este presupuesto metodológico no solo acepta, sino reivindica como suyo un discurso acéntrico, contradictorio y plural, falto de compromiso ante cualquier finalidad que no sea la de abrirle paso a lo diferente. Dicha conducta de pensamiento heterogénea permite la disrupción como condicionante. 

Por ello, corresponde, a quienes participan en este medio de comunicación, exponer las incongruencias de las criticas internas hechas al sistema político, jurídico, económico, en términos generales, expondrá críticamente la plataforma filosófica en la que se sustenta el actuar social. 

Entiéndase lo anterior, como la obligación de colocar en la palestra pública -opinión en El Diario de Juárez- toda temática, reitero: toda, no existe ninguna imposibilidad conceptual, metodológica o epistemológica que limite. ¿Es posible criticar los axiomas adoptados socialmente durante años? ¿es posible debatir los paradigmas que edifican a la sociedad actual? La respuesta es sí. 

Como podrá observar, existe un péndulo dialógico entre quien suscribe las opiniones y quien las lee. Para usted, para quien lee, le corresponde hacer un examen de lo que provoca la opinión leída, es decir, colocarse a usted como un objeto de estudio golpeado por una idea o concepto disruptivo, es decir, ¿qué le provoca comprender otra cosmovisión? ¿desde que argumento defendería o atacaría lo leído? ¿la idea o concepto expuesto lo convence? 

Para que suceda lo anterior, es obligación del lector eludir aquellas plumas que persiguen influir en la ciudadanía por intereses evidentes, evitar a toda costa textos populistas que suscriben lo que gritan las mayorías y denunciar aquellas opiniones que no permiten realizar una reflexión profunda. 

Por ello, celebro al lector que se permite ser retado por pensamientos heterogéneos y no aquellos lectores que se esconden detrás del papel periódico para hacer escarnio de los planteamientos signados, sin comprender por qué razón fueron provocados por esos argumentos. 

Por último, elevo un exhorto para que en lugar de leer opiniones que describen “cómo se seca un río” o le seduzcan como “el canto de las sirenas”, le ofrezcan una dimensión retorica disruptiva que provoque en usted, no solo pensar desde la filosofía radical o pensamiento crítico, sino en crear o hacer filosofía.

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