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Opinión

Pusilanimidad priista

Los priistas asisten al derrumbe de su partido y, sin embargo, la mayoría permanece apática y resignada, acobardada

Francisco Martín Moreno
Analista

miércoles, 14 septiembre 2022 | 06:00

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Ciudad de México.- Los priistas asisten al derrumbe de su partido y, sin embargo, la mayoría permanece apática y resignada, acobardada, víctima de un miedo ancestral al castigo que se pierde en las noches brumosas de la historia del mexicano.

¿Por qué no reaccionan y convocan de inmediato a una asamblea general extraordinaria para modificar los estatutos de su instituto con el objetivo de destituir sin tardanza a Alejandro Moreno, presidente nacional del PRI? Son del dominio público las acusaciones de diversa naturaleza criminal que pesan sobre su figura sin que éste dimita para dejar a salvo su honor -un terminajo en desuso- como un líder político de quien depende, en buena parte, ya no solo destino de su partido, sino en el presente caso, el de nuestro país, si se fracturara la alianza opositora que había empezado a operar con excelentes resultados en las elecciones intermedias del 2021.

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¿Acaso una inmensa mayoría de priistas se estarán preparando para saltar a Morena ante el posible naufragio de su partido? Si Alejandro Moreno hubiera colocado candados jurídicos para impedir su remoción, entonces, ¿por qué no abandonarlo a su suerte y convertirse en legisladores independientes dotados de valor civil y adherirse a ¡Va por México!, hasta que se aclaren o no las acusaciones en contra de su líder político?

¿Cómo entender su aletargamiento ante el desastre que viene? Su parálisis política avala las delaciones y su silenciosa inacción se entiende como apoyo incondicional a un presunto cabecilla que los conduce dócilmente al abismo. ¿Eso es…? ¿La mayoría de los legisladores priistas apoyan a Moreno porque temen, como ocurrió con varios gobernadores, que sus fechorías puedan ser delatadas y de ahí su adhesión a una causa inconfesable? ¿No…? Entonces, ¿por qué su adhesión al suicidio colectivo?

Las viejas reglas políticas se imponen ahora con más eficiencia ante la presencia de otro chantajista profesional que explota los secretos de los presupuestívoros rendidos ante el extorsionador con tal evitar las persecuciones de la UIF o del SAT o de ambos.

Morena ya cuenta con 21 gobernadores y no por los éxitos políticos y sociales de Morena, ¡qué va!, sino porque el chantajista ejecutó su tarea a la perfección y logró que el ejecutivo estatal extorsionado, entregara el poder a la oposición con tal de no ser perseguido penalmente. Los pactos de impunidad se repiten a diario entre los amantes de la coprofagia política.

Alejandro Moreno, amenazado con la posibilidad de ser desaforado si rechazaba junto con su partido la iniciativa presidencial que establecía la militarización de la Guardia Nacional, también se rindió ante los chantajistas abortando, tan solo en un principio, espero, la promisoria coalición política “Va por México.” ¿Quién es tan iluso como para aceptar que la incorporación de la Guardia Nacional a las fuerzas armadas implicará el exterminio del crimen organizado? Entonces, el desgaste político del presidente por traicionar su propio discurso electoral y violar la Constitución debe tener un objetivo ulterior encubierto que habría que desentrañar, ¿no…? ¿De qué se trata en el fondo…?

La explosión en el cuarto de máquinas de la alianza política integrada por el PRI-PRD-PAN que habría celebrado con estruendosas carcajadas el ciudadano presidente de la República, puede facilitar el hundimiento de la embrionaria democracia mexicana que con tanto ahínco armaron diversas generaciones de mexicanos progresistas. Luchemos desde cualquier trinchera para preservar la unidad en la oposición sin darle cabida a ningún interés personal. 

Es el momento de comprobar de qué están hechos los priistas… La militarización del país no solo constituye una amenaza ominosa en contra del propio PRI, sino que la destrucción de la alianza opositora en aras de evitar el desafuero del presunto cabecilla dinamitaría las estructuras democráticas de la patria. Peña Nieto con tal de evitar el desprestigio y tal vez hasta la cárcel, le entregó a AMLO las llaves de Palacio Nacional, de la misma forma que ahora Alejandro Moreno le entrega a AMLO la hoz y el martillo para que éste haga de México lo que le venga en gana con tal de no ver lastimada su imagen ni restringidas sus libertades…

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