Proyecto bajo fuego

No recuerdo proyecto de gobierno, obra o medida que haya generado más polémica y ataques de diversos sectores políticos...

Francisco Ortiz Bello
Analista
domingo, 12 mayo 2019 | 06:00

No recuerdo proyecto de gobierno, obra o medida que haya generado más polémica y ataques de diversos sectores políticos y sociales, como el Plan Juárez Iluminado, un proyecto generado y planeado desde hace más de dos años por la actual administración municipal, que ha encontrado una muy férrea oposición en grupos muy focalizados y con intereses contrarios bastante bien definidos.

Primero que nada, debo empezar por señalar que el alumbrado público de nuestra ciudad es uno de los tantos rezagos importantes que padecemos, entre varios más. Con un sistema de iluminación precario, ineficiente y muy caro, que no proporciona la iluminación requerida a los habitantes de esta frontera, ni en cantidad ni en calidad y por eso, el mismo Plan Estratégico de Juárez reconoce, en sus indicadores de calidad de vida, que es uno de los principales reclamos de los juarenses, en su informe 2018 el alumbrado público aparece en tercer lugar de las principales demandas de los juarenses. Lo que coincide plenamente con los datos del índice de reportes de atención ciudadana del municipio, el alumbrado público ocupa el primer lugar en llamadas para reportar lámparas apagadas, o que prenden de día y no de noche, con más de 5 mil llamadas o reportes directos.

Con información del censo de luminarias georreferenciado de CFE (2018),  sabemos que de  un total de 108 mil 637 luminarias, se encuentran apagadas aproximadamente un 25 por ciento, es decir, 27 mil 160 lámparas que de plano no funcionan por muy diversas razones. Darle mantenimiento a ese sistema de iluminación (vapor de sodio y de aditivos metálicos en su mayoría), además de muy costoso, resulta totalmente inoperante ya que presenta problemas asociados, tales como el color de iluminación que provee, amarillo dorado, este color de luz reduce la calidad de visibilidad debido a la temperatura de color (2,300 K), lo cual conduce a una pobre reproducción cromática de este tipo de iluminación. Es por eso que se justifica técnicamente el cambio de la totalidad de las luminarias de la ciudad, en el documento presentado al Cabildo el pasado martes.

En cuanto a la justificación financiera del proyecto, el documento entregado al Cabildo y votado por mayoría a favor, se indica que en la “Ley de Disciplina Financiera de las Entidades Federativas y los Municipios, establece en el Artículo 2, entre otras, las siguientes definiciones que se verán más adelante dentro del presente documento de Viabilidad Jurídica: Fracción I. Asociaciones Público-Privadas: las previstas en la Ley de Asociaciones Público Privadas o en las leyes de las entidades federativas, incluyendo los proyectos de prestación de servicios o cualquier esquema similar de carácter local, independientemente de la denominación que se utilice; Fracción VII. Deuda Pública: cualquier Financiamiento contratado por los Entes Públicos”, con lo cual se deja en claro que dicho proyecto legal y financieramente no es deuda pública para el municipio.

En lenguaje llano y simple, no es deuda pública porque el proyecto se paga con los montos destinados al pago de alumbrado público a la CFE, mismos que de cualquier modo se tienen que cubrir, con o sin proyecto, con o sin DAP, ese pago es una obligación inevitable para el municipio, hoy, mañana, dentro de un año o dentro de 50 igual se tiene que pagar. Una obligación cierta, aunque sea a futuro, no se puede considerar como deuda.

Con estos argumentos –sobre la demanda ciudadana de mejor alumbrado y sobre la definición financiera del proyecto– se echan por tierra dos de las principales críticas o señalamientos al “Juárez Iluminado”, argumentaciones por cierto bien cimentadas en información real, o en fuentes legales.

Otro de los señalamientos que enfrenta el proyecto es que utiliza el DAP como principal fuente de pago, y sus detractores argumentan que el cobro de ese derecho es inconstitucional como se ha demostrado a través de diversos amparos obtenidos por particulares, principalmente empresas, razón por la que han obtenido su devolución. Lo cierto, y que se puede medir muy bien a través de una gráfica del comportamiento de ambos indicadores, es que en los últimos cinco años el DAP ha incrementado su recaudación, mientras que la devolución por amparos ha venido a la baja en el mismo tiempo.

En 2014 se recaudaron 183.6 millones de pesos por el DAP, en 2015 fueron 251.9, en 2016 la cifra llegó a 261.5, en 2017 fue de 226.1 y en 2018 llegó a los 264.2 millones de pesos. Una tendencia claramente ascendente. Mientras que la devolución de pagos por amparos tuvo un comportamiento a la inversa. En 2014 se hicieron devoluciones por 33.3 millones de pesos, en 2015 la cifra bajó a 14 millones, en 2016 volvió a bajar a 11.9 mdp, en 2017 fue de 11.6 y en 2018 registró otra baja a 9.6 millones de pesos. Los números no mienten, son claros y contundentes. Estas cifras son parte de un estudio realizado por el Plan Estratégico de Juárez A.C., con base en información oficial obtenida a  través de solicitudes de transparencia.

Pero aun a pesar de la anterior información, y suponiendo que algún día el DAP desapareciera totalmente, la administración municipal tendría de cualquier forma que hacer frente su obligación de pago a la CFE por el alumbrado público, eso no tiene alternativa alguna, es una obligación que se debe cubrir con DAP o sin DAP, con Juárez Iluminado o sin él. Por lo tanto, no hay posibilidad alguna de que ese recurso no exista.

En cuanto al DAP hay un par de argumentaciones más que pretenden sembrar la duda. Los opositores al proyecto señalan que se contempla un incremento mensual del 5 por ciento, lo cual es incorrecto, porque no está planteado de esa manera dentro del dictamen respectivo, aprobado en el Cabildo. Lo que se incluye es una indexación del valor (actualización por inflación anual) que debe contener cualquier proyecto financiero a varios años, para mantener cifras y valores actualizados. No es un incremento como tal.

También aseguran los detractores de “Juárez Iluminado” que, en la corrida financiera del proyecto, se calcula un ingreso por el DAP igual al que se obtiene hoy y que, al considerar el proyecto un importante ahorro en el consumo de energía eléctrica, la recaudación por este derecho disminuirá también al consumir menos energía, apreciación que también resulta incorrecta porque, desde 2014, la forma de calcular y cobrar el DAP cambió dejando de aplicarse un porcentaje sobre el consumo y estableciendo una cuota fija para el mismo.

Quizá la crítica más fuerte que ha recibido el multimencionado proyecto tenga con ver con el costo total. Quienes se oponen afirman que costará 5 mil 900 millones de pesos al final de los 16 años que durará el contrato. También eso es falso. Se manipula tendenciosamente la información a partir de medias verdades o planteamientos inexactos. 

En alguna de las gráficas que incluye el proyecto presentado a los regidores, sí aparece esa cifra, pero se trata de una proyección del total de la recaudación del DAP, con todo y proyecto, es decir, no es el costo real del “Juárez Iluminado” cuyo costo de contado asciende a los 800 millones de pesos y al final del contrato se terminarían pagando 2 mil 800 millones de pesos, derivado del mecanismo de financiamiento a través de un proveedor externo.

Como podemos apreciar de todo lo anterior, hay mucho mitos en torno al “Juárez Iluminado”. Mitos auspiciados o ampliamente difundidos por quienes no desean que el proyecto se realice. Y contra los mitos no más que la información real, verdadera, confirmada, cierta ¿Por qué se oponen? Básicamente por dos razones. Una político-electoral y la otra por intereses muy particulares. Pero no por el bien de la ciudad. 

En la primera de ellas, si el proyecto se realiza, cuando miles de juarenses de las colonias más apartadas y marginadas de la ciudad tengan luz en su calle, una buena iluminación, sin duda que eso constituiría un gran resultado para el presidente municipal Armando Cabada, lo que abonaría en una mejor imagen y aprobación ciudadana. Y eso es lo que algunos no quieren, porque se fortalecería en muy buena medida, y con mayores posibilidades, una eventual candidatura al gobierno estatal. No es casual que otros municipios, incluida la capital, analizan o promueven ya proyectos muy similares al de Juárez.

La principal apuesta de los opositores al proyecto de alumbrado público no es otra que apostarle al fracaso del gobernante en turno, para descarrilar eventuales proyectos políticos futuros, olvidándose por completo de las necesidades y demandas de los juarenses, de los más afectados. Y como siempre, como ha sido por décadas, con su oposición condenan a la ciudad al rezago, a la anti modernidad, con tal de satisfacer intereses que nada tienen que ver con el bien común. Mezquindad total en contra de los juarenses.


[email protected]