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Opinión

Protestar no sirve de nada

El domingo pasado se movilizaron cientos de personas en diferentes zonas de la República Mexicana incluida Ciudad Juárez, para alzar la voz en contra de la reforma electoral

René Javier Soto López
Académico

martes, 15 noviembre 2022 | 06:00

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El domingo pasado se movilizaron cientos de personas en diferentes zonas de la República Mexicana incluida Ciudad Juárez, para alzar la voz en contra de la reforma electoral, bajo el coro de “El INE no se toca” se sonorizaron aquellas marchas que defienden y protegen ha dicho organismo.  

El ejercitar nuestra libertad de expresión es un derecho que se consagra en nuestra Constitución; miles han sido las marchas, protestas y movilizaciones que a lo largo de la historia de nuestro país que se han realizado con un abanico amplio de fines. Sin embargo, ¿de qué sirve protestar? 

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El ser humano se ha posicionado como un ser racional desde su naturaleza, y es este mismo “atributo” el que le ha permitido avanzar dentro de la carrera evolutiva de las especies. Su facilidad para problematizar y resolver situaciones simples y complejas lo posiciona no solo como la especie dominante en el planeta, sino, también, como la única capaz de trabajar en masas de manera flexible. 

El profesor israelí Yuval Noah Harari, en su libro “Homo Deus” describe la importancia y el impacto que ha tenido para el “sapiens” el poderse comunicar y trabajar en conjunto. La capacidad del ser humano de transmitir información sobre el mundo ha sido clave para su supervivencia e hilvanar con ello redes de cooperación capaces de transformar realidades. 

Sin embargo, el transmitir información no es la única característica fascinante en los seres humanos, también, su capacidad de imaginar y hablar de cosas que no existen. Los seres humanos podemos hablar y discutir por horas enteras de organismos y entidades ficticias, simples creaciones de la imaginación de los seres humanos y lo mejor de todo es que podemos hacerlo de manera colectiva. ¡Jamás!, lograríamos convencer a un grupo de patos en el Parque Central de nuestra ciudad para trabajar colectivamente en una marcha por proteger sus espacios y estanques bajo la promesa o el deseo de darles un mejor futuro a sus patitos. 

Pero el ser humano es diferente, y son estas diferencias las que permiten retomar nuestra interrogante inicial, ¿de qué sirve protestar? La realidad es que no sirve para nada, no tiene un resultado práctico y mucho menos inmediato, o por lo menos así lo describen los escépticos a los movimientos. 

La protesta es un instrumento de manifestación de las ideas que permite visibilizar y dar identidad colectiva a sus integrantes, le brindan a la sociedad un objetivo claro y certero de lo que se busca establecer y los límites que debe tener una visión, una idea, o un camino político. 

Los ciudadanos buscamos ese sentido de pertenencia, y los movimientos se alimentan de esa necesidad, luchar por los derechos, pugnar por un trato justo e igualitario, en fin, luchar por algo o por nada, es parte de la naturaleza humana. No creo que las protestas solucionen nada, pero sí creo que es a través de ellas que la sociedad se da cuenta de lo que muchas veces deja a un lado por la monotonía de la vida. Es un recordatorio de que no estamos solos y que somos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos. 

Es así que la reflexión no busca atacar ninguna marcha, movimiento o protesta, más bien ser abiertos a conocer qué está sucediendo a nuestro alrededor y ser capaces de disipar la opacidad de la ignorancia y la desinformación generalizada. 

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