Opinión

Prohibir tampones

Legislar con la ideología, en vez de con la inteligencia, genera consecuencias negativas importantes sin alcanzar los objetivos que se pretenden

Sergio Sarmiento
Periodista

lunes, 15 febrero 2021 | 06:00

Ensenada— Legislar con la ideología, en vez de con la inteligencia, genera consecuencias negativas importantes sin alcanzar los objetivos que se pretenden. Esto ha ocurrido en la Ciudad de México con la prohibición de los plásticos de un solo uso. Una de las consecuencias ha sido la desaparición de los tampones del mercado formal. 

    En 2020 la Ciudad de México comenzó su campaña prohibicionista al vedar la entrega de bolsas de plástico en comercios. En este 2021, y a pesar de la pandemia de covid, para la que el plástico es un aliado sanitario, el gobierno de Claudia Sheinbaum prohibió “la comercialización, distribución y entrega de productos de plástico de un solo uso”. Esto afecta a los enfermos y personas de edad avanzada que necesitan popotes (o pajitas) para consumir bebidas, pero también a las mujeres que emplean tampones, los cuales han sido prohibidos porque utilizan aplicadores de plástico. 

    No hay ninguna indicación de que estas prohibiciones hayan disminuido el volumen de plásticos que se vierte en los océanos, que era el pretendido objetivo. Las autoridades capitalinas ni siquiera hacen un esfuerzo por medir ese flujo de plástico al mar. Tampoco hubo algún esfuerzo por buscar medidas más eficientes para disponer de los plásticos. Una de las primeras medidas del gobierno de Sheinbaum fue cancelar una “planta de termovalorización”, una incineradora de basura que generaría electricidad. 

    Sabemos desde siempre que muchas de las proscripciones resultan contraproducentes. La de bolsas de plástico, incluso biodegradables, ha llevado a la utilización en supermercados de bolsas de tela o tela ahulada, que tendrían que emplearse cientos o miles de veces para ser menos contaminantes que las de plástico. La prohibición de los tampones obliga al uso de toallas sanitarias, que son tan o más contaminantes. 

    Las prohibiciones generan siempre mercados negros. Ya lo estamos viendo en el caso de los tampones. Las tiendas formales no pueden tenerlos en sus estantes, pero muchos comerciantes los ofrecen ya por debajo del agua. Como la prohibición no se ha extendido a todo el mundo, o siquiera a todo el país, es relativamente fácil adquirir los tampones fuera de los comercios formales de la Ciudad de México. Hasta este pasado fin de semana, podían comprarse en plataformas de internet. De la misma manera, si bien los supermercados formales ya no entregan bolsas de plástico gratuitas, por lo que hay que pagar un monto adicional para comprar las de tela, más contaminantes, en los tianguis y mercados informales si se proporcionan. La prohibición se vuelve más absurda si consideramos que muchos productos de todo tipo vienen en empaques más contaminantes que los productos que se han prohibido. 

    Los políticos, que viven en un mundo irreal, se niegan a entender los problemas de la gente común y corriente. Mariana Robles, secretaria del medio ambiente de la Ciudad de México, ha declarado que los tampones “no son realmente indispensables”. Y supongo que no lo son para ella, pero sí para las mujeres que los emplean. 

Es interesante que muchos productos de plástico de un solo uso no han sido prohibidos. Los condones son un ejemplo notable. A pesar de que son de plástico y se usan una sola vez (espero), no han sido incluidos en las listas negras del prohibicionista gobierno capitalino. por lo menos no hasta ahora. 

Osito Bimbo

Otra de las prohibiciones del régimen que promueve la frase “Prohibido prohibir” ha sido la del Osito Bimbo y otros personajes simpáticos, como el Tigre Toño, que ilustraban los envases de alimentos. El Osito Bimbo, sin embargo, ha recibido un gran respaldo popular en redes sociales después de que apareció en la envoltura de servilletas Pétalo. El pueblo bueno se resiste a las prohibiciones.