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Opinión

Profesionales de la Salud, entre servir y vivir

El pasado 11 de julio en la comunidad de San Juanito, Municipio de Bocoyna, en el Estado de Chihuahua, se registró el asesinato de una mujer por proyectil de arma de fuego

René Javier Soto López
Académico

martes, 26 julio 2022 | 06:00

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El pasado 11 de julio en la comunidad de San Juanito, Municipio de Bocoyna, en el Estado de Chihuahua, se registró el asesinato de una mujer por proyectil de arma de fuego, parecería un caso más de los muchos que lamentablemente ocurren en nuestro Estado (muchos de ellos aún sin resolver y de los cuales se exige hoy también, justicia) de no ser porque la persona fallecida pertenecía a uno de los gremios más afectados por la violencia en nuestro país, el médico.  

El 15 de julio, otro hecho lamentable se registró en el Estado de Durango, en donde perdió la vida Érick Andrade, un joven de 24 años quien fue asesinado mientras se encontraba realizando su pasantía en un Hospital en el municipio de Pueblo Nuevo, Durango.  

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Estos son solo dos hechos recientes que se suman a las filas de los casos de violencia en contra de profesionales de la salud que se han visto en la necesidad de arriesgar sus vidas intentando ejercer una profesión que paradójicamente involucra salvarlas.  

Aunque la situación no es nueva en nuestro país, y tampoco son a los únicos a los que la violencia le genera afectaciones en su ejercicio profesional, colectivos de diversas partes de la República se han reunido a exigir nuevamente a las autoridades, mayor seguridad, cambios de plazas, y mejores condiciones laborales para los miles de estudiantes y profesionales de la salud que con afán de servir acuden a localidades lejos de sus familias para brindar un servicio humano y de gran prioridad como lo es el de la salud.  

Sin embargo, y como se ha hecho habitual en nuestra sociedad, las redes sociales y de comunicación masiva han permitido que quienes tienen “algo que decir” lo puedan hacer sin el menor de los filtros, y siempre cobijados bajo el anonimato o detrás de redes de fibra óptica, pantallas y teclados. Tal es el caso de las personas que repudian estos actos de protesta plasmando comentarios como: “A los maestros también los mandan, siempre es así y ellos no se quejan”; “Ninguna plaza está libre de violencia”; “les falta vocación”.  

La ignorancia, la falta de empatía y la normalización de la violencia son solo algunos de los problemas que seguimos padeciendo en una sociedad que ha caído ya, en un vacío profundo, donde no se da solución a los principales problemas que afectan la seguridad y tranquilidad del pueblo mexicano, es repudiable todo acto de violencia, sin embargo, la autoridad quien es la única responsable de brindar y garantizar zonas de paz no responda adecuadamente ante una realidad que no solo arrebata la vida de profesionistas, sino, que deja sin apoyo a familias completas que requieren atención médica dejándolos a su suerte.  

El servir y brindar una atención a la comunidad no debería de ser una actividad de riesgo, ¿por qué tendría que serlo? como siempre insisto en no dejar que la violencia se normalice en nuestra sociedad, exijamos soluciones claras y acciones colectivas.  

Mi apoyo a todas y todos los profesionistas en Juárez y en otras partes de la República que hoy protestan ante las autoridades de Salud de todos los niveles, háganles saber que mientras ustedes les brindan los brazos a todos sus pacientes, ustedes solo han recibido balazos, ¡Basta ya!

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