Opinión

Primero y por nuestro bien, la seguridad

La inseguridad: el trago avinagrado que los juarenses aguantan todos los días. Nadie se escapa, todos estamos en riesgo

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 17 noviembre 2021 | 06:00

La inseguridad: el trago avinagrado que los juarenses aguantan todos los días. Nadie se escapa, todos estamos en riesgo. Se han diluido de nuestra memoria todos los hábitos que asumimos desde que el miedo nos hizo sus presas: ya son parte de nuestra vida cotidiana. El temor y la desconfianza para con el “otro” son los valores -si es que lo son- que inculcamos a los niños para sobrevivir.

La violencia y abuso a causa del género, edad, orientación sexual o pertenencia a grupos de origen indígena suceden a diario: las mujeres dan cuenta de ello y el sinsabor es mayúsculo cuando los niños son violentados, muchas veces en su propia casa y no pocas veces por sus propios padres. El daño hecho a la sociedad parece estar consumado a grado tal que si hoy hiciéramos un alto deberán pasar muchos años, generaciones, para resarcirlo.

Por ello la inseguridad se levanta como el principal problema a resolver por todas las vías posibles. La principal: la educación, y por trillado que parezca, antes que ésta, el cuidado y respeto a la vida y a la familia. Difícilmente alguien puede dar lo que no tiene.

No se deben escatimar los medios para abatir los niveles de inseguridad: mientras que por otras vías necesariamente se debe trabajar para elevar el desarrollo humano de las personas, en el ámbito de la planeación y administración urbana, como del ordenamiento territorial, también hay acciones encaminadas a aminorar los índices de delincuencia que de ponerse en práctica de manera sostenida, traerán consigo una mejora en la vida de los ciudadanos. 

Si pudiéramos enlistar algunas medidas a realizar por parte del gobierno municipal, apuntaríamos primero la ubicación estratégica de centros de proximidad policiaca garantizando cobertura territorial y tiempos de respuesta oportunos en la totalidad del municipio y, en particular, en los barrios de mayor incidencia delictiva incluyendo, por supuesto, al Valle de Juárez.

Importante es también facilitar que las personas caminen por las calles, que realicen sus actividades cotidianas sin tener por su integridad física: consolidar centralidades, es decir, concentrar los lugares en donde se realizan las actividades día tras día. Tener calles iluminadas, evitar rincones oscuros, baldíos, muros ciegos, es una tarea impostergable.

Por ello y en atención del mayor problema que nos aqueja de acuerdo a la opinión de los juarenses, en el Plan Municipal de Desarrollo Urbano Sostenible, se estableció como primer objetivo “Determinar criterios y directrices de orden territorial dirigidos a disminuir los niveles de inseguridad que imperan en el territorio municipal de acuerdo con las causas específicas para cada nivel: barrial, ciudad y municipio, atendiendo a grupos vulnerables susceptibles de padecer violencia y abuso a causa de su género, edad, orientación sexual o pertenencia a grupos de origen indígena”.

Como primera meta, para 2005 se estableció disminuir el índice de delincuencia 30 por ciento en promedio respecto a los indicadores del 2020, y la segunda: reducirlo 60 ciento en promedio respecto a los correspondientes al 2025. No es tarea fácil, por ello, las palabras “disminuir” y “reducir”, así como los porcentajes dados, no indican erradicación, pero sí caminar por una vía de mejora. 

Pero, como el camino al averno está lleno de buenos deseos y la cultura de la evaluación está lejos de ser parte de nuestras conciencias, se establecieron indicadores para monitorear al menos una vez al año qué tal nos ha ido en cuanto a resultados. En primer lugar y con instrumentos certificados se debe constatar que, en efecto, se encuentren en operación los suficientes centros de proximidad localizados de manera estratégica tanto en cobertura territorial y con personal ética y profesionalmente apto. También es necesario monitorear los tiempos de respuesta a emergencias hasta lograr la inmediatez. Se contabilizarán los delitos contra la propiedad y hechos violentos contra mujeres y niños por cada 100 mil habitantes verificando que siempre vayan a la baja. Muy importante es también llevar un registro del porcentaje de atención a los grupos vulnerables atendidos y que el diseño de los espacios públicos sea abierto, accesible e incluyente para todos ellos.  

Estos son solo algunos de los primeros pasos que se deben implementar desde el ámbito del ordenamiento territorial que, sin falta, deben monitorease año tras año para que dentro de cinco años podamos medir los resultados. Que nadie se olvide: el Plan Municipal de Desarrollo Urbano Sostenible ya está vigente. 

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