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Opinión

Presupuesto participativo

En el mundo hay dos modelos funcionales de democracia. Uno es el de la representación y otro el de la participación

Arturo García Portillo
Analista

viernes, 13 enero 2023 | 06:00

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En el mundo hay dos modelos funcionales de democracia. Uno es el de la representación y otro el de la participación. A veces se llaman modelo indirecto e indirecto, cada uno tiene sus cualidades y si queremos, sus debilidades. Y hay de ellos ejemplos concretos por todos lados. Aquí mismo en el estado de Chihuahua, como veremos adelante.

El método de representación o indirecto, tiene un ejemplo típico y acabado en los sistemas parlamentarios, particularmente europeos. La base teórica dice que un grupo demasiado grande tiene problemas para tomar decisiones sensatas, por falta de información; información no homogénea; dispersión de alternativas; necesidad de articular y armonizar intereses.  La solución, para quienes lo promueven, es que esas debilidades se corrigen seleccionando representantes de grandes segmentos a los que se faculta tomar decisiones en nombre de esos grupos de individuos, son personas informadas, que tienen el mismo modo de pensar que sus electores. Esos son los sistemas políticos de Reino Unido, España, Alemania, y varios más. Ahí no eligen presidente por voto directo, como hacemos acá. Eligen representantes, parlamentarios, que, como una imagen a escala de sus sociedades, o al menos de sus sociedades en esos momentos, seleccionan a un jefe de gobierno, de ahí el nombre de método indirecto. Lo cierto es que, aunque luego tienen mucha movilidad, como en Italia, funcionan bastante bien, y en muchos aspectos pienso que son envidiables. 

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En casi toda América, el modelo es el de la democracia directa. El ciudadano elige, sin intermediarios, a sus gobernantes, por antonomasia el presidente de la república. Además, conforme avanza la educación, la tecnología, los mecanismos de información, hay una corriente que impulsa profundizar los mecanismos del modelo directo hacia uno más acabado llamado participativo, para llegar, en un extremo ideal a que el ciudadano sea el que tome las decisiones fundamentales sin pasar siquiera por los gobernantes, aunque también hayan sido electos por ellos. 

Este tipo de democracia participativa se ha desdoblado en múltiples mecanismos, antes desconocidos en el universo mexicano, pero que se han ido abriendo paso en la realidad local. En el estado de Chihuahua, las legislaturas pasadas dieron vida y concreción a algunos de esos mecanismos, y con el propio empuje de la sociedad, organizada, desorganizada, pero opinante por medio de las poderosas redes sociales, ya han nacido y han ido madurando, de la mano de la relativamente nueva ley de participación ciudadana. 

En los Congresos se ha multiplicado el mecanismo llamado “parlamento abierto”. Se han multiplicado los consejos ciudadanos para observar e influir en muchas dimensiones de los gobiernos, como los consejos de transparencia, anticorrupción, planeación del desarrollo, discapacidad, grupos vulnerables, y muchos más. También hay mecanismos de consulta ciudadana. Luego esto se tergiversa y se usa con sesgo partidario y no para construir. 

Pues bien, uno de esos mecanismos es el llamado presupuesto participativo. Por la misma ley citada, del total de los recursos de los municipios, un porcentaje de cinco por ciento, los ciudadanos deben decidir directamente cómo y en qué cosas se ejerce. Aquí hemos ido madurando y afinando el procedimiento para atender las diversas necesidades, evitar que unos pocos se apoderen de las obras, se simule la consulta a los ciudadanos, y que esto sirva para lo que realmente es, para que se hagan las obras y acciones que quieran y sirvan a los ciudadanos. 

Todos o casi todo los municipios deben hacer consultas, aunque cada uno se pone sus reglas.

Hay información abundante en internet y redes sociales Hay que tomar la palabra, hay que participar, decidir sin intermediarios. Es nuestra fuerza. 

 

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