Opinión

Preocupantes incongruencias

Las mujeres han sido ancestralmente maltratadas y deben ser resarcidas; las personas pertenecientes a la llamada comunidad LGBT (y otras letras más) no deben ser discriminadas

Benito Abraham Orozco Andrade
Analista

martes, 23 marzo 2021 | 06:00

Las mujeres han sido ancestralmente maltratadas y deben ser resarcidas; las personas pertenecientes a la llamada comunidad LGBT (y otras letras más) no deben ser discriminadas; son cuestiones en las que quien esto escribe tiene una amplia conciencia y defensa.

No obstante, en la lucha por causas como las anteriores, de acuerdo con el sentir de una parte de la sociedad, se perciben múltiples incongruencias, mismas que se ven reflejadas en mensajes que circulan por las redes sociales y que, pretendiendo provocar una responsable y necesaria reflexión, me permitiré transcribir uno de ellos a continuación:

“Se me pararon los pelos... Le dan cuello a Pepe Le Pew, porque es un mal ejemplo... En mis tiempos Pepe Le Pew, no era ejemplo de acosador y nadie iba por la vida acosando o molestando mujeres imitándolo. Éramos niños, y entendíamos que sólo era un zorrillo enamorado y que era así, porque era de París. A mí nunca, ni con ojos de niña ni ahora, lo vi ni sentí que fuera un ‘peligro’, nunca faltó al respeto ni abusaba de ser más fuerte por ser hombre. Sólo le besaba la mano a una gatita que confundía como otra Zorrilla.

“Estamos fomentando una generación sobreprotegida a modo. Delicados de a madres. Sin criterio, sin formación, incapaces de distinguir lo real de lo que no es.  Borregos que salen a imitar lo que ven sin juicio alguno, y a aplaudir las pendejadas de influencers huecos o del tik tok... y a la vez que se ofenden de todo. 

“Hay que educar como nos decían antes: -NO INTENTES ESTO EN CASA-. Enseñemos valores a hombres y a mujeres, a ser empáticos, respetuosos, a ser fuertes, a distinguir el bien del mal, a que aprendan a disfrutar y fomentarse las cosas buenas y a sortear con valor las cosas malas de la vida... Porque, así como vamos, los estamos aventando a una sociedad completamente disfuncional”.

Entre ese sinnúmero de reflexiones que circulan por diferentes medios, y que definitivamente nos invitan a considerarlas para formarnos un criterio responsable, también se han compartido mensajes como los siguientes: “Si el feminismo no es capaz de defender a la mujer desde el vientre de su madre, entonces no sirve de nada”, “el bebé no es parte de tu cuerpo, la matriz sí, y esa sí te la puedes quitar”;  “vale más la vida de un gallo, que la de un ser humano” (por aquello de quienes defienden la vida y el bienestar de los animales, pero están a favor del aborto).

Expresiones como las anteriores en su gran mayoría circulan sin autoría alguna, quizá por temor a posiciones estruendosas que -esas sí- no toleran discrepancia alguna y que, además, habría que ver por qué número de personas están respaldadas, pero, sobre todo, si en la totalidad de sus consideraciones pudieran tener razón, ya que no sería correcto estar a su favor o en contra de manera irracional.

Desde hace años he venido señalando que no debemos permitir que los derechos se convirtieran en los detractores de los valores, y tal parece que la defensa de los primeros efectivamente ha venido implicando el rechazo de los segundos, pues ahora el hablar de temas tan “escabrosos” como el valor de la familia tradicional, de la vida, de la adopción de niños por parejas de distinto sexo, etc., es asumido por muchos como actos de intolerancia, aún y cuando se trate del derecho de optar y de defender otras alternativas.

¡Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre!