Opinión

Por una vida libre de violencia

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, una fecha particularmente importante para Ciudad Juárez, internacionalmente conocida por desaparecer y asesinar a sus mujeres

Andrea Chávez
Analista

jueves, 25 noviembre 2021 | 06:00

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, una fecha particularmente importante para Ciudad Juárez, internacionalmente conocida por desaparecer y asesinar a sus mujeres. También por las cruces rosas y los murales que aún visten nuestras calles.

Aquí tenemos muy claro quiénes usaron el poder para perpetuar esos patrones de violencia. No se los perdonamos, por eso lo mencionamos en cada oportunidad, para que cada vez sean menos los espacios de incidencia desde los que pueden hacernos daño y para recordarles que no son aliados de nuestro movimiento, como ahora se empecinan en hacernos creer. Me refiero a quienes encabezaron los espacios de investigación, procuración e impartición de justicia, como el exprocurador del Estado, Arturo Chávez Chávez, que, desde la comodidad, la ignorancia y la misoginia, justificó los asesinatos de mujeres diciendo que nos mataban y asesinaban “por prostitutas”. O al exgobernador panista Francisco Barrio, que se sumó a la cofradía y a la cobardía culpándonos “por vestir de manera provocativa y caminar solas por las calles oscuras”.

Toda mujer en Ciudad Juárez ha sufrido la violencia de género, en carne propia o en la de sus madres, hermanas, amigas o conocidas. Personalmente, al trabajar en el Observatorio de Violencia Social y de Género, fui testigo del dolor de las madres de víctimas de desaparición y feminicidio que todos los días se acompañan de manera solidaria en la búsqueda de sus hijas. Razón por la que he abrazado la lucha para terminar con toda expresión de odio hacia las mujeres.

Es evidente que vivimos en un país cimentado sobre una estructura de hombres que desestima a la mitad de la población por su condición biológica en cualquier escenario donde se plante. Modelo que ha hecho un daño indescriptible y que, como una enredadera, escala e invade cualquier ámbito de la vida: al interior de nuestros hogares, en las calles, en las escuelas, en los trabajos, en la política y en todos los espacios de la vida pública. Por ello, es preciso tomar acciones desde nuestras trincheras en la consecución de una vida más justa, más libre y más digna para todas.

Desde la Cámara de Diputados impulsaremos una gran reforma a 28 artículos constitucionales en materia de igualdad sustantiva, para alcanzar la paridad en todo y, desde nuestras leyes, combatir la violencia de género. Incluyendo de manera explícita el enfoque con perspectiva de género en el proyecto nacional; es decir, reconociendo que para garantizar los derechos de las mujeres necesitamos transitar hacia el desarrollo con justicia social, priorizando los programas y las políticas que nos pongan en el centro de la atención.

Esta reforma, además de declarar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, prohibiría toda distinción salarial por razón de género y elevaría a rango constitucional en los artículos 20 y 102 la obligación de jueces y ministerios públicos para aplicar esta visión en la administración e impartición de justicia. De esta forma, cualquier persona que intervenga en un proceso de atención de la violencia, estaría obligada a actuar con los parámetros reconocidos en tratados internacionales para atenderla, sancionarla y prevenirla. 

En este período transformador, encontramos la posibilidad de modificar nuestro engranaje jurídico para suprimir las prácticas discriminatorias que perpetúan las condiciones estructurales de desigualdad en la que todas nos encontramos. No queremos más un México violento. No queremos que ser mujer se siga sintiendo como una maldición. No queremos ni un caso más como el de Esmeralda Castillo, Jocelyn Calderón, Brenda Berenice Castillo, Luz Angélica Mena, Rubí Escobedo, Marisela Escobedo, Campo Algodonero, Lote Bravo, Lomas de Poleo, Cristo Negro, y tantas otras que aún hoy continúan levantando sus voces en la ausencia, esperando una luz que las rescate del terror y de la injuria con las que les arrebataron sus sueños y sus proyectos de vida.

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