Pero… ¿y si sí?

Cada decisión que toma Andrés Manuel López Obrador despierta pasiones encontradas entre sus seguidores y detractores

Vianey Esquinca
Analista
lunes, 04 febrero 2019 | 06:00

Ciudad de México.- Cada decisión que toma Andrés Manuel López Obrador despierta pasiones encontradas entre sus seguidores y detractores. Mientras algunos las aplauden con completo éxtasis, otros las cuestionan desde el primer minuto. Sin embargo, ¿qué pasa si de verdad todo lo que está diciendo o proponiendo el Ejecutivo funcionara, a pesar de ir contra los cánones del sano juicio, la razón y el sentido común?

¿Qué pasaría si, efectivamente, se puede habilitar el aeropuerto de Santa Lucía a pesar de lo que digan MITRE y otros especialistas, en aeronáutica y que, junto con las instalaciones de Toluca y de la Ciudad de México resuelva el problema de saturación y que, además, en lugar de que las aerolíneas condicionen su llegada a esos aeropuertos, lo consideren una excelente aventura para sus pilotos, tripulación y pasajeros?

¿Y si realmente el presidente de Estados Unidos Donald Trump, cansado de no recibir ni una protesta del morenista a las denostaciones, críticas y ninguneos que constantemente hace a México y los mexicanos, canaliza sus bravuconerías a otros países con los que sí pueda pelearse tranquilamente?

Tal vez, en lugar de que se le critique al país por tener una actitud tibia ante el conflicto venezolano, se le vea como el más neutral de los países y se le empiece a considerar como el gran mediador mundial, ejemplo de todas las naciones.

En una de ésas, criticar a las calificadoras internacionales y llamarlas hipócritas funciona, y Fi-Fitch Ratings se arrepiente de haber bajado dos niveles la calificación crediticia a Pemex, y no sólo eso, sino que Moody´s y Standard & Poor´s se amedrentan y, como no quieren que el tabasqueño las regañe en público, deciden nunca más calificar a México o mantener un grado siempre positivo.

¿Por qué no imaginar que, efectivamente, los huachicoleros deciden dejar de robar combustible cuando les empiecen a llegar las becas y programas sociales a sus pueblos y se convierten en personas de bien, incluso dando catecismo y dejando a un lado sus lucrativos negocios? ¿Y si de verdad se acostumbran a nunca más robar las gasolinas, y cuando el Ejército abandone el cuidado de los ductos ya hasta perdieron la experiencia?

¿Y si en serio es bueno tener un ingeniero agrónomo al frente de Pemex, porque, aunque no tiene ninguna experiencia en el sector, va a ir a la raíz del problema?

Y ya que López Obrador declaró unilateralmente el fin a la guerra contra el narcotráfico, ¿por qué no pensar que los líderes de los cárteles entregarán sus armas y se volverán hombres de campo? O ya que no hay guerra contra el gobierno que los tenía tan entretenidos, buscarán otros lugares donde poder desafiar a las autoridades.

¿Por qué no darle el beneficio de la duda a que los maestros que no saben inglés podrán enseñar no sólo este idioma, sino también francés y mandarín, cuando sólo se trata de bajar aplicaciones y supervisar el aprendizaje de los niños?

¿Y si realmente resulta que las candidatas a ministras de la Suprema Corte de Justicia no sólo ligadas al partido de Morena, sino que incluso una de ellas es la esposa del constructor-amigo-consultor preferido de López Obrador, rompen toda relación con su pasado y se vuelven más neutrales que el color gris?

Y si ¿de veritas el Tren Maya no está violentando ninguna norma ambiental? y aunque las violare, a lo mejor sí vale la pena porque todos los turistas que lleguen al país van a querer ir al sureste, en lugar de quedarse en los lugares turísticos de siempre.

Más le vale al país que estas decisiones funcionen, y que todas estas apuestas tengan final feliz o, de lo contrario, el país estará en serios problemas en el mediano plazo.