Opinión

Permanente dicotomía

Partir del arribo de Andrés Manuel López Obrador al cargo del Ejecutivo hemos vivido un constante cuestionamiento de hechos, definiciones, normas, conceptos

César Jáuregui Robles
Abogado

lunes, 18 octubre 2021 | 06:00

Ciudad de México-  Partir del arribo de Andrés Manuel López Obrador al cargo del Ejecutivo hemos vivido un constante cuestionamiento de hechos, definiciones, normas, conceptos y todo aquello que pueda considerarse del pasado reciente y al que peyorativamente se etiqueta como conservador o neoliberal. La destrucción y aniquilamiento de símbolos no concluye con el exterminio, se ha dado paso a la sustitución por formas propias o por darles nombre alguno: las figuras de la 4T.

Se bajan estatuas emblemáticas como la de Cristóbal Colón en el Paseo de la Reforma, pero al mismo tiempo se abre un espacio para ensalzar la biografía  del Che Guevara, a quien la historia marca como un verdadero asesino a pesar de los intentos ideológicos y de mercadotecnia por colocarlo tan sólo como un rebelde revolucionario.

Una fiscalía que tanto se reclamó debería ser autónoma, pero que se muestra  en los hechos sirviendo sólo a los intereses particulares, tanto del presidente de la República como del propio fiscal Gertz Manero, pues no hay que olvidar que no hay acusaciones contra narcos o contra corruptos exhibidos como Emilio Lozoya, sino simplemente acusaciones contra opositores o científicos. Crecen las acciones criminales y los homicidios por todos lados con una Guardia Nacional (los edecanes más caros del país, dijo la senadora Lily Téllez), que se presenta sólo preventiva y no actuante como sus objetivos se esperaban.

Se toleran tomas de casetas y manifestaciones vandalizantes por parte de grupos afines, pero una simple protesta de trabajadores en la construcción de la refinería Dos Bocas es reprimida con gases lacrimógenos y el uso de la fuerza pública.

Se asegura que se defiende y respeta la libertad de expresión pero se amenaza con exhibir a los legisladores que se atrevan a ir en contra de la iniciativa de reforma eléctrica que envió el Ejecutivo para su aprobación al Congreso de la Unión y eso que para ellos existe la protección legal de ser inviolables por las expresiones que manifiesten en el ejercicio del cargo.

Por otro lado, el presidente de la República decide salir del país próximamente para acudir a la Organización de las Naciones Unidas, y anuncia que pronunciará un discurso relativo al combate a la corrupción, justo cuando el país acaba de ubicarse dentro del índice del World Justice Project, como una de las peores naciones en el combate a este flagelo económico que tanto daño hace. Va a estar interesante observar si el presidente sacará “pañuelito blanco” enfrente de representantes diplomáticos informados que contrasta con la comodidad de la audiencia ante quienes se presenta cada mañana.

Mismos hechos y situaciones todas, pero que se presentan con visiones totalmente confrontadas, dan paso a una dicotomía que no es sana, por la división que se genera dentro de una sociedad, que hoy más que nunca debería estar unida en base a un proyecto y un propósito común y en el cual mucha de la responsabilidad recae en los líderes, empezando por el presidente. Por el bien del país es anhelo que estos tres años que restan a su administración, sean una convocatoria más a la cohesión y al realismo, que a utopías y transformaciones que sólo se dibujan en la mente de un solo hombre. 

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