Opinión
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Perdieron pero siguen en equipos ganadores

Por fortuna para Juan Carlos Loera, Javier González Mocken; y allá en Chihuahua capital para Marco Adán Quezada, fueron derrotados en sus objetivos mediáticos, pero tendrán oportunidad de analizar, reflexionar y enmendar desde nuevas posiciones de poder público

LA COLUMNA
de El Diario

martes, 08 junio 2021 | 06:00

-Perdieron pero siguen en equipos ganadores

-El caso particular de Quezada en Chihuahua

-Aunque sea en alcaldías avanzó el PRI

-Le funcionó al "prianismo" mostrar su rostro

Por fortuna para Juan Carlos Loera, Javier González Mocken; y allá en Chihuahua capital para Marco Adán Quezada, fueron derrotados en sus objetivos mediáticos, pero tendrán oportunidad de analizar, reflexionar y enmendar desde nuevas posiciones de poder público.

Sin duda Loera es una de las personas más allegadas al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). No le retirará su cobijo. Volverá al Gobierno federal, pero tendrá muy poco tiempo para ponerle sello propio a sus proyectos electorales futuros; solo uno o dos años hacia el 2024. Se irá AMLO y Morena se quedará sin padre. Cada cual deberá rascarse con sus uñas.

Debe Juan Carlos sacudirse múltiples prejuicios y también operadores dañinos que no operan. Pueden ser sus amigos, pero electoralmente son un lastre. Un tío Pichú de la Rosa experto en hormar sillas y perder el tiempo en horas de güiri güiri; o bla bla bla; un “Benjamón” Carrera en iguales condiciones, y un pobre doctor Víctor Orozco, cuyas gotículas de testosterona las gasta en agredir al prójimo en lugar de invertirlas al fortalecimiento real de objetivos. Ah, y los grititos los avienta desde la comodidad de su solitaria red social.

Fueron la excepción a la regla Deirdré Bazán y algunos otros. La coordinadora general de campaña trabajó discreta, sin aspavientos, con los pies bien colocados en la tierra. Tuvo un manejo de primera. Dos o tres Deirdrés más por todo el estado habrían alcanzado resultados positivos muy distintos.

González Mocken, “Supermocken”, no fue beneficiado con un ansiado fenomenazo Maru que arrasara también en Juárez, ya sabía que Pérez Cuéllar sería pieza harto complicada, pero su trabajo alcanzó cerca de 80 mil votos y evitó un eventual desastre de consecuencia estatal. Maru alcanzó cerca de los 90 mil sufragios y Loera por ahí de los 130 mil. Cruz Pérez Cuéllar obtuvo unos cinco mil votos menos, 125 mil.

Así Mocken puede tener la certeza que será incluido en el equipo de la nueva gobernadora, ya sea en Juárez o en Chihuahua. Es un plus no desaprovechable.

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Marco Adán Quezada en la ciudad de Chihuahua entra en la oportunidad de seguir su trayecto político al lado de Morena. De nada que tenía allá el partido guinda le entregó casi 90 mil votos. Hubieran sido bastantes más, pero los recursos usados para el proyecto estatal no llegaron hasta su campaña.

Solo un detalle deberá valorar Marco. Aunque algo de su círculo más cercano mantiene principios de izquierda, marcadamente de izquierda, la ciudadanía de Chihuahua ha resultado marcadamente de derecha; al menos en esta etapa de su historia política.

Quezada fue alcalde de allá y por lo tanto no ignora todo eso; entonces seguramente enfrentará el dilema interior de aceptar inminentes propuestas de Morena y seguir a su lado bajo la guía roja de la 4T o dar un paso hacia atrás, regresar al partido que le dio todo, el PRI, y retomar el camino de origen. Muy difícil decisión.

Total que Loera, Mocken y Quezada si bien perdieron en esta, tendrán oxígeno necesario para seguir vigentes y desarrollar otros proyectos.

Cabeza fría y realismo antes que nada. Es inconcebible que no solamente hayan creído en encuestas que los colocaban en ventaja si en el terreno de los hechos andaban abajo entre 12 y más puntos. Eso confunde y crea espejismos entre los propios equipos.

Tenemos en versión digital la pantalla de un periódico de los llamados nacionales que, junto con el proyecto Latinus, presentó una encuesta con solo un punto de diferencia entre Loera y Maru cuando otras dos encuestadoras del mismo pelo y en el mismo período, Mitofsky y Arias, concedían nada menos que esa diferencia superior al 10 por ciento finalmente ocurrida.

Son válidos esos ejercicios pero manejados con cucharas soperas se revierten contra quien pretendencia beneficiar.

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En el terreno de las presidencias municipales los que retrocedieron en esta elección fueron el PAN y Morena. Los ganones resultaron principalmente el PRI y los minipartidos, que tuvieron cierto avance aunque la disputa global estuviera reducida a los dos primeros.

Los candidatos tricolores pasaron de dominar 21 a 28 municipios. Guachochi, Guadalupe y Calvo, Ojinaga, son las principales plazas priistas. Nada en comparación con la votación global o la pelea por las más importantes, pero algo es algo.

Con eso cumplió la candidata a la gubernatura, Graciela Ortiz González, quien se encargó de la estrategia y operación electoral de los demás. Tenía la meta de ganar 33, así que se acercó bastante.

Movimiento Ciudadano subió a cinco, cuando apenas tenía dos. Al menos para eso sirvió la candidatura del parralense Alfredo “El Caballo” Lozoya; para que los naranjas, además de Parral, tuvieran pequeños territorios, entre ellos los calientes Ignacio Zaragoza y Urique.

En contraparte, aunque en buena medida ganó Maru Campos el proceso en cada municipio, los candidatos panistas cayeron de 29 ayuntamientos a únicamente 13. En alianza con el PRD alcanzaron apenas otros seis. El albiazul perdió enclaves en el noroeste y reforzó el corredor sur.

Los morenos pasaron de tener cuatro municipios a sólo dos. Eso sí, la joya de la corona es Juárez, donde Cruz Pérez Cuéllar alcanzó una victoria arrasadora, no así Juan Carlos Loera, que ganó la frontera pero no con los votos suficientes para hacerse de la gubernatura.

Así se recompone el mapa electoral estatal. Los 67 municipios dan idea del avance territorial e indudablemente miden tanto la reprobada y fracasada gestión actual del corralismo, como la de los alcaldes en funciones.

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La mescolanza PAN-PRI-PRD en los distritos electorales les funcionó a los opositores. Morena tuvo una baja en Chihuahua que sin la coalición del “prianismo” no habría sufrido.

Funcionó no para ganar todo, pero sí para recuperar un poco del terreno perdido desde 2018, cuando el morenismo conquistó la mayoría de la Cámara de Diputados, y con sus aliados reformó sin contratiempo alguno la Constitución.

De los nueve distritos electorales el “prianismo” se alzó con el triunfo en cuatro. En el cuarto con Daniela Álvarez, que le quitó la reelección a un desaparecido morenista, Ulises García Soto.

En el quinto, séptimo y noveno, la gente afín a la coalición opositora les regaló la reelección a tres panistas de cepa: Mario Mata de Delicias, la pluri Patricia Terrazas de Cuauhtémoc y María de los Ángeles Gutiérrez de Parral.

En dos distritos fue el PAN sin alianzas el que arrasó. Corresponden al sexto de Laura Contreras y al octavo de Carmen Rocío Alonso, ambos de la capital; patearon muy lejos a los corralistas y morenistas que trataron de hacerles sombra. Clara muestra del dominio de Maru en Chihuahua.

Morena, por lo tanto, cayó en el cuarto de Ulises y en el séptimo de Heraclio “Yako” Rodríguez. En cambio se vieron imbatibles Daniel Murguía, Teresita Vargas y Lilia Aguilar, la heredera del negocio del Partido del Trabajo, en los distritos primero, segundo y tercero, respectivamente.

A nivel de Congreso del Estado también funcionó la mezcla, en este caso del PAN-PRD solamente, obtuvo la alianza 12 curules, de nueve que tenía el albiazul y cero el perredismo; el PRI logró dos curules de elección directa, de una que tenía.

Morena apenas avanzó de cinco a siete y uno más en coalición. Seguirá siendo segunda fuerza política, pero estancada.

No es suficiente la mayoría para garantizarle estabilidad a la gestión de Maru Campos, todavía, pero sí hubo un freno, pues, a la pérdida de terreno que había padecido la oposición a Morena.