¿Pendemos de un hilo?

Como ciudad hemos sido siempre un receptor natural de personas que vienen buscando el dichoso 'sueño americano'

Carlos Irigoyen
Analista Independiente
viernes, 12 abril 2019 | 06:00

Como ciudad hemos sido siempre un receptor natural de personas que vienen buscando el cruce a los EU para vivir el dichoso “sueño americano”, ese que Donald Trump se está encargado de hacer una especie de pesadilla para los habitantes de los países que emigrando buscan mejorar su calidad de vida.

Una pregunta antes de continuar, es de llamar la atención que todos los días salen caravanas desde Centroamérica y ahora están los reportes noticiosos informando de los fuertes problemas que se están viviendo en la frontera sur con Guatemala, específicamente en Tapachula, donde están llegando de regiones tan lejanas como Bangladesh, Pakistán y el Congo, todos ellos transitando desde Brasil o Ecuador para atravesar toda Centroamérica y comenzar el destino final recorriendo México para llegar a cualquier frontera de nuestro país, ¿quién financia tanto movimiento?

La frontera lo ha resentido de manera notable, largos tiempos de espera para poder ir al lado “gabacho”, incluso con recomendaciones hasta de políticos en el sentido de que si no hay a qué ir al otro lado pues mejor ni acercarse a los puentes. La propia dinámica fronteriza hace que este tipo de declaraciones sean improcedentes; la “fayuca”, el tráfico de mercancías, la asistencia a la escuela, el turismo, la oportunidad de adquirir bienes y servicios a mejor precio, el trabajo, la ida al doctor, viajar por el lado de El Paso, ir al zoológico; todo nos habla de una simbiosis social, política y económica que es difícil de comprender cuando a 3 mil 158 kilómetros de El Paso en la ciudad capital de EU, Trump amaga y perjura que si México no detiene la migración cierra la frontera; no entiende la dinámica de este lugar y simplemente no le interesa, acostumbrado a usar “el berrinche” como arma para negociar sus posturas, se empecina en cerrar los cruces, preguntémosle a los vecinos de El Paso cómo les iría si un día no tuvieran la visita de los miles de mexicanos, nosotros como lado mexicano ya vimos los efectos que se dan en la maquila y cómo perjudican los retrasos en las entregas; la cadena productiva y de valor de todo un modelo económico amenazado bajo los desplantes de un gobierno a control remoto. En México no cantamos mal las rancheras, a mil 812 kilómetros de distancia el presidente no ha dicho “esta boca es mía” para paliar los fuertes retos de tener gente hacinada en lugares que cada vez son más insuficientes para albergar a tantos que en sus lugares de origen no tienen una oportunidad de desarrollarse de forma digna, acorde a un sentido humano. La semana anterior vi un contraste sumamente notorio. En la ciudad de Chihuahua en un semáforo un par de jóvenes con marcado acento de centroamericanos pidiendo una moneda para comer algo, y al mismo tiempo una tarahumara con sus productos típicos ofreciéndolos a los automovilistas. Los dos con mucha necesidad con un enfoque distinto.

Estamos ante una encrucijada, ¿a quién apoyamos? Es obvio que no hay para todos, el Gobierno tiene limitaciones presupuestales, las organizaciones de la sociedad civil tienen un límite en sus aportaciones; los recursos son escasos y el planteamiento es vasto. Por un lado, si se decide dar soporte a los migrantes un sector de la sociedad comenzaría a cuestionar ¿y nuestros cinturones de pobreza? ¿Y las zonas vulnerables? Por otra parte, si hacemos “como que la Virgen nos habla” en el tema de los migrantes, las personas que lleguen y no puedan pasar se van a quedar aquí, lo que supone un aumento poblacional y habrá que preguntarnos ¿tenemos la infraestructura necesaria? ¿Los recursos para darles un marco económico de tal forma que las familias puedan desarrollarse? ¿Una infraestructura de higiene y salud, alojamiento, seguridad, transporte, entretenimiento para atender las necesidades elementales de quienes vienen llegando? ¿Cómo garantizamos la correcta aplicación de los derechos humanos en ambas situaciones? La respuesta me la dio una persona de la tercera edad con aquella sabiduría propia de esa edad, “si no pueden con lo que hay, menos con lo que vendrá”. Entonces ¿qué hacemos?

A la frontera la tienen entre la espada y la pared, un Gobierno norteamericano que no entiende o no le conviene percibir la dinámica de la región. La contraparte mexicana le sigue preguntando a los connacionales si le debe de responder a Trump, los gobiernos estatales y locales no se dan abasto para la dinámica que se está desarrollando.

Ojalá que por el bien de la frontera se pongan de acuerdo los “políticos” de ambos países porque a nosotros como ciudadanos de esta parte del país nos está asfixiando el modelo económico, está metiéndole una presión innecesaria a la ya de por sí tensa situación social, además de colapsar un modelo de comercio internacional que durante más de 50 años ha probado con creces ser el sostén de la economía en ambos lados de la frontera.

Buena oportunidad para Trump en la búsqueda de su 2020, buena chance para que no se nos canse el ganso. Ojalá que el estira y afloje no termine por romper la liga.