¿Partidos políticos o políticos partidos?

La era de lo que han dado en llamar 4T o la Cuarta Transformación, lo que sea que eso signifique, está en pleno auge...

Francisco Ortiz Bello
Analista
domingo, 10 febrero 2019 | 06:00

La era de lo que han dado en llamar 4T o la Cuarta Transformación, lo que sea que eso signifique, está en pleno auge, se encuentra en pleno arranque, encabezada por su creador, impulsor y principal artífice, nada más y nada menos que el mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador, y secundada incondicionalmente por todos sus seguidores y simpatizantes, aunque poco sepan de su significado real.

Como movimiento político, social, no cabe la menor duda de que trata de una revolución pacífica de las ideas, como el mismo López Obrador lo ha mencionado en repetidas ocasiones. Se trata pues de un cambio y, como todos los cambios, duele.

Por supuesto que la trascendencia de este cambio es nacional, y ya desde esa perspectiva resulta de interés particular para los chihuahuenses y para los juarenses, pero no sólo se queda en ese ámbito. Esta 4T también tiene implicaciones y efectos directos en nuestra entidad y en nuestra ciudad, no sólo por lo que representa como movimiento político nacional, sino también por los escenarios locales que invade de manera natural.

Así que nos centraremos en analizar las causas, efectos e implicaciones que este movimiento significa en el ámbito de lo local y sus repercusiones en la política, la economía, la sociedad y todos los demás relativos de nuestra vida diaria.

Y debemos empezar por señalar que, en Chihuahua, independientemente de lo ocurrido en el resto del país, una de las principales causas que permitieron la llegada al poder de Morena y con ello la instauración de la 4T en nuestro estado, fue el enorme debilitamiento de los partidos políticos. De todos.

Curiosamente, tanto en el PAN como en el PRI, los dos principales partidos que habían mostrado fuerza para gobernar, las brutales y desgarradoras luchas intestinas por el poder terminaron por debilitarlos, por partirlos literalmente.

Estas luchas internas, despiadadas y sin tregua, significaron la salida de cuadros importantes en ambos partidos, desde mucho antes del crecimiento e instauración de Morena en el poder. Desde mucho antes.

Escisiones importantes del PRI y del PAN que, si bien no fueron formales o del todo claras, significaron la salida de liderazgos relevantes de ambos institutos políticos, y no sólo eso, de decenas o cientos de simpatizantes aglutinados alrededor de estos liderazgos, aunque los dirigentes siempre negaron esos efectos tratando de minimizar estas sensibles bajas en sus cuadros operativos.

Así pues, en este orden de ideas, podemos recordar la renuncia al PAN de Cruz Pérez Cuellar en 2015, aunque dicho acto formal sólo materializó lo que se veía venir desde el 2012, cuando el juarense enfrentó todo el poder de sus enemigos políticos dentro del PAN y sufrió, a manos del hoy gobernador Corral, una de las más dolorosas derrotas al interior de su partido: le arrebataron la candidatura al Senado de la República que, junto con Carlos Borruel, había ganado en las urnas. Ese hecho, convierte a Pérez Cuéllar en el primer político chihuahuense en haber ganado en dos ocasiones una candidatura al Senado.

En 2013 el más furioso y radical de los panistas, Miguel Jurado, abandonaba las filas de Acción Nacional para competir por la Alcaldía de Parral pero bajo las siglas del PRI, alcaldía que ganó y que ejerció durante tres años, pero también hizo un “hoyo” importante en la militancia panista.

También son ampliamente recordados los casos de Antonio López, y Fernando Reyes, en la capital, a quienes la dirigencia panista del momento les negó la oportunidad de alcanzar candidaturas, por mantener diferencias importantes de pensamiento y corriente ideológica dentro del partido y obligándolos a tomar otros derroteros.

En el PRI no cantan mal las rancheras. A partir de la nominación de candidatos en 2010, en las que Reyes Baeza no pudo imponer a su delfín para la gubernatura, en la persona de Óscar Villalobos, aunque algunos señalaban que era Fernando Rodríguez, el mismo Reyes Baeza fue víctima de la más feroz persecución política al interior de su partido, por parte del gobernador César Duarte quien obtuvo la candidatura y el Gobierno del Estado. 

En ese año, 2010, en el PRI contendieron para la gubernatura Alejandro Cano Ricaud, César Duarte Jáquez, José Reyes Ferriz, Héctor Murguía Lardizábal, Fernando Rodríguez Moreno y Óscar Villalobos Chávez, siendo Duarte el que resultó ungido con la candidatura.

En esa misma elección, se abrió la puerta del recelo y el resentimiento entre Reyes Baeza y Víctor Valencia de los Santos, ya que le fue negada al segundo la candidatura al Gobierno municipal de Juárez, pese a ser uno de los más cercanos al deliciense. Hago esta acotación, porque es parte de esta historia de encuentros y desencuentros, pero también porque después, en 2016, ya recompuesto el grupo Delicias y con el poder del cargo federal de Reyes Baeza, nuevamente se dio una coyuntura negativa entre ambos, que terminó por minar su amistad y su relación política de muchos años con las consecuencias que todos sabemos: Valencia abandona el PRI, y junto a él decenas o cientos de militantes o simpatizantes.

En todos los casos mencionados anteriormente, tan sólo como ejemplo, y muchos otros más similares que ocurrieron, la respuesta de los dirigentes partidistas del momento siempre fue la misma: “no pasa nada… ni falta el que se va, ni sobra el que se queda…”, “…el partido no es fulanito, ni sutanito… El partido es mucho más que un simple militante…”, “…nadie es indispensable, no pasa nada, todo esta bien dentro del partido…” ¡Ajá! Ahí tienen hoy su “no pasa nada”.

Sí pasó. Y pasó mucho. Los partidos políticos, me refiero al PAN y al PRI, se resquebrajaron gravemente en su cohesión interna, desde hace varios años, en su estructura operativa, y ningún liderazgo o directivo tuvo la visión entonces para darse cuenta de la crisis y frenarla. Por el contrario, se metieron en sendas dinámicas que incrementaron la división interna y con ello, minaron la fortaleza de sus instituciones. Hoy pueden ver en toda su crudeza las consecuencias de sus “no pasa nada” de entonces.

Ningún partido político que tiene dañada severamente su estructura interna puede ser competitivo electoralmente. Ninguno. Sobre todo porque se dice más con los hechos que con las palabras. Los que nos dedicamos a la comunicación y al marketing políticos, sabemos que también se comunica con lo que se hace, no sólo con palabras.

¿Qué mensajes no verbales enviaron los partidos políticos a la sociedad los últimos 10 años en Chihuahua, principalmente PAN y PRI? Un mensaje de profundo desprecio, de una gran soberbia y de un claro “no me importas”, y por ello, hoy no debería sorprenderles la debacle que viven.

Todavía persiste la torpe idea entre algunos dirigentes partidistas que pueden engañar a la sociedad y que, mientras se la pasan diciendo con palabras una cosa, en los hechos se la pasan haciendo justo lo contrario. La gente ya no se traga eso. La sociedad ya está harta de que los políticos de los partidos sólo sirvan a los intereses de sus grupos y se olviden del pueblo, de la ciudadanía. Sobre todo cuando enfrente tienen a alguien que se la pasa no sólo hablando a favor del pueblo, sino metido entre ellos, que ni siquiera la investidura presidencial ha sido causa para alejarse de la gente.

Quizá haya mucho que criticarle a López Obrador y a Morena, sí, pero lo que no se puede dejar de reconocer es que están trabajando y están cambiando las cosas, para bien o para mal, pero las están cambiando y eso era lo que la gente quería, un cambio. Y los partidos políticos, distraídos en sus pugnas internas, se negaron a darle ese cambio que la sociedad pedía a gritos.

Así que no nos extrañe ni nos sorprenda ver el fortalecimiento y crecimiento de la 4T, aunque muchos no estemos de acuerdo en todos sus postulados y planteamientos, aunque no estén tomando las mejores decisiones del gobierno, aun a pesar de eso, la mayoría de la gente, de los ciudadanos, están satisfechos con ver que al fin, alguien, está haciendo cosas para que las cosas cambien en México.

Esto es un asunto de comunicación. Totalmente de la forma en la que se dicen las cosas. El contenido del mensaje y su impacto en la sociedad es lo que cuenta. No sólo las palabras comunican, también lo que hacemos manda mensajes y eso lo han olvidado los partidos políticos que hoy se encuentran partidos completamente.