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Opinión

Partidos políticos de oposición

El momento político que vive el país y el estado invitan a una reflexión sobre el proyecto de nación al que podemos aspirar en las décadas próximas

Francisco Llera
Acádemico

lunes, 20 junio 2022 | 06:00

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El momento político que vive el país y el estado invitan a una reflexión sobre el proyecto de nación al que podemos aspirar en las décadas próximas. Cuando hablo de proyecto de nación, me refiero a las propuestas concretas e ideales de sociedad mexicana que nos ofertan los distintos partidos políticos; es en este punto en donde me parece que experimentamos un serio problema.

Partiendo de lo que establece el artículo 41 de la Constitución, los partidos políticos tienen como uno de sus objetivos principales contribuir a la educación política de la población. Esto implica necesariamente que, además de transmitir sus principios ideológicos, dichos organismos dejen en claro la manera en que esa ideología se aplicaría para atender las principales urgencias del país o del estado: pobreza, violencia, inseguridad, reducción del empleo informal, protección al medio ambiente, migración y desigualdad económica, por citar algunas.

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Para llevar la discusión al ámbito local, tomaré como referente el caso del Partido Morena, por ser el partido gobernante a nivel federal y oposición en el ámbito estatal. Este partido en Chihuahua presenta un vacío para realizar planteamientos que reflejen la comprensión de las contradicciones sociales experimentadas por el estado. Se ha limitado a replicar los planteamientos de su líder moral, el presidente de la República. Tal es el grado de limitación ideológica, que incluso se repiten las mismas frases del presidente para hacer crítica o cuestionamientos. Por tanto, resulta difícil reconocerle una identidad como partido de oposición en el estado.

Por ejemplo, si se analiza el comportamiento como oposición de otros partidos políticos en el mundo, es posible identificar con claridad que partidos como el Social Demócrata en Suecia, siempre impulsarán una economía basada en empresas sociales, el incremento de programas de seguridad social pagados por los impuestos o bien, la promoción del feminismo. Otro caso es el Partido Demócrata Cristiano en Alemania, que habitualmente se decanta por influir en la agenda de quien gobierne para impulsar políticas orientadas a lograr pleno empleo, fortalecimiento de la empresa nacional y programas orientados a fortalecer familias, entre otros.

La condición de partido de oposición debe servir para reinventarse, para reflexionar profundamente la doctrina ideológica y convertirse en contrapeso de quien gobierna, a partir de renovar sus propuestas para la resolución de los problemas nacionales o regionales. De ahí la importancia de no confundir el papel de oposición para simplemente actuar como críticos sistemáticos sin capacidad de propuesta.

La oposición sistemática de los partidos políticos sin oferta propositiva aleja al ciudadano y polariza la toma de decisiones. Esta oposición es fácil de asumir; sin embargo, el desafío es convertirse en un contrapeso con suficiente madurez para reconocer los avances que alcanza el país o el estado cuando otro partido está en el poder, pero además, manejar adecuadamente la sensibilidad política para entender a la cambiante sociedad contemporánea y desarrollar propuestas innovadoras que también rescaten el aprendizaje de los errores del pasado.

En conclusión, los partidos de oposición en México necesitan reposicionarse ante la sociedad, si verdaderamente aspiran a acceder o recuperar pronto el poder. Para lograrlo sería conveniente que pudieran entusiasmar a la ciudadanía con programas y propuestas que no sean sólo parte de los procesos electorales, sino que constituyan una agenda permanente con identidad y metas concretas a lograr, independientemente del candidato en turno.

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