Opinión
Cultura de la paz para el buen vivir

Paces: visibilizarlas para construirlas

En 1969, a propósito de la “encamada” que John Lennon mantenía en Montreal contra la guerra de Vietnam, aclaraba ante la prensa las razones de su protesta

Gerardo Pérez Viramontes
Académico del Iteso (Guadalajara, Jal.)

lunes, 22 marzo 2021 | 06:00

En 1969, a propósito de la “encamada” que John Lennon mantenía en Montreal contra la guerra de Vietnam, aclaraba ante la prensa las razones de su protesta: “todo lo que estamos diciendo es: dale una oportunidad a la paz”. Por las mismas fechas (1971), en Chile, Víctor Jara expresaba su oposición a la misma guerra al componer El derecho de vivir en paz. Desafortunadamente la paz cobra relevancia cuando se ha perdido, cuando la crueldad y la violencia arrasan pueblos y destruyen vidas. Pero los seres humanos sabemos que podemos hacer las cosas de otras maneras, es decir, sabemos que tenemos capacidades para arreglar nuestros conflictos por medios pacíficos. Y lo sabemos, porque en el día a día practicamos el cuidado hacia otras personas y otras formas de vida a pesar de nuestras divergencias, realizamos acciones de hospitalidad en coherencia con nuestras convicciones morales, aunque no sean las mismas para todos, nos preocupamos por las necesidades de los demás y tratamos de satisfacerlas a pesar de la escasez y precariedad en la que vivimos. No somos lobos feroces dispuestos a destrozarnos unos a otros. Pero esas pequeñas paces minúsculas, acotadas, imperfectas y silenciosas que hacemos constantemente, no son documentadas, ni cuentan con los reflectores de los medios de comunicación. Nadie las difunde, parece que a nadie le interesan. Al silenciarlas, estamos desperdiciando experiencia humana (como lo plantea Boaventura de Souza).

Para no echar por la borda la experiencia humana acumulada con la que contamos para hacer las paces es preciso visibilizarla, reconocerla públicamente como uno de los comportamientos que han contribuido a nuestra sobrevivencia como especie. El 8 de marzo pasado, por ejemplo, a la par de hechos vandálicos que protagonizaron ciertas mujeres (y algunos hombres) en diversas plazas y avenidas del país, ocupando las primeras planas de muchos noticieros, por otros medios nos enteramos de otras tantas luchas de mujeres que, mediante la denuncia pública, la insumisión o la desobediencia civil, igualmente se manifestaron para hacer visibles sus luchas y resistencias contra las opresiones patriarcales. Acciones constructivas de esta naturaleza son las que hay que poner sobre la palestra, ya que es imposible construir algo cuando ni siquiera tenemos capacidad de visualizarlo.

Una primera propuesta para ver y construir paz consiste en pensarla en plural, como “paces”, alejándonos del pensamiento único o dicotómico en el que hemos sido socializados. De esta manera, con la paz negativa, lo que se busca es frenar lo más inmediatamente posible la barbarie y la destrucción; cuando se plantea como paz positiva el propósito que se persigue es la satisfacción de necesidades para hacer prevalecer la justicia, y al planteársela como paz imperfecta, la invitación consiste en encontrar los equilibrios dinámicos con los que se mantienen todas las formas de vida, incluida la humana. Tres formas distintas de ver las paces sobre las que podemos plantearnos su construcción en distintos escenarios.

Otras posibilidades para complejizar nuestras ideas, y por lo tanto, para hacer las paces (en plural) son:

Identificar los sinónimos de paz y analizar sus etimologías y significados: armonía (juntar una cosa con otra en un orden placentero), sosiego (hacer que uno se siente o aplaque), concordia (del prefijo con- [junto, globalmente], cor, cordis [corazón], más el sufijo -ia [cualidad]: acuerdo, convenio, relación), etc. Las palabras no solo sirven para describir cosas, son elementos con los que nos coordinamos para la acción.

Reconocer los valores que fundamentan las palabras con las que se nombra la paz en distintas culturas: Ágape (amor, compasión, buena voluntad), Shanti (espíritu bien templado, hermandad), Shalom (justicia, prosperidad), Salam Aleikum (hospitalidad, solidaridad), Pax (orden, unidad), Eirene (armonía, buena relación con los demás), Heiwa (armonía, adaptación), etcétera. La paz es un valor. Los humanos orientamos nuestra vida en función de valores. La ética nos ayuda a esclarecerlos con ayuda de la razón.

Dotar de otros significados cada una de las cuatro “D” en las que se sostiene la Cultura de Paz (Democracia, Desarrollo, Derechos Humanos y Desarme). Dado el reduccionismo en el que han caído por el uso y abuso del que han sido objeto, hay que recuperar el sentido antropológico que tienen como experiencia humana.

Si aceptamos que “la paz es el camino”, no podemos aplicar recetas prefabricadas o únicas para construirla. “No hay un camino para la paz”. Por eso, más que preguntarnos qué es la paz (pregunta que nos remite a esencias o utopías), conviene hacernos preguntas más terrenales: quién la está haciendo, con qué medios, en qué circunstancias, con qué obstáculos… De esta manera podemos intuir cómo construirla en el día a día, cada uno de nosotros, aquí y ahora.