Otra vez el escarnio internacional

El reposicionamiento del estado de Chihuahua en el ranking de violencia en el mundo genera de nuevo la consabida preocupación

Cruz Pérez Cuéllar
Político
domingo, 17 marzo 2019 | 06:00

El reposicionamiento del estado de Chihuahua en el ranking de violencia en el mundo genera de nuevo la consabida preocupación. Ciertamente sólo son dos los municipios de nuestro estado que forman parte del ranking elaborado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, dado a conocer recientemente. Pero se trata de los municipios con mayor demografía, entre ambos superan la mitad de la población total de la entidad.

Por un lado Ciudad Juárez es colocada en un deshonroso quinto lugar de la tabla de las ciudades más peligrosas en el mundo, con un acumulado de mil 251 homicidios dolosos en en el 2018, con una tasa de 85.56 homicidios por cada 100 mil habitantes, de acuerdo a las cifras oficiales, es decir, se excluyen muchos casos en los que no existe una denuncia explícita.

Por otra parte, la capital del estado se mantiene en el listado de las 50 ciudades más peligrosas del mundo, sin que las medidas de seguridad adoptadas por el Gobierno estatal y las preventivas esgrimidas por la propia autoridad municipal hayan si quiera frenado las actividades criminales, ambas esferas están totalmente rebasadas. La presencia de criminales en las calles, y por lo tanto, la comisión de homicidios dolosos, secuestros, robo con o sin violencia, siguen a la orden del día, no paran ni un instante, la percepción de inseguridad continúa creciendo.

En la configuración de dicha tabla, basada en el incremento de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes publicada hace unos días pero basada en datos del 2018, Ciudad Juárez sólo es superada por Tijuana, Baja California con 2 mil 640 homicidios, que se ubica en la primera posición;  por Acapulco, Guerrero con 948 casos (303 menos que en Juárez, pero debido a que su población es menor que en esta frontera el ranking le otorga la segunda posición); el tercer puesto es para Caracas, Venezuela con 2 mil 980 homicidios, y el cuarto lugar es para Ciudad Victoria con 314 muertes (en cantidad representa sólo la cuarta parte de los homicidios registrados en Juárez, pero se sigue el mismo criterio de población que en el caso de Acapulco). 

A la lista de las 50 ciudades más peligrosas del mundo del 2018, que no estuvieron en el período anterior se suman Irapuato, Cancún, Uruapan, Ensenada, Coatzacoalcos y Celaya; otras que ya estaban y permanecen en la lista son Culiacán, Obregón, Tepic, Reynosa y Chihuahua capital.

Con ello México se coloca como el país con mayor número de ciudades más violentas (15) en el mundo, seguido de Brasil (14), Venezuela (6), Estados Unidos (4), Sudáfrica (3), Colombia(2) y Honduras (2); además de Guatemala, El Salvador, Puerto Rico y Jamaica, donde tienen al menos una ciudad colocada en el ranking internacional, del cual se excluyen países de medio oriente envueltos en conflictos bélicos, debido a que la naturaleza de las muertes de civiles y militares en esos países es distinta a la de los homicidios que ocurren en las ciudades consideradas por la asociación civil Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública.

Nos preocupa sobretodo que en tan poco tiempo Ciudad Juárez haya escalado quince lugares, prácticamente de un año para otro, que en unos cuantos meses se haya recrudecido la violencia en la frontera y en buena parte de la entidad. Que las acciones emprendidas hayan sido casi nulas, según lo revela el estudio, que señala omisiones por parte de las autoridades oficiales, o en su defecto, operaciones que no resultaron  efectivas ante la dificultad que les plantean los criminales.

Nos preocupa que en Chihuahua capital siga creciendo la percepción de violencia, como lo revela el último estudio publicado por el Inegi, sobre la “Percepción Social sobre Inseguridad Pública por Ciudades de Interés”, que registra un crecimiento en los últimos tres meses medidos del año pasado; mientras que el 71.9 por ciento de los habitantes de la capital mayores de 18 años, que fueron encuestados en septiembre, consideraron que “vivir en esta ciudad es inseguro”; en diciembre del mismo año el porcentaje de los encuestados sobre el mismo tópico creció a un 76.1 por ciento. 

Lo terrible de colocar en esa posición a Ciudad Juárez y la ciudad de Chihuahua, es sin duda volver diez años atrás, cuando en todo el mundo se escuchaba y leía en los principales noticieros y titulares las referencias de violencia de estas dos ciudades cuya geografía está próxima al poderoso país yanqui. Lo peligroso de mantenernos en ese lugar es que luego sobreviene la ignominia, el señalamiento generalizado de ciudades violentas, ciudades imposibles, marcadas por la incapacidad de sus gobernantes de resolver el problema, o por lo menos enfrentarlo con decisión, con inteligencia… el pueblo y el mundo lo entendería.

Ese estigma cuesta mucho erradicarlo, le pega a la economía, le pega a la imagen que se haya podido recuperar después de aquel penoso capítulo de inseguridad de la década pasada. 

Únicamente la pacificación de nuestra tierra hará posible que podamos ver en el rubro económico el desarrollo del campo, de la industria maquiladora, del sector de la transformación, del comercio pujante y atractivo; de un turismo dinámico, capaz de cautivar a los viajeros más exigentes con tantas maravillas que dotó la naturaleza a este sagrado suelo.

En lo social podríamos pensar, por primera vez, en que es posible abatir la pobreza, por lo menos la más acentuada, la considerada como extrema, la que se tiene registrada durante décadas en lo profundo de la barranca, en diversas partes de la Sierra Tarahumara y en varios asentamientos en zonas urbanas. Que los habitantes más marginados de nuestro estado tengan lo necesario para subsistir y un poco más para su desarrollo.

Pero lo anterior es utopía si no nos concentramos en abatir el principal problema que aqueja a los ciudadanos, y con el que no han podido las autoridades de los tres niveles de gobierno. 

Está claro que el Gobierno federal que apenas comienza podría ser señalado por la parte proporcional que le corresponde, es decir, por los tres meses y días que tiene en funciones, aunque también es preciso decir, que ha tomado el tema de la seguridad pública con esmero, ha diseñado un plan en base a la consulta que realizó desde el período de entrega-recepción en todo el país, con base en estudios de profundidad que le dicen cuál puede ser la solución al problema, y lo está poniendo en marcha sin perder tiempo ni anteponer excusas. La aprobación de la Guardia Nacional en el Congreso de la Unión a propuesta del presidente López Obrador, es un paso decisivo en ese sentido, así como otras medidas adoptadas por el Gobierno federal en torno a la mejora de la seguridad en el país, que son el preámbulo del remedio esperado.

El problema es que en tanto se aplica el medicamento, mientras se elabora el antídoto que consiste en la preparación de los nuevos elementos de la Guardia Nacional, de la estructura de la organización que pretende acabar con los delitos de mayor impacto en el país, así como el enorme esfuerzo para quitar las telarañas de corrupción de todo el aparato federal, mientras eso ocurre, es necesario evitar que la violencia siga creciendo, es fundamental que las herramientas y estrategias existentes se apliquen con la mayor eficacia posible; que el Gobierno estatal y las autoridades municipales, principalmente las de Juárez y la capital, dejen de dormir en sus laureles y se apliquen a la tarea que también les corresponde pero que no han podido o no han querido atender.