Opinión

Oposición ausente, tibia, desarticulada

Los partidos políticos son organizaciones ciudadanas de carácter público, con objetivos muy bien determinados, tanto en las leyes de la materia como en su misma constitución interna de cada uno

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 28 noviembre 2021 | 06:00

Los partidos políticos son organizaciones ciudadanas de carácter público, con objetivos muy bien determinados, tanto en las leyes de la materia como en su misma constitución interna de cada uno, y tienen como fin último la obtención del poder político que les permita aplicar las políticas públicas acordes con su ideología o principios, pero siempre en beneficio de la comunidad, así es como debería ser.

Así pues, los ciudadanos mexicanos mayores de edad, o en condición de votar y ser votados, se agrupan en organismos políticos con los que tienen afinidad de pensamiento, de principios, de visiones sobre la economía, la sociedad, la educación, la política y la democracia, con el fin de impulsar a los mismos integrantes de esa institución, o a algún ciudadano notable, para que accedan a posiciones de poder, mediante los procesos electorales respectivos, logrando así el fin último para el que fueron conformados.

Sin embargo, este gran objetivo de alcanzar el poder no es el único que tienen, o deberían tener, los partidos políticos, porque para lograrlo exitosamente dependen de otros objetivos intermedios tales como una militancia abundante, estructura y organización territorial suficiente, oferta política interesante, pero, sobre todo, una fuerte participación de la sociedad en los procesos electorales, porque muchos ciudadanos votan sin pertenecer a ningún partido u organización política.

Es en este tema, precisamente, el de la participación ciudadana en el que la mayoría de los institutos políticos han fallado estrepitosamente porque, hay que decirlo con todas sus letras, los altos índices de abstencionismo que padecemos en México tienen su origen en una falta de cultura política, de educación básica en el tema, sin importar la clase o condición social del votante para que se interesa verdaderamente en los asuntos políticos y electorales de México.

De acuerdo con las cifras de elecciones recientes, nacionales, es evidente que más de un tercio de los electores no tienen el menor interés en participar en los procesos electorales, y en algunos casos casi la mitad, lo que resulta verdaderamente preocupante.

Hoy los juarenses vivimos una singular condición política. El Municipio es gobernado por Morena, el Estado por el PAN y la Presidencia de la República por Morena, es decir, hay una muy marcada diferencia político-partidista en cuanto al origen de cada nivel de gobierno, lo que finalmente refleja una interesante madurez política de los electores en Chihuahua, aunque, insisto, los niveles de participación ciudadana en las elecciones son muy bajos.

Pero ¿por qué afirmo que son los partidos políticos los que han fallado en cuanto a la participación ciudadana? Sencillo, porque siendo uno de sus objetivos captar más y más seguidores o simpatizantes para sus respectivas causas, debieran empezar primero por forjar ciudadanía, sí, reeducar a la sociedad en los procesos políticos y la importancia de su participación en los mismos, y deben hacerlo desde una visión totalmente incluyente y amplia, es decir, a todos los estratos o niveles sociales, con mensajes adecuados a cada uno.

En la medida que cada partido o instituto político fomente, difunda y promueva la educación política entre los ciudadanos, primero, aún antes de pretender afiliarlos a sus causas, en esa misma medida tendrá mejores y mayores posibilidades de captar seguidores para su propósito, de otra forma las posibilidades se reducen drásticamente.

Es como sembrar en la tierra cualquier semilla. Los agricultores saben bien que una buena cosecha dependerá en gran medida de una buena preparación de la tierra, saben que no pueden enterrar las semillas así nada más, deben preparar el terreno para que esté en condiciones adecuadas.

De igual forma, los partidos políticos primero deben “preparar el terreno” para que reciba la semilla del adoctrinamiento político, y el terreno en sentido figurado es, precisamente, la sociedad. Ningún partido político puede pretender que los electores se interesen en la política, desconociendo los elementos básicos de la misma, ignorando cuáles serán los beneficios de participar activamente en esa actividad.

Por eso la importancia de formar sociedad, de forjar ciudadanía, de fomentar la cultura cívica de los mexicanos, antes que pedirles una firma en una solicitud de afiliación o un voto en un proceso electoral.

Eso es precisamente lo que no han hecho los partidos políticos, y por eso hoy el sistema democrático mexicano se debate claramente entre dos visiones políticas: la del gobierno federal encabezada por López Obrador, y la de la oposición, en conjunto, conformada por un amplio bloque de partidos políticos, aunque debemos decirlo, amplio por cuanto a los membretes que la integran, pero reducido por cuanto a lo que electoralmente pueden representar.

A nivel nacional nada ni nadie parece representar una seria amenaza al proyecto transformador de López Obrador y la denominada 4T. Sin embargo, en Chihuahua, las cosas fueron muy distintas que en el resto del país, en las pasadas elecciones de junio de este año, en las que el PAN se impuso con amplitud en la gubernatura del Estado y mantuvo una clara mayoría en el congreso local.

Así pues, siendo gobierno en Chihuahua, el PAN y su alianza política con PRI y PRD, deberán sortear las dificultades naturales que implica la convivencia forzada con un gobierno federal de signo político contrario, sin entrar a una confrontación abierta, así como la construcción desde ya de un proyecto político-electoral que, desde esta entidad, contribuya a un escenario favorable para esa misma alianza en el proceso electoral de 2024, en el que deberemos elegir nuevo presidente.

Se antoja bastante complicado para el PAN y sus aliados, pese a su mayoría en el congreso y en los municipios del estado, diseñar y ejecutar una estrategia de gobierno que promueva buenos resultados para la sociedad, sin que eso represente un choque frontal con el gobierno federal, pero que, al mismo tiempo, favorezca la buena imagen del gobierno panista, como forma de robustecer la presencia electoral, considerando además que Morena también gobierna la ciudad más importante del Estado, Ciudad Juárez.

En ese orden de ideas, aun suponiendo que la contribución de Chihuahua al proyecto político aliancista fuera positiva, definitivamente no alcanzará por sí misma para lograr lo que hoy parece una misión imposible: derrotar en las urnas a Morena en el 2024.

Misión imposible que además resulta hasta irónica porque, de acuerdo con muchos indicadores de gobierno, la gestión del presidente López Obrador no ha sido precisamente de las mejores en la historia del país, incluso hay analistas y politólogos que se atreven a señalarlo como el peor presidente que hemos tenido, entonces ¿por qué mantiene una popularidad y aceptación social tan altos? 60 por ciento de acuerdo con las más recientes mediciones de aprobación presidencial.

¿Por qué la oposición, o bloque opositor, no ha logrado mermar esa popularidad y aceptación de la que goza el presidente? ¿Por qué parece no haber en México nadie capaz de hacer un fuerte contrapeso político a López Obrador?

Solo hay una respuesta a esos cuestionamientos: no hay oposición. No existe. Ni hay tampoco figuras con el capital político, social y mediático para encabezar esa oposición firme, decidida, informada, sustentada.

Y no hay oposición porque los partidos políticos, contrarios al del presidente, no han logrado descifrar las claves de la gran popularidad y aceptación que este tiene, a pesar de los múltiples y constantes escándalos de corrupción, abuso de poder y autoritarismo de personajes muy ligados al tabasqueño que parecen no afectarle en lo más mínimo.

“Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento”, decía Nelson Mandela en 1998, y quizá esas palabras encierren el “secreto” de López Obrador.

Mientras la oposición no le arrebate a AMLO su “mercado” electoral, los pobres, nada lograrán mellar su aceptación, y no es que los pobres no comprendan conceptos de macroeconomía, o justicia, o PIB, o democracia, no, solo que nada de eso importa cuando se tiene hambre, o cuando hay que comprar ropa a los niños o medicinas a los enfermos y no hay con qué. Esos son conceptos completamente ajenos a su realidad, aunque les entiendan y los comprendan, primero está comer.

Notas de Interés

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