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Opinión

Nuestras niñas y adolescentes maternales

Recorriendo las escuelas, colonias o centros de atención médica de Ciudad Juárez, miramos a esta realidad que persiste y nos hace encender algunas alarmas

Gabriela Cisneros Gallegos
Analista

jueves, 08 septiembre 2022 | 06:00

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Recorriendo las escuelas, colonias o centros de atención médica de Ciudad Juárez, miramos a esta realidad que persiste y nos hace encender algunas alarmas: las jovencitas embarazadas. Algunas consideramos necesario acercarse a observar algo de este panorama que complejo desde lo social, económico, educativo, de salud pública y cultural. Entender qué es lo que lleva a las adolescentes a tomar esta decisión, en el mejor de los casos que lo hubieran hecho con algo de autonomía. El embarazo en adolescentes es una situación con características muy particulares y de gran preocupación, no solo para los sistemas de salud, cuando ocurre en mujeres de 15 a 19 años lleva un riesgo doble de morir, y de hasta cinco veces en las más jóvenes es decir de los 10 a los 14 años, frecuentemente debido a infecciones, anemia, preeclampsia-eclampsia, entre otras.

En Chihuahua y particularmente en nuestra ciudad, tenemos alta incidencia de embarazo en la población adolescente, por tanto ha sido imperativo afinar estrategias para la reducción en los embarazos antes de los 20 años de edad, particularmente en el grupo de 10 a 15 años.

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A través de las instituciones se han hecho esfuerzos para disminuir sus tasas de incidencia que se ha registrado dentro de las más altas del país, como en el año 2018 que según cifras del INEGI nuestro estado era el más alto con embarazo en adolescentes, reflejando una tasa de 21.4 por cada 100 nacimientos. Se tiene documentado por la Secretaría de Salud que en el año 2018 se atendieron en Juárez, un total de 197 nacimientos de madres que tienen entre 10 y 14 años de edad y seis mil 616 en los que las madres tienen entre 15 y 19 años, en este grupo de edad que se embaraza, más de la mitad no continúa sus estudios y serán madres solteras, muchas de ellas tendrán la posibilidad de tener un segundo hijo de un padre diferente, y mayormente será entre tres y cuatro años después del nacimiento del primer hijo. Según el Subgrupo Estatal para la Prevención del Embarazo en adolescentes en Ciudad Juárez, en el 2019 se registró una cifra en nuestra ciudad de cuatro mil 216 embarazos en niñas y adolescentes de los 10 a los 19 años. Y en el 2021, el 36 por ciento de los embarazos totales atendidos en los Servicios de Salud del Estado correspondían a los que ocurren en las mujeres de 15 a 19 años, especialmente al nororiente de la ciudad.

El papel social de las niñas y adolescentes, desde su expectativa de vida se ve aún muy influenciado por el rol de la maternidad; así, las adolescentes que conviven con una pareja tendrían alta probabilidad de embarazarse, anteponiendo un papel de madre a su formación educativa. Esto también se relaciona con el nivel socioeconómico, sobre todo cuando se encuentran en un estrato bajo y con la presencia de rezago educativo por deserción, el propio entorno escolar puede traer consigo una serie de desventajas, que se ponen de manifiesto durante la etapa de la adolescencia. Si bien durante el embarazo la adolescente puede tener apoyo para continuar sus estudios, como ocurre en algunas escuelas públicas de Ciudad Juárez, la situación será muy diferente al momento del nacimiento del o de los hijos, ya que casi la mitad de las adolescentes en esta situación pueden llegar a desertar sus estudios. Además de la alta probabilidad de las mujeres embarazadas de llegar a tener descendencia más numerosa que aquellas que lo hacen a mayor edad. 

Las expectativas de nuestras más jóvenes, se ven reducidas desde sus hogares o sus círculos escolares, donde es una normalidad el inicio de relaciones sexuales a temprana edad, sin los elementos educativos y de salud que debería de tener cualquier persona, las chicas asumen entonces que la consecuencia del embarazo, también es normal pues así lo ven en el entorno, incluso consideran que no embarazarse a esta edad podría dejarlas en desventaja social con sus iguales. La violencia sexual con carga de vergüenza y culpa, es otra cara normalizada que origina embarazos. 

El grupo de adolescentes carece de acceso a una educación sexual integral, a servicios de salud adecuados a sus necesidades y de una función protectora y de formación que debiera asegurarle su núcleo familiar. Nuestra comunidad persiste con actitudes nocivas hacia la mujer, particularmente en el grupo adolescente tales como la desigualdad, estigmatización e incluso la violencia en diferentes formas, psicológica, física, sexual, incluido el abandono de sus parejas sentimentales ante esta situación.

Transformar las expectativas de nuestros adolescentes es una tarea de todos, aunque parezca que es de nadie, el enfoque educativo es indispensable en los padres o cuidadores, que sean capaces de sensibilizarse y entender que existen derechos inherentes en los menores de edad que los protegen de cualquier clase de violencia o maltrato, incluida la omisión de cuidados o falta de acceso a una educación sexual integral. Importante el identificar factores que pueden influir en el entorno familiar, escolar o comunitario especialmente y enfáticamente para prevenir cualquier tipo de violencia, así como los signos de alarma de violencia o maltrato infantil y aquellos casos donde el menor esté sin matrícula escolar e inserto en un trabajo, para establecer medidas de protección y de mejora en su situación. Enfatizar la búsqueda de cualquier tipo de violencia en menores con alguna discapacidad, así como tener redes de apoyo, y ser capaces de romper las cadenas generacionales de maltrato o estigma, con un enfoque desde la familia. 

Las más jóvenes pudieran entonces tener otras posibilidades, diferentes a ser madres, entendiendo que dar vida no es para quedarse sin ella.  

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