Opinión

No saben qué hacer, pero algo tienen que hacer

En marzo cumpliremos dos años en pandemia y el final de esta pesadilla sigue muy lejos todavía

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 09 enero 2022 | 06:00

En marzo cumpliremos dos años en pandemia y el final de esta pesadilla sigue muy lejos todavía. Chihuahua está de nuevo en color naranja, según el subjetivo y politizado semáforo epidemiológico implementado en nuestro país. Lamento profundamente decirlo, pero se avecina un caos que casi nadie ve. 

Antes de continuar, es importante que aclare que considero una medida correcta vacunar, pero también veo que se ha politizado el tema al grado de convertirse en un discurso ideológico. 

La gran pregunta aquí es ¿de qué han servido las vacunas? El mundo vuelve a convulsionarse por la cuarta ola de Covid-19, mientras los servidores de la salud se preparan de nuevo para enfrentar la saturación de los hospitales y, otra vez, como si fuera la primera vez, a trabajar con las uñas como hace dos años. 

Como ha sucedido desde el inicio de la pandemia, las autoridades se contradicen. Desde la OMS hasta los gobiernos locales han resuelto sobre las rodillas cada problema, improvisando e intentando atinarle. Aparentemente, buscan la respuesta científica, pero hasta la certeza de la ciencia se ha diluido entre las variantes de este virus.

Al principio parecía que la vacuna cambiaría el rumbo de la historia, pero no es así. Una serie de vacunas no fueron suficientes, ahora se habla de un refuerzo y en unos meses hablaremos de un segundo refuerzo o un tercero. Pero nadie cree que con eso se resuelva la pandemia, ni siquiera los mismos científicos. No lo queremos aceptar, pero no hay solución.

Hasta el momento, estamos frente a vacunas paliativas que intentan contener el embate del virus a gran escala. Otra vez la pregunta, ¿de qué han servido las vacunas? Pues no lo sabemos todavía, parece que ayudaron a disminuir la mortalidad del Covid-19, pero en realidad, para lo que sí sirvieron fue para mantener el orden social porque, aunque la gente no confía en la vacuna, quiere creer que es la respuesta.

La vacuna tiene una raíz unida al poder en el subterráneo, porque representa la esperanza de que todo esto terminará algún día, es la confianza de que el Estado por fin resolverá el problema para el que fue creado y protegerá a sus ciudadanos como el padre misericordioso que cuida a sus hijos. La vacuna es, principalmente, un discurso político de esperanza. 

Nos enfocamos en las vacunas y se nos olvidó la pandemia. Dicen que el hombre es el único animal que no aprende de sus errores. Esta es una muestra, vivimos casi dos años en pandemia y no aprendimos nada, no nos preparamos para otra posible pandemia, ni entendimos que el encierro y la prohibición es la peor medida posible, no por nada, en la Constitución mexicana quedó plasmado el estado de sitio como el último recurso del gobierno y que es completamente excepcional.

En México, la pandemia se ha convertido en el principal eje del gobierno, pero solamente en el discurso, porque en la realidad es el último rubro en la prioridad del gasto público. Para la Federación, es más importante el tren maya que el Covid-19. Y, entre menos mortal sea el virus, menor importancia. Solo piensan en la inmediatez del momento político. El gobierno pensó: ¿qué de malo podría suceder si ya pasamos lo peor? 

A la Federación le importó poco y a la sociedad se le fue olvidando la pandemia. Según El Financiero, en una encuesta de percepción realizada en abril de 2021, la pandemia pasó a ser el segundo lugar en las preocupaciones de la población mexicana y la inseguridad se posicionó en el primer lugar. Creímos que ya nos habíamos salvado.

En Chihuahua, la cosa no fue distinta. Durante los dos años de pandemia que le tocaron al exgobernador Javier Corral, hubo decisiones erráticas que costaron vidas y lastimaron la economía local, murieron miles por Covid y fue por no tener una estrategia de salud pública, además, cientos de negocios se fueron directo a la quiebra.

Corral se dedicó a llorarle a la Federación por recursos extraordinarios, pero no para ampliar la capacidad hospitalaria o para hacer pruebas masivas de Covid-19, pedía dinero para lanzar su última campaña de obras públicas e intentar salvar su pésima imagen. Así, construyó puentes enanos que no cumplen con los estándares del transporte transnacional e inauguró falsas obras sin terminar que no tienen sentido, como las dos líneas fantasmas del BRT. Dos elefantes blancos colosales que están a la vista de todos. ¡Y nadie hizo nada!

El dinero que debía estar a disposición para salvar vidas en el primer frente del Covid-19, se fue a un pozo sin fondo que es el BRT y las demás obras mal planeadas por órdenes de Corral. Evidentemente se trata de una negligencia del exgobernador que costó la vida de cientos de chihuahuenses y que fueron su responsabilidad directa.

Todo el 2021, Corral se dedicó a patear el bote hacía enfrente, dolosamente se negó a trabajar en un plan de contingencia para otra posible ola de Covid-19. Lo hizo premeditadamente, para provocar el caos y a sabiendas de que solamente dejaba problemas a la siguiente administración, fuera quien fuera. 

Como sociedad, caímos en el engaño del gobierno federal y estatal. De pronto, comenzamos a poner atención en las vacunas y la gente seguía el calendario como el corredor que persigue la meta. Nos vacunamos y olvidamos. Eso pasa a veces con las tragedias, queremos que terminen y después queremos borrarlas de la memoria. 

Entre las elecciones del 2021 y las vacunas, nos dibujaron un futuro mejor, pero todo fue una mentira, una gran ficción estatal que sirvió como el distractor ideal.

Pero esta vez no es así. Olvidar fue un error. Creer que la vacuna resolvería la pandemia es una quimera y el final parece inalcanzable. El año 2022 comienza con el pie izquierdo, porque ahora nos enfrentamos a nuestra propia ingenuidad, a la ceguera y al Estado que se vuelve a mostrar con las limitantes que siempre ha tenido. No saben qué hacer, pero algo tienen que hacer. 

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