Opinión

No pensemos en el mañana, reflexionemos el hoy

¿Qué quedará después del Covid-19?

Jorge Breceda
Analista

sábado, 30 mayo 2020 | 06:00

En los múltiples artículos que he tenido oportunidad de leer, centran su esfuerzo intelectual en realizar proyecciones del mundo: ¿Qué quedará después del Covid-19?, se examinan con mucha puntualidad las nuevas realidades con las que nos enfrentaremos como humanidad.  

Sin embargo, ¿qué sucede con el presente, con el hoy? Pues la siguiente reflexión va encaminada a preguntarnos como humanidad lo que está sucediendo, aquellos hechos y acciones que están tan cerca que no las percibimos o identificamos en su justa dimensión.  

La presente reflexión surge de un lector que me contactó, él labora en el sector salud de nuestra ciudad, es uno de los tantos médicos que se enfrentan diariamente a lo que se le llamará en los siguientes renglones “adiaforía”, término que se explicará, tanto en su funcionamiento, como en sus repercusiones hacia la humanidad.  

Para iniciar, debemos de reconocer que nos encontramos en un escenario excepcional que admite variar la naturaleza humana y sus valores, un contexto de singularidad que es capaz de ceder una decisión primigenia a un sujeto ajeno a las implicaciones de esta, es decir, aquel médico que decide sobre la vida y la muerte del paciente.   

La dificultad en la reflexión es diversa, primero, porque en el diario quehacer existe legitimización en la decisión, ya que nadie dudaría de ella o pondrá en entredicho el actuar del médico, de aquí la importancia de identificar los parámetros que les permite a los integrantes del sector salud dormir, sonreír o amar después de determinar sobre la vida del otro.     

Ahora bien, ¿qué es la adiaforía? Éste término deviene del griego, cuyo significado se estable como la indiferencia, apatía o indolencia hacia las hechos, actos o personas.  

Una mejor explicación del concepto, cuando una persona -médico para nuestra reflexión- efectúa o toma una decisión carente de sustento axiológico o elementos trascendentes como la moral o ética, no así de elementos como el perspectivismo, subjetivismo o relativismo, he aquí la adiáfora.  

Ahora bien, la problemática no recae en la justificación de la decisión porque aun en la adiaforía existe un fundamento, la cuestión es si esos elementos que le dan sustento serán los suficientemente potentes para que después de consumar la decisión, la moral, ética o valores -religiosos- le demanden al sujeto por su juicio.  

Para hilar con mayor fineza, es permitido un ejemplo, imagine que el médico debe decidir a quién darle un tanque de oxigeno, esta disyuntiva es inexistente en un escenario estándar, ya que en la normalidad le diría que debe atender a las máximas médicas que consisten en maximizar la vida de todas las personas, así que buscaría la posibilidad de salva ambos sujetos.  

El problema radica en cómo se vive diariamente, es decir, qué hacer en la disyuntiva dentro de la excepción, en donde el médico debe decidir si atender a los pacientes de Covid-19 sin las herramientas, mecanismos o protocolos para salvaguardar su integridad y la de su familia.  

En este ejemplo, visualice que llega un paciente diagnosticado con Covid-19 y el enfermero no cuenta con guantes, lentes, tapabocas y traje para salvaguardar su integridad, él antes de atender al paciente recuerda que su esposa tiene una enfermedad autoinmune y su hijo tiene problemas con los pulmones desde que nació, ambos casos que implicaría que de enfermarse esposa e hijo, las expectativas de vida son más bajas que la del propio paciente. 

¿Debe el enfermero exponer su salud y la de su familia por la vida de un desconocido? Es en la respuesta en donde aplica la adiaforía, ese momento en el que la naturaleza -práctica ética- del ejercicio de la enfermería se somete a los intereses personales y se decide sobre la salud y vida del otro.  

Ahora bien, ¿tal decisión se justifica? Considero que no y es lamentable, porque esto entraña que quien tome una decisión basado en el utilitarismo, subjetivismo, entre otros, tendrá un momento de reclamo, ese espacio de reflexión-introspección que le obligue a cuestionarse su decisión.  

Sólo por lo anterior, las personas del sector médico no únicamente les es necesario un profundo reconocimiento, sino tomar las medidas necesarias, esa política pública que se preocupe por la salud mental de esos héroes y heroínas que diariamente luchan por bienestar.