Opinión

No lo digo yo

Al terminar de impartir una de mis clases noté que Esthercita, la señora que me auxilia en casa, estaba de pie junto a mí

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 24 marzo 2021 | 06:00

Al terminar de impartir una de mis clases noté que Esthercita, la señora que me auxilia en casa, estaba de pie junto a mí. Inició la plática preguntando: ¿se acuerda a qué hora me fui ayer? Sí, respondí, alrededor de las dos y media. Pues sí, continuó diciendo, me dieron casi las cinco de la tarde y ningún camión -de transporte público- me levantó; a esa hora decidí cruzar la calle de nuevo para tomar la ruta hasta el Centro y, desde ahí, tomar otra hacia la casa. Cuando llegué, ya era de noche. Sucedió sobre la Gómez Morín.

Esta es la historia de un día, como cualquiera, que viven decenas de miles de juarenses. Si alguna unidad de transporte público la hubiera recogido desde la primera vez que hizo la señal de parada, ella hubiera llegado a su casa en unos 50 minutos. Sin embargo, cansada de esperar a que algún chofer se “apiadara”, obligada por la indolencia optó por tomar la ruta en sentido contrario para después, desde el Centro, retomar su camino hasta la Carlos Castillo Peraza, colonia donde vive. Fueron unas cuatro horas y media las que transcurrieron desde que salió del trabajo hasta llegar a su casa. ¡Cuatro horas y media! 

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, nos advierte que los modelos de transporte ineficientes, y caros, obstaculizan la actividad económica de las ciudades y causan grandes pérdidas económicas. Eso nos interesa a todos: estamos hablando de nuestra ciudad. Sin embargo, tanta importancia tiene el tema económico como considerar el tiempo que las personas pasan arriba de un camión de transporte público, o esperando a que las recojan, o bien haciendo recorridos innecesarios gracias al modelo radial que tenemos: congestionamiento, caos y contaminación es lo que vemos, y un gran aporte a la marginación.

Algunos autores insisten en que la prosperidad de su gente es un factor determinante para elevar la competitividad de las empresas; igual de importante lo es también disponer de infraestructura adecuada y el buen gobierno. Se afirma también que una zona metropolitana competitiva es, sobre todo, aquella que garantiza el bienestar de sus habitantes y asume al transporte público masivo como eje fundamental para su desarrollo. Por su parte el Instituto Mexicano para la Competitividad alerta que las horas perdidas en los traslados son comparables a millonarias pérdidas económicas.

Según el Reporte Nacional de Movilidad Urbana en México 2014-2015, publicado por ONU Hábitat, el derecho a la movilidad es un factor estratégico de la prosperidad urbana y afirma que las ciudades mexicanas no han logrado vincular el modelo de transporte con el desarrollo urbano y menos aún con la vivienda. Como muchas, Ciudad Juárez es parte de las ciudades 3D: dispersas, distantes y desconectadas que permiten a la marginación, exclusión y segregación hacer de las suyas con su población. Más aún, este modelo de crecimiento exacerbado nos ha llevado a la crisis de movilidad que padecemos hoy día y a la necesidad del uso, y abuso, del vehículo automotor. La ONU sostiene que es imperante disminuir el número de vehículos a través de la consolidación de sistemas integrados de transporte masivo, cultura y educación sobre movilidad especialmente frente a grupos vulnerables y promoción de infraestructura vial que considere calles completas con diferentes modos de movilidad ¡bienvenidos ciclistas! peatones y accesibilidad universal. 

Estamos en un momento coyuntural. Ante el cambio de paradigmas pensemos que la desigualdad siempre traerá consigo la opacidad y menos oportunidades, así que, con tantas desigualdades encima, disminuyamos la brecha y hagamos lo que nos toca para darle a esta bella ciudad, tuya, mía y de ellos, un destino mejor.

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