No hay quinto malo

Y volvimos, Juárez de nueva cuenta esta en el top 5 de las ciudades más violentas del mundo

Carlos Irigoyen
Analista Independiente
viernes, 15 marzo 2019 | 06:00

Y volvimos, Juárez de nueva cuenta esta en el top 5 de las ciudades más violentas del mundo, el número promedio de homicidios por cada 100 mil habitantes. Preocupante que tenemos encima del problema real la inseguridad, la percepción que sin duda lastima y estigmatiza a una comunidad entera que ha estado sujeta a intenso escrutinio desde hace más de 25 años, primero con los feminicidios, luego con la cruenta guerra de las muertes derivadas de actividades propias de la delincuencia organizada. En los últimos tiempos hemos sido un visitante frecuente de la lista, salvo aquel año donde vino Su Santidad, no quiero ni pensar que por la politiquería nos dieron la oportunidad de salir de la lista.

Aun más grave, de las 10 ciudades más peligrosas cinco se encuentran en territorio nacional. ¿Qué aplicamos, el perdón o el olvido? Las situaciones que han generado el clima de extrema violencia siguen presentes en todo su esplendor, de ahí que las medidas giradas por el presidente sean tan absurdas en lo que respecta al tema del desarrollo social o bien la Secretaría de Bienestar, la pregunta es ¿cuál bienestar cuando Tijuana, Acapulco, Ciudad Victoria y Juárez están dentro del top 5?

Vea de nueva cuenta la lista, dos ciudades fronterizas de alto impacto en la industria maquiladora y electrónica no sólo a nivel nacional, a nivel mundial; la Perla del Pacífico que durante mucho tiempo fue un paradisiaco puerto, atractivo para el turismo de toda índole hoy sumido en el cuestionamiento de cómo blindarla y también Ciudad Victoria, la capital de uno de los estados más convulsos de la república y que dicho sea de paso también es frontera con los Estados Unidos y donde ya han surgido brotes de movimientos obreros en demanda de mejores condiciones.

Pero tengamos un enfoque en nuestra ciudad, la violencia nunca se fue eso es una certeza y las estadísticas los están reafirmando de una forma contundente y espeluznante. El Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal ha dictaminado que los números de la violencia están altos para la tasa poblacional y que estamos por encima de grandes ciudades como Detroit, urbes de Sudáfrica, Colombia, Venezuela entre otros países; lugares donde por cierto hay una gran cantidad de problemas sociales, económicos e incluso algunos de ellos ya en condiciones de guerra.

Y así Juárez a pesar de su potencial económico, su posición geográfica privilegiada y multiculturalidad sigue sumida en una crisis de seguridad y no es por ser pesimista, no se ve final del túnel.

Bajo condiciones de extrema pobreza, empleos con sueldos de supervivencia, altos índices de corrupción en gobiernos, instituciones y ciudadanía en general, el panorama se ve bastante complejo.

La pregunta es ¿qué hacer? ¿Cómo podremos aspirar a mejorar las condiciones de vida de nuestra población? Si las cosas siguen así no habrá poder institucional que pueda revertir lo que esta pasando. La desintegración familiar es una estaca que está atravesando cualquier posibilidad de tener una integración social que pueda revertir procesos virulentos y de necrosis. La educación es en el largo plazo la respuesta necesaria para crear una mejor sociedad, con mayores oportunidades de desarrollo y por ende, un mejor nivel de vida.

Qué importante será que a partir de este momento haya una intensa comunicación entre sociedad, academia, Gobierno y empresarios; si no hay una unión genuina y con liderazgos reales, nuestra ciudad estará condenada a la involución y la pérdida gradual y acelerada de las condiciones de vida que hacen que las ciudades sean realmente un entorno disfrutable.

No es con frases populacheras, de picardía mexicana o con buenos deseos o enconos como habremos de cambiar la realidad, es con planes de acción ejecutados de forma disciplinada y monitoreados en su eficiencia como cambiaremos la realidad; las ocurrencias deberán ser dejadas para otros tiempos, impera la aplicación de programas que hagan que se mueva el engranaje social.

De nuevo estamos al borde del precipicio, estamos en un camino donde de no haber vuelta atrás y en el cual hay mucho que perder, nuestra ciudad estará sumida en una situación más adversa que la que vivimos en 2008 y años subsecuentes. La cuestión es cómo integrarnos y darle vuelta a los retos que implica el ser la quinta ciudad más violenta del mundo.

Y como cierre, son 15 ciudades mexicanas que están dentro de las 50 más inseguras del mundo, menudo problema de percepción muy realista tenemos a nivel nacional, ¡me canso ganso! Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos?