Opinión
OPINIÓN

No ha sido capaz de gobernarse a sí mismo

Los problemas que sufre Chihuahua son graves porque Javier Corral es incapaz de gobernarse a sí mismo. Usa las vísceras en vez de las neuronas para conducir los delicados asuntos de gobierno

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 04 octubre 2020 | 06:00

Los problemas que sufre Chihuahua son graves porque Javier Corral es incapaz de gobernarse a sí mismo. Usa las vísceras en vez de las neuronas para conducir los delicados asuntos de gobierno.

Tenemos en las versiones impresa y digital de La Columna una captura de pantalla o screenshot donde la administradora del grupo, Margarita Solís, “eliminó a Juan Carlos Loera”, representante en Chihuahua del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Ese es un grupo de Whatsapp llamado Coordinación de Seguridad (Paz) Juárez y lo integran Corral Jurado; sus principales funcionarios del área política y de seguridad –desde luego el fiscal general del Estado y el secretario de Seguridad-, los jefes de la Guardia Nacional, los comandantes militares de la Guarnición Juárez y el jefe de la V Zona; el presidente municipal, Armando Cabada, los jefes de la Policía Municipal, etc.

A través de esa herramienta se giran las comunicaciones en materia de seguridad y dan seguimiento a los acuerdos que son tomados precisamente durante las reuniones de planeación.

Su importancia debiera ser vital no sólo para Ciudad Juárez sino para el estado puesto que los miembros de ese mismo grupo se repiten en la entidad salvo la autoridad municipal.

Por ahí bajó la eliminación de Loera y por lo tanto del Gobierno federal para el rubro que encabeza uno de los más sonados fracasos durante la actual administración encabezada por Corral: la inseguridad pública, la violencia sin parangón. Chihuahua en el lugar 31 de los 32 estados del país en criminalidad. Segundo lugar... de atrás hacia adelante.

Sólo un caprichoso como el gobernador podría disparar una orden tan infantil, contranatural para las circunstancias actuales.

No hay más explicación lógica para un “lujo” de esos que el razonamiento obturado por el odio primitivo que no admite un segundo de reflexión sobre las afectaciones institucionales, el impacto social.

Podemos ver en la pantalla capturada que el número que eliminó a Loera es el 614 2 39 37 61. Corresponde a Margarita, o Margareth Solís, jefa de asistentes del secretario general de Gobierno, Luis Fernando Mesta Soulé, quien ha transformado a pandillero el sentido político, diplomático de su cargo.

Solís recibió directamente de Mesta la orden de borrar a Loera, y este a su vez de su patrón Corral Jurado.

Las evidencias son tan públicas como la moneda regresada por AMLO a Corral durante su visita del viernes a esta ciudad al excluirlo de los eventos, pero vale la pena traer el énfasis que Mesta puso el 21 de septiembre en un comunicado donde abordó el tema e inclusive lo colocó en palabras del gobernador.

"En una mesa tan estratégica, donde se abordan temas de suma confidencialidad, su presencia se ha vuelto carente de confianza... Juan Carlos no entendió su papel en la mesa donde se abordan asuntos de enorme confidencialidad... El cinismo de Loera no tiene límites, ya que su participación en la mesa del Grupo de Coordinación para la Reconstrucción de la Paz se daba sólo por invitación del gobernador”... Palabra del señor, debió rematar.

Ese coraje no guarda congruencia con los antecedentes de relación amistosa y hasta de negociaciones productivas específicamente para el grupo en el poder estatal.

La reestructuración de la deuda pública estatal por 28 mil millones de pesos sólo pudo concretarse en el Congreso del Estado con el voto de Morena tras largas veladas entre Corral y Loera que incluyeron Palacio de Gobierno y alguno de los domicilios del primero en Juárez.

Vino el conflicto por el agua, vino el intento del gobernador por seguir maniobrando los terrenos de la Cuarta Transformación con AMLO y Loera al frente; pero también alcanzó al escenario la lucha interna en el PAN por la gubernatura... Todos los partidos andan a punto de definir sus candidaturas; el estado sufre en materia de seguridad pública pero sigue a punto de tocar el suelo también en materia de finanzas por ineptitud y franca corrupción...

Corral no duerme en busca de una tabla de salvación a todo ello porque, en los hechos, dejará la gubernatura en nueve meses y después volverá sólo para rendir las cuentas pendientes, infinitas a estas alturas.

No haya cómo escapar del abismo inminente cuyo camino ha sido pavimentado por él mismo.

Parece que no le importa ya ni la disposición de alianza o entendimiento con el independiente edil de Juárez, Armando Cabada. Pocos entendieron al alcalde cuando intercambiaba comentarios con AMLO el viernes y le decía que también tiene su propio FRENAAA con grupos críticos opositores locales.

Corral tenía en ese momento en Chihuahua a representantes del Plan Estratégico cuestionando sólo a la alcaldía fronteriza.

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La orden infantil para que Loera quedara borrado del grupo interinstitucional de seguridad no es otra cosa que la seguidilla de actos locuaces emprendida por Corral desde iniciado el régimen. Muy pronto demostró que su talón de Aquiles sería su propia falta de control.

No soporta decisiones contra las suyas aunque lo afecten. El Instituto de Transparencia ha sobrevivido por obra de milagro. Fue borrado casi completamente del radar corralista desde que sus directivos se negaron categóricamente a ser mangoneados en su vida interna por Palacio de Gobierno. Aun debe haber litigio constitucional por la destitución de su primer presidente, Rodolfo Leyva Martínez.

También fueron separados de sus cargos arbitrariamente tres titulares de la supuestamente autónoma Auditoría Superior del Estado (ASE). Uno de ellos, llegado del pasado sexenio, fue recluido y permanece en la cárcel; natural por tal razón, si pudiéramos llamarlo así. Panistas perfectamente definidos los otros dos. Uno fue botado con la policía por delante.

El Poder Legislativo ha sido utilizado únicamente para aprobar cuentas, leyes convenencieras y reestructuraciones de deuda pública pero Corral lo sigue viendo hacia abajo desde el 2016.

No le agradó la conducción de Miguel Latorre como jefe de los diputados panistas (los que administran la millonada presupuestal en el Congreso) y ordenó su destitución. Ha preferido corromper con acuerdos lucrativos a diputados del Movimiento Ciudadano, Partido del Trabajo, de Encuentro Social, Partido Verde, etc., que mantener unidos a los legisladores de su propio partido, Acción Nacional. Se ha ganado la animadversión de la mitad de ellos.

Desde octubre del 2016 ha sostenido con fuerza también el zapato en el cuello del Poder Judicial. Primero fue el argumento del control duartista en la presidencia y en el Consejo de la Judicatura que ni formalmente había sido instalada pero luego echó al segundo presidente impuesto por él mismo con la ayudita de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Ha navegado ese Poder “soberano” contra viento y marea. Está más que cantada para este domingo la reelección de Pablo Héctor González como presidente del Tribunal Superior de Justicia, -sucesor del depuesto Julio César Jiménez Castro-, obviamente con el visto bueno de Corral pero con jueces y magistrados rezando porque termine la “tiranía del nuevo amanecer”.

Todos esos movimientos, todas esas actuaciones, han sido infectadas por la viruela de la soberbia y han contagiado a los funcionarios más cercanos del corralismo; igual que su jefe, habla el secretario general de Gobierno (“el cinismo de Loera no tiene límites”), el de Hacienda, el de Comunicación Social, el de Desarrollo Rural, el de Seguridad... las excepciones pudieran confirmar la regla.

Han generado mala vibra y peor ambiente entre los propios chihuahuenses. No hay tolerancia, pluralidad ni inclusión, puro odio. Las pruebas son irrefutables.

Lo mismo pelea Corral hoy contra AMLO que contra sus compañeros panistas presidentes municipales de Chihuahua y Delicias, Maru Campos y Eliseo Compeán, a quienes excluyó de un encuentro secreto con alcaldes blanquiazules para girar consignas contra la Presidencia de la República.

Pretende liderar, buscar dirigir, pero no tiene control ni sobre sí mismo. Así avanza a la inexorable muerte de su mandato.