Opinión
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Ni por su valor y gallardía acudieron a su funeral

No fue sorpresa pero es imposible pasar por alto la ausencia del gobernador Javier Corral y del fiscal César Augusto Peniche, en los honores de una suboficial de la CES, asesinada el pasado miércoles en Juárez

LA COLUMNA
de El Diario

lunes, 23 marzo 2020 | 06:00

• Ni por su valor y gallardía acudieron a su funeral

• Con todo y virus habrá limpia de aviadores

• El papelón de los diputados moreno-corralistas

• El de Hacienda no halla ni dónde meterse

Con honores fue despedida el fin de semana la suboficial de la Comisión Estatal de Seguridad (CES) Alma Rosa González Reyes, asesinada el pasado miércoles en uno de varios ataques dirigidos a las corporaciones policiacas en Juárez.

No fue sorpresa pero es imposible pasar por alto la ausencia del gobernador Javier Corral, del fiscal César Augusto Peniche, del secretario de Seguridad Emilio García Ruiz, y hasta del comisionado Óscar Aparicio. Ninguno estuvo ahí, otra vez. Esta vez ni siquiera el fiscal de la Zona Norte, Jorge Nava.

Mejor acudió el alcalde Armando Cabada a mostrar solidaridad con la corporación estatal y con los familiares de la agente caída en cumplimiento de su deber.

El polémico compadre y segundón de Aparicio, Álvaro Serrano, director operativo de la CES, fue el mando enviado por sus superiores a darle la despedida a una policía que así fue descrita: “Contaba con una intachable trayectoria profesional, cuyo desempeño siempre estuvo bajo los estrictos estándares de profesionalismo y vocación de servicio, portando con gallardía su placa y uniforme”.

Pero ni por esa entrega que le costó la vida acudieron los responsables de la seguridad. Su ausencia de nuevo fue la mayor crítica entre los más de 100 elementos reunidos para despedir a la compañera caída.

Es grave el mensaje que se sigue enviando al interior de la corporación: nada les importa a sus jefes la suerte de los policías estatales, son simples números para la estadística que tiñe de rojo a la entidad.

Más grave puede ser el mensaje que reciben la sociedad y los criminales ante tan insensibles ausencias.

 

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Peor que la crisis de salud le pegará esta semana a Morena la limpia de aviadores ordenada desde el centro del país para reorganizar al partido en Chihuahua.

Con la llegada de Alfonso Ramírez Cuéllar a la dirigencia nacional de forma interina –como paso previo a la asunción de la chihuahuense Bertha Luján Uranga– comenzó una reestructuración que a la fecha arroja datos muy interesantes.

La primera en la lista de la guillotina es la expriista secretaria de Finanzas, Martha Laguette Lardizábal, a la que se le confió el tesoro morenista en el estado.

Desde su llegada la mujer desplazó de la nómina a los aviadores que habían tenido por meses en la capital gente como el excandidato Fernando Tiscareño y el subdelegado de Bienestar, Marcelino Gómez Brenes.

Pero no lo hizo para limpiar el partido, sino para ingresar otros tantos recomendados de la exdirigente Yeidckol Polevnsky.

Es así que a la fecha se mantienen decenas de aviadores, la mayoría vinculados al exfuncionario municipal de Chihuahua y Juárez en administraciones priistas, Fernando Villarreal. Alrededor de él gravitan decenas de “empleados” de Morena, principalmente en la frontera.

Reciben hasta la fecha becas modestas de 6 mil pesos, hasta sueldos más elevados que rebasan los 20 mil mensuales. Por hacer nada, puro favor político.

Todo pasó sin tocar baranda en la dirigencia estatal de Martín Chaparro, a quien pretendieron tener pintado durante casi un año. El profesor aguantó los vientos en contra y sumó cada uno de los agravios. Ahora es tiempo de comenzar a cobrar facturas.

Así que el ajuste de los próximos días pegará en las finanzas de Morena y en quienes se sirvieron bien y bonito de su presupuesto. Es apenas la primera sacudida de otras que ya están planeadas e instruidas con el objetivo de recuperar al menos la operatividad partidista.

 

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La suspensión provisional lograda por el magistrado Jorge Ramírez para obtener su reinstalación dejó en mal no sólo al gobernador Javier Corral, encaprichado a quitarle la Primera Sala de lo Penal.

También los diputados de Morena que se aliaron a la mayoría panista hicieron su papelón más allá inclusive del domingazo aplicado ayer por la Fiscalía de Justicia corralista al detener al togado.

Ramírez Alvídrez se la jugó con la petición de la medida sin esperar el estudio a fondo del amparo. La resolución del Primer Tribunal Colegiado le dio la razón en obligar a los diputados y a la Fiscalía General a regresar al estado de cosas que había en enero, cuando se presentó la solicitud de desafuero.

Hasta cierto punto era obvia la decisión de la justicia federal. Había un dictamen de la Comisión Jurisdiccional que negaba el desafuero, que el Pleno desechó, y con eso, ipso facto, reformuló la decisión para quitarle el fuero y destituirlo. Cátedra de técnica legislativa... de los peores tiempos de una dictadura cualquiera.

Aquí es donde los diputados que coordina Miguel Ángel Colunga se engancharon, se vendieron o entregaron al capricho del Palacio. Compraron la idea de que el Pleno podía hacer lo que le viniera en gana sin dar explicaciones.

Los morenistas tuvieron de pretexto ideal su postura nacional en torno a la eliminación del fuero, pero olvidaron que, mientras no hagan la reforma y cobre vigencia, se tienen que apegar a las leyes existentes.

El magistrado duartista ganó ese round pero ayer le aplicaron la razón de la fuerza. Lo llevaron al Cereso junto con su esposa por supuesto enriquecimiento inexplicable.

Alguien deberá recordar a los diputados de Morena que pertenecen a la 4T, no al cobrizo nuevo amanecer.

 

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Lo peor de la crisis de salud por el coronavirus apenas está por venir. Este fin de semana pasado fue apenas una probadita de las consecuencias que la contingencia habrá de dejar.

El sector del comercio y los restaurantes reportan pérdidas millonarias, sin estimar de manera oficial, por la suspensión de permisos para fiestas, eventos, espectáculos y reuniones de más de 100 personas, medida obligada que promovió el independiente Armando Cabada y aprobó el Cabildo de la ciudad.

Es apenas un adelanto de lo que viene. Las medidas habrán de ser más rígidas en la semana que comienza, cuando es factible pasar de la fase uno a la dos de la contingencia.

El comité instalado por Cabada para la atención de la crisis sanitaria será prácticamente lo único que no se paralice del Gobierno en esta semana. Habrá que seguir su cuarta reunión a partir de hoy, en la transición a la segunda etapa de la pandemia.

 

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El montón de deuda sobre el que se encuentra parado el secretario de Hacienda, Arturo Fuentes Vélez, no es la única preocupación del responsable de las finanzas estatales.

Claro que en su oficina y direcciones a su cargo hay nerviosismo porque el erario no aguanta un gasto extra ni tiene de dónde echar mano para atender la contingencia ocasionada por el Covid-19. Lo de la reorientación de recursos del plan de inversión corralista es mera ilusión. Nada real desde su anuncio en agosto del año pasado. Nada real ahora.

Por eso se ha hecho ojo de hormiga el secretario ante el empresariado de todo el estado que pide cuando menos algunos apoyos fiscales (impuesto sobre nómina, principalmente).

Sabe Fuentes Vélez que sólo tiene de ingresos las contribuciones de los ciudadanos y la deuda. No hay más. Así que ni siquiera ha podido trazar un proyecto que implique perdonar, condonar o posponer el pago de impuestos.

La otra preocupación mayor es la caída de los precios del petróleo, de 49 dólares a los que estaba presupuestado el barril a sólo 15.87 dólares. Las coberturas o seguros contratados apenas alcanzan a la quinta parte de la producción.

Si la caída sigue, la Federación deberá ajustar su gasto a la baja, incluído el Ramo 33 de recursos para los estados. Es un problema más en medio de la crisis, la incertidumbre, el alto costo de la deuda y el elevado déficit que enfrenta el estado.

Se requiere mucha habilidad financiera para evitar el colapso. No parece que la tenga el secretario ni tampoco hay visos de que a nivel federal la posean.