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Opinión

OPINIÓN

Ni para cobrar 3 mil millones diarios sirven

Las oleadas migratorias han llevado a Estados Unidos a suspender cruces de personas y mercancías de forma recurrente, al ver rebasadas sus capacidades administrativas y de seguridad

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 11 febrero 2024 | 06:00

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Hace alrededor de un mes, El Diario publicaba información del comercio exterior mexicano que pronto habría de confirmarse con todo detalle, precisamente en esta semana que termina.

Era una buena noticia para México, en especial para estados como Chihuahua y fronteras como Juárez que resienten con particular intensidad el impacto del alza o la baja de las exportaciones en la calidad de vida de sus habitantes.

Era algo intuido de meses atrás. La tendencia apuntaba a que al cierre del año pasado, el país habría de rebasar a China en materia de exportaciones al mayor mercado del mundo, Estados Unidos, por casi 50 mil millones de dólares en 2023.

Otros medios reconocidos editados en la capital del país, El Financiero y El Economista, daban cuenta justo en estos días de las cifras concretas. El águila azteca había destronado al dragón asiático, arrebatándole, tras unos 15 años de dominio, la categoría de principal proveedor del país vecino, cuya actividad económica está muy ligada al nuestro.

El hecho es destacable, pues venderle al consumidor más activo del planeta 475 mil millones de dólares, sobre los 427 mil millones exportados por los chinos el año pasado, representa más empleo, inversiones, salarios y mejor forma de vida para casi la mitad de la población del estado.

Pero hay algo más que destaca en medio de esta buena noticia que consolida la gestión de Andrés Manuel López Obrador en cuanto a su manejo económico del país. Hay tres factores incidentales muy claros, que hacen más sorprendente el aumento de las exportaciones mexicanas.

Este incremento surge en el marco de la peor crisis migratoria en años, que ha llevado a continuos bloqueos de la frontera por donde México exporta e importa mercancías; surge también en un marco de inseguridad y violencia todavía incontenible; además, llega cuando el peso mexicano ha recuperado cerca de 13 por ciento de su valor frente al dólar.

Las oleadas migratorias han llevado a Estados Unidos a suspender cruces de personas y mercancías de forma recurrente, al ver rebasadas sus capacidades administrativas y de seguridad. Aun así hubo incremento.

La relación de la mercancía vital de intercambio, la moneda, fortaleció al peso y debilitó al dólar, incluso frente a muchas de las divisas del mundo, por lo que el valor de las exportaciones en esos términos tendría que considerarse a la baja, por esa apreciación monetaria mexicana. Aun así hubo incremento.

Finalmente, está el aspecto de la incesante inseguridad en todo el territorio nacional, en especial en la región fronteriza, azotada por el tráfico de personas, de drogas, armas y mucha, mucha violencia, que también es un indicador importante a la hora de la llegada de inversiones extranjeras, clave para entender el funcionamiento del sector exportador mexicano. Aun así hubo incremento de las exportaciones.

No puede decirse del todo que México puso la mesa para lograr rebasar a China en la proveeduría a los estadounidenses, pues obviamente los del país asiático pusieron lo suyo.

Los chinos viven una marcada desaceleración como resultado de una caída en la demanda interna y externa, que los llevó a enfrentar decrementos del 10 al 15 por ciento en sus exportaciones globales, las mayores cifras padecidas desde la contracción global generada por la pandemia en 2020.

Entonces, fue una conjugación de factores lo que llevó al salto histórico mexicano, incluidos, por supuesto, los efectos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (T-Mec) que reforzaron la consolidación del mayor mercado global del planeta.

Tan extendido contexto introductorio sirve para evidenciar lo increíblemente ridículo que resulta el hecho de tener, en el Servicio de Administración Tributaria (SAT) y la militarizada Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), sistemas de los años 90 y cerca de los 2000, para gestionar importaciones y exportaciones.

Porque finalmente esa es la base de un grave problema, la caída del sistema de trámites del SAT por casi dos días, que opacó esa buena noticia del crecimiento de las ventas al exterior.

El productivo sector exportador ni tiempo tuvo de celebrar el acontecimiento favorable porque el SAT falló de nuevo en esta semana en los trámites para el cruce de mercancías, lo que derivó en largas filas y millones de pesos en pérdidas para las empresas.

Aquí en Juárez, fueron 48 horas con intermitencias en la documentación de cruces, pero más de 24 de paralización total de los mismos, hasta su regularización en las primeras horas del viernes.

Más que los dolores de cabeza por los miles de tráileres parados en filas sin avanzar, fueron decenas o cientos de millones de pesos las pérdidas para las empresas que dan empleo, como lo evidenciaron Marcelo Vázquez de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM) y Manuel Sotelo Juárez, presidente de la Cámara Nacional de Autotransporte de Carga (Canacar).

Es innecesario abundar en esas pérdidas que no le duelen al Gobierno federal, lo ha dejado muy claro en las múltiples crisis enfrentadas por quienes dependen de ese comercio para llevar el alimento a sus mesas.

La gestión actual ha cruzado los brazos en los tres cierres mayores que ha realizado Estados Unidos de su frontera con México, a causa del fenómeno migratorio, con pérdidas que el año pasado rozaron los mil 500 millones de dólares diarios durante los periodos en que fueron cerrados los puentes.

Esos cierres fueron obra del país vecino, tanto por las medidas dictadas por el gobierno de Joe Biden, como de las ocurrencias del republicano texano Greg Abbott, pero no hubo más que un tímido llamado mexicano a la apertura, mientras acá se acumulaban las pérdidas.

Los que sí han sido obra de una mala gestión del SAT y las aduanas mexicanas, son al menos tres fallos graves previos al que registramos esta semana, todos como producto de la nula inversión en nuevos equipos y mantenimiento de los existentes.

El primero fue en enero de 2023, al comenzar una nueva normatividad para el transporte de carga; otro fue en marzo, que si bien no cerró el procesamiento de trámites aduaneros, sí retrasó a las empresas en general; el último del año pasado fue en septiembre, por cambios logísticos de la ANAM. Tenemos en versión digital de La Columna la documentación de esas crisis recurrentes en las portadas de El Diario.

Que no le importen al Gobierno federal las pérdidas de las empresas puede entenderse en el marco de políticas económicas y sociales erráticas, difusas y nebulosas, como las que han distinguido a la denominada Cuarta Transformación.

Pero resulta incomprensible que tampoco le importe el golpe a su caja recaudadora, que vale entre 1.11 y 1.40 billones de pesos anuales, de acuerdo al registro fiscal del país de los últimos años.

El impacto de eso es medible: se acerca a los tres mil millones de pesos por día; sí, por día, sumado el conjunto de las 50 aduanas que operan en México, tanto las fronterizas como las interiores y las marítimas, que en esta ocasión fallaron todas. Ni para cobrar esa cantidad sirvió el SAT.

Si eso es la recaudación fiscal por importaciones y exportaciones, resulta sencillo imaginar cuál es la pérdida o las mercancías que fueron puestas en riesgo de pérdida. Poco más de tres veces de los impuestos es el valor de ese mercado por día, que entra o sale por alguno de los puntos fiscalizados en todo el territorio nacional.

Hacia el tercer trimestre de 2022, después de una gestión entendiblemente ruda al frente del SAT de una mujer cercana a López Obrador, Raquel Buenrostro, fue designado un nuevo titular, Arturo Martínez Dagnino, quien recibió una dependencia con mayor orden y controles anticorrupción, pero igual estancada en materia de inversiones e innovaciones.

Ha pasado año y medio del cambio. Las fallas siguen igual o peor que antes en la recaudación fiscal a su cargo, la cual tiene uno de sus componentes vitales en las importaciones y exportaciones.

Si el golpe a la caja federal no le importa al titular del SAT, si eso no lo llama a la exigencia de modernización para mantener, elevar y agilizar la recaudación, ya nada le va a importar en momentos en que la cuarta transformación debe dar signos de vida administrativa y dejar su naturaleza de eslogan político.

Si con sistemas arcaicos México dio muestra de su potencial de penetración en el mercado más importante para cualquier país del mundo, lo que llevó también a equilibrar la balanza comercial con Estados Unidos, qué no podrá hacer con una inversión que lo traiga a la modernidad.

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