Ni muertos acompaña a sus policías

Ayer el gobernador dejó solos en sus funerales a los policías de la CES que el pasado fin de semana fueron arteramente masacrados en Gómez Farías

LA COLUMNA
de El Diario
martes, 12 marzo 2019 | 06:00

• Ni muertos acompaña a sus policías 


• Fue ayer la envidia en Palacio Nacional


• Le carga Palacio la mano al PAN municipal


• ¿Al Plan le valen la bandera y el himno?


Cada empleado de Gobierno es una extensión de su respectivo jefe o jefa. El barco de proyectos es el mismo para el triunfo o el fracaso. O se hunden juntos o el fracaso es de todos.

Esa característica no opera con el gobernador, Javier Corral Jurado. Los elementos de las corporaciones policiacas estatales debieran ser una extensión de su propia piel pero no es así; es todo lo contrario.

Ayer el gobernador dejó solos en sus funerales a los policías de la Comisión Estatal de Seguridad (CES) que el pasado fin de semana fueron arteramente masacrados en Gómez Farías. Uno fue honrado por sus compañeros en Juárez; los otros dos en la ciudad de Chihuahua.

No es la primera vez que ocurre el desdén, desaire, falta completa de solidaridad y sensibilidad por parte del gobernador hacia los agentes y mandos policiacos asesinados durante su administración; falta total de respeto y atención a sus viudas, huérfanos, familiares. Van 34 asesinados. A uno solo ha asistido.

Esa personalidad egoísta y por excelencia individualista del gobernador se repite hacia toda la burocracia que no forma parte de su estrecho círculo privilegiado y hacia el propio pueblo que gobierna.

Ayer vimos el caso de la secretaria de Cultura, Concepción Landa. Ella es de las pocas que gastan a manos llenas, sin freno ni medida. En las escuelas y en los hospitales falta de todo; los maestros, los médicos y el grueso de los empleados de Gobierno trabajan con las uñas, olvidados de sus jefes secretarios y del gobernador.

Los policías estatales traen buenas armas pero sin cartuchos, sin comida y sin protección elemental; chalecos antibalas caducos de hace añales. “Enfrentan” en lugares como Gómez Farías a bandas de 50 y hasta 100 sicarios. O mueren o son convertidos en cómplices.

La indiferencia de Corral es la misma de los jefes de la Fiscalía General y de la Policía Estatal. Si fuera distinto ya no estarían ahí, al menos no por vergüenza ante sus propios elementos.


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Con toda la mano la demostración de fuerza ayer en Palacio Nacional no de Andrés Manuel López Obrador –no requiere de comprobación–, sino del jefe del Gobierno federal en Chihuahua, Juan Carlos Loera de la Rosa, y su cercanísima acompañante la diputada federal, Esther Mejía.

Fueron los únicos chihuahuenses convocados al patio central de Palacio donde López Obrador rindió su “informe” de los 100 días de gobierno.

Habrá salpullidos, lamentaciones, envidias, celos y todo eso que la piel y el ánimo registran puntualmente cuando hay escenarios y competencias como los que involucran a Juan Carlos, que está anotado por Morena para buscar la destartalada silla de Palacio de Gobierno que estará dejando en dos años y fracción, Javier Corral Jurado.

En la primera fila de los invitados a Palacio Nacional, los miembros del gabinete de AMLO, su esposa y sus hijos... y hasta ahí. Carlos Slim se ve hasta la segunda fila con otros magnates del país... y más atrás Loera, que debe haber disfrutado el momento como ningún chihuahuense de su círculo político pudo hacerlo, salvo la diputada Mejía, por supuesto.

Habrá mucha grilla.


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Las cosas en el Comité Municipal del PAN en Juárez están más graves de lo que se pensaba. El triunfo del joven liderazgo que encabeza a los blanquiazules de la frontera removió los resentimientos y resabios gruperos de ese partido, avivados desde el grupo de poder en el Gobierno. 

Al gobernador le llevó poco más de dos meses pasar el trago amargo que le significó la derrota de su candidato, Pepe Márquez, en la contienda interna por la dirigencia juarense y sentarse a la mesa con Joob Quintín Flores. Antes de eso, ni una llamada telefónica de felicitación siquiera. Cero formas políticas.

Ante la exigencia del nuevo dirigente local del PAN, en el sentido que el gobernador no le contestaba ni llamadas ni mensajes, los operadores corralistas se aventaron la puntada, incluso, de decirle: “Pues así tengas que llamarle 100 veces sigue insistiendo”.

Pero eso es lo de menos. Digamos que era la reacción esperada por el carácter visceral del gobernador. Ahora las cosas han escalado a temas más escabrosos y muy poco recomendables en cualquier instituto político. 

Ya se opera un estrangulamiento financiero desde el Estatal, y se le humilla de fea forma en actos o eventos oficiales del Gobierno.

El Comité Municipal recibe del Estatal 160 mil pesos mensuales. Es lo que le corresponde de acuerdo con la fórmula establecida en sus reglamentos y estatutos. Sin embargo, a los anteriores presidentes, afines a Corral por supuesto, se les autorizó una partida extra, adicional vaya, de 120 mil pesos mensuales debido al enorme déficit financiero con el que opera ese partido en Juárez.

Bueno, pues a Joob ni siquiera lo que le corresponde conforme a la fórmula. Muy apenas le entregaron hace poco unos cuantos pesos de ese recurso. Y del apoyo adicional que fue autorizado a los anteriores presidentes por el Comité Estatal ¡cero!, el mismo consejero jurídico Jorge Espinoza se burla de él en Facebook porque ni para el sueldo del presidente ha alcanzado. Imagen en la versión digital de esta columna.

Peor aun todavía. En el evento del Segundo Informe de Gobierno en esta ciudad, Joob sí fue invitado, pero su invitación no tenía pase numerado, por lo tanto las edecanes le asignaron su lugar ¡en gayopa! Al gallinero enviaron al presidente del PAN de la ciudad sede del informe. Así de mal andan las cosas ahí.


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Por años, desde su fundación el Plan Estratégico de Juárez se ha asumido como el referente de ciudadanía, participación, transparencia y rendición de cuentas, valores que necesariamente van ligados a otros como la cultura de la legalidad, el respeto a símbolos e instituciones patrios y otros de igual calado. 

Bueno, pues en una sesión extraordinaria de Cabildo el joven Marco Antonio López Romero, representante del Plan Estratégico a través del programa Yo Ciudadano, se negó rotundamente a rendir honores a la bandera y entonar el himno nacional. 

Reconvenido por el regidor Pepe Ávila Cuc, simplemente ignoró olímpicamente la obligación de respetar y honrar los símbolos patrios. Por ello fue invitado a abandonar el salón de Cabildo. Tampoco lo hizo.

Alega en su defensa que no cree en simbolismos y que se le debe respetar su derecho a pensar distinto, porque él cree que el nacionalismo y el patriotismo son peligrosos (sic). Como si respetar una ley fuera asunto de preferencias o libertad de pensamiento.

Aquí la pregunta obligada es ¿cómo es posible que alguien así colabore y represente a una institución que, se supone, está del lado de la legalidad y de las instituciones?