Ni con cárcel se paga

¿Qué tipo de placer pueden tener, con una criatura de semejante edad?

Víctor Guzmán
Académico
miércoles, 13 febrero 2019 | 06:00

El estigma con el cual quedan marcados es imborrable. El daño es irreparable, tanto en lo personal como en lo familiar. Las terapias psicológicas son parte importante para la rehabilitación, pero jamás habrá olvido, ni perdón.

En definitivo, no hay una mínima justificación para el abuso infantil, no la hay, no existe. Cualquier acto que vaya en detrimento de un menor debe tener consecuencias determinantes contra el agresor, sin importar los niveles o cargos que ostente.

Es inconcebible, cuando aquel, al cual se le confió el cuidado del más desprotegido, lo utilice para vulnerarlo, arrastrarlo y pisotear su dignidad al más bajo nivel. ¿Qué tipo de placer pueden tener, con una criatura de semejante edad? Un año, cinco, 12 o inclusive bebés. Sólo una mente enferma y perturbada con problemas psicológicos tiene esos deseos.  

Los padrastros, y hoy en día los sacerdotes, se han visto envueltos en casos detestables de violaciones de menores, que siguen aumentando. Los niños les son entregados a su cuidado y seguridad, por la confiabilidad absoluta que simbolizan a los familiares, y por su representatividad moral. Sin embargo, en algunos casos han abusado aprovechándose de su autoridad, poder y engaño para cometer sus fechorías con un inocente, mancillado de por vida.

Partiendo de lo anterior, podríamos preguntarnos, cuántos casos existen de violación que no se denuncian por los allegados, ya sea por el qué dirán, tratarse de un cercano a la familia, el escándalo que ello acarrea o la intimidación del agresor. Mientras tanto, los afectados siguen padeciendo dicho tormento sin contar con apoyo alguno, subyugados por la fuerza a seguir padeciendo por un tiempo indeterminado o hasta su desafortunado deceso.

El Desarrollo Integral de la Familia (DIF) define el abuso sexual cuando una persona de la misma edad o mayor obliga a tener contacto sexual a través de caricias, besos, tocamientos, ver y escuchar pornografía, exhibir los genitales, o cualquier comportamiento de tipo sexual. La dependencia refiere que un abusador puede ser desde un familiar, un conocido de la familia, vecino, cuidador, profesor, inclusive padre o madre de la familia. 

Las cifras sobre violaciones nos indican que Ciudad Juárez concentra gran cantidad de abusos de diversa índole, tanto en mujeres como en niños (as). 

El Consejo Nacional de Población (Conapo), señala que existe proyección de incidencia de violación de 32 casos por cada 100 mil habitantes. Además, indica que la ciudad tiene el tercer puesto de 230 municipios del país en este delito.

Grisel Madrigal, directora de Centro de Atención y Asesoría para la Familia AC (CAAF) advierte las siguientes conductas anormales en los niños, que pueden ser causa de abuso sexual: percibir en el menor una baja autoestima, miedo, ansiedad, síndrome de estrés postraumático, o que evita saludar a determinada persona, ya sea adulto o niño, además de notar  inseguridad. Refiere no obligar a los infantes a saludar de beso a todas las personas.

Las reglas importantes que se deben tomar en cuenta para la protección de los niños son primeramente confiar en lo que dicen, creerles lo que hablan, en un caso de violación, no van a contar mentiras, para ello debe existir una credulidad y una comunicación directa con el menor. 

Analizando la situación de inseguridad por la cual estamos pasando, y percibir la desconfianza generalizada al tratarse del cuidado de los hijos, la primera protección que debe existir es el blindaje familiar, comenzando por reglas de comunicación claras y rápidas al centro de la casa, además de la autoprotección ante los embates del exterior que atentan contra la integridad.

De manera contraria, es lastimoso el caso de aquellos indefensos niños que se encuentran recluidos o al cuidado de alguien, sin ninguna protección de familia, ya sea huérfanos o internos, a expensas de los instintos bestiales de aquellos que los violentan y se complacen en ello.