Ni cobijas, ni despensas

No hay cómo acudir directamente a escena y escuchar de viva voz la expresión de las personas...

Elvira Maycotte
Escritora
miércoles, 09 octubre 2019 | 06:00

No hay cómo acudir directamente a escena y escuchar de viva voz la expresión de las personas que se refuerza con su lenguaje corporal.

Han pasado casi dos décadas de abandono y la realidad no puede taparse con un dedo: cientos de miles de personas han escuchado, primero, los cuentos que endulzaron sus oídos haciéndoles forjar sueños y expectativas que, con el tiempo, cual castillos de arena, se han erosionado con el paso de los años. Pero la fantasía no duró mucho… Desde hace años despertaron a la realidad, la pesadilla se volvió contra ellos.

Me refiero al suroriente de la ciudad, zona donde viven más de 100 mil familias, casi medio millón de personas que han padecido en carne propia un sufrido abandono. Bajo la filosofía de dejar pasar el tiempo para que las cosas se arreglen solas, o para que las solucione el siguiente, o para que se olviden, sólo han merecido acciones de los gobiernos en turno a manera de paliativos que en nada solucionan realmente el problema, pero sí aumentan su complejidad, desgastan la credibilidad, acrecientan la desilusión y provocan disgusto.

Hace pocos días en una reunión de comités de vecinos que viven en fraccionamientos ubicados al suroriente de la ciudad, asistieron como a toda reunión que convocan las autoridades con la esperanza de ser escuchados y que, de una vez por todas, se tomen acciones para mitigar las atrocidades que enfrentan. Se dicen cansados de denunciar… y su rostro así lo demuestra. No saben qué hacer ni a dónde acudir.

Los problemas que mencionaron con mayor recurrencia son el estado intransitable de las calles, el transporte deprimente, la falta de alumbrado y, sobre todo, la inseguridad: el tema de la vivienda abandonada también apareció, más, junto con la inseguridad, merece trato aparte. ¡Son tantas las necesidades!

Más parece que los astros se alinean. Por una parte, localmente se han emprendido acciones en la Dirección de Desarrollo Urbano para consolidar una zona de la ciudad y fortalecer el crecimiento en un área delimitada en la que se aplicará una normatividad complementaria que ya fue aprobada por el Cabildo: ¡Enhorabuena! No más dispersión, ni grandes extensiones de territorio en donde sólo vemos casa tras casa, escuelas insuficientes y supuestas áreas verdes que no hacen ciudad.

Por otra parte, Infonavit ha declarado y no sólo eso: ha tenido iniciativas para entablar conversaciones con las autoridades municipales y sigue haciéndolo, pues le interesa invertir recursos, junto con la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, en proyectos de recuperación urbana en el suroriente que se sumarán a los que el propio Municipio pueda aportar.

No sólo de recursos se debe hablar: también de coordinación de las diversas dependencias para que colaboren en el ámbito que sus facultades les permite: la Junta Municipal de Agua y Saneamiento, la Comisión Federal de Electricidad, la Dirección de Seguridad Pública, Protección Civil, en fin, todas las dependencias involucradas para facilitar la vida a quienes viven allá, entre el polvo y la arena.

Ayer mismo, por este mismo medio de comunicación se anunció la inversión que, tal como se menciona, resulta insuficiente ante la magnitud de la problemática. Se habló de estacoones de policía y bomberos, de un gran parque urbano, pero también hacen falta oficinas de servicios, plazas comerciales, más centros comunitarios y otros lugares de entretenimiento. Los esfuerzos convergen y los recursos también. Hay una deuda pendiente que ha cobrado su factura sin piedad y parece que ha llegado el momento histórico en que se abone a su favor.

Llega el momento que las personas despiertan y dejan atrás su letargo… las medidas subsidiarias y paliativas no les son suficientes, si durante años han tomado las migajas que les dan sabe Dios con qué fin, ahora ya no las quieren y con decisión exclaman: ¡Ni cobijas, ni despensas! ¡Exigimos seguridad!

Por último, ¿acaso hablé de que allá se viven atrocidades? Dígame usted si no lo son cuando al pedir a un niño que dibuje su casa resaltan las robustas rejas y aparece él encerrado tras ellas y, al dibujar su colonia, en el crucero de una calle delinea a una persona tirada sobre la banqueta y a otra amenazándola con un cuchillo…