Opinión

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Nadie defendió a soldados por la ‘pendejada’

El comandante de la Guarnición Militar en Juárez, el general Francisco Antonio Enríquez Rojas, fue abordado ayer por los reporteros de la fuente policiaca al concluir la reunión semanal municipal de seguridad

LA COLUMNA
de El Diario

martes, 28 septiembre 2021 | 06:00

-Nadie defendió a soldados por la ‘pendejada’

-Patadón a federales y el temor a otra ‘Cipol’

-El tiktoker priva a los panistas de su contenido

-‘Morita’ recupera la silla del IMIP

La detención de los 14 militares por agentes de la CBP de los Estados Unidos supuestamente unos metros al interior de suelo estadunidense no mereció del gobierno mexicano explicación alguna, ni una mención aclaratoria por lo menos durante la mañanera de arranque de semana.

El comandante de la Guarnición Militar en Juárez, el general Francisco Antonio Enríquez Rojas, fue abordado ayer por los reporteros de la fuente policiaca al concluir la reunión semanal municipal de seguridad.

Redujo el incidente a una exclusiva calificación: una “equivocación pendeja”, cometida por el grupo de militares mexicanos asentados en Ciudad Juárez. Fue entre los últimos minutos del viernes y los primeros del sábado.

Sin duda se trató de un equívoco de ese tamaño, definible así en coloquial lenguaje mexa. Esta zona limítrofe, y toda la frontera, se presta para situaciones de esa naturaleza por mera ignorancia.

Vendedores ambulantes y limpiavidrios ordinariamente cruzan la raya más lejos de lo que pudieron ir los militares. Además, los soldados y su comandante cruzaron por la noche. Un argumento “a su favor”; así, entre comillas.

El equívoco del lado mexicano, pues, pudo quedarse en irrelevante de no ser por los “severos protocolos” aplicados por la Border Patrol a los soldados aztecas y que, en videos y fotografías, le dieron la vuelta al mundo, provocando morbo y escarnio. Nadie salió institucionalmente a defenderlos, aunque fuera por su desconocimiento.

Los soldados fueron desarmados (entendible), pero luego obligados a mantener brazos y manos atrás de sus cuerpos; posteriormente fueron colocados en fila india y más adelante, sobre el mismo puente, obligados a sentarse sobre el pavimento. Los conductores binacionales de esa hora saciaron su morbo con montones de frases lacerantes. ¿Afganistán? No, el Puente Libre Juárez-El Paso.

Nada de ello movió al Gobierno federal y/o a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), y/o a la Secretaría de Relaciones Exteriores. Evidentemente el hecho quedó catalogado como nada importante, como una “pendejada” que no requirió de explicación alguna.

Las “exageraciones” estadunidenses que allá se queden.

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El nuevo secretario de Seguridad Pública Estatal, Gilberto Loya Chávez, no ha dado todavía el patadón a los mandos federales que le dejó su antecesor. Se dice que está a punto de hacerlo.

Se habla ya de un plan de relevos próximo a ejecutarse sin prisas, pero también sin pausas, una vez que se hayan palomeado nombres. En lo general iría por el reemplazo de los agentes federales (hoy de la Guardia Nacional) que fueron comisionados a Chihuahua entre los años 2016 y 2019.

Son los que dejaron a su paso una estela de sangre y corruptelas, traídos entre el primer comisionado estatal de Seguridad, Óscar Alberto Aparicio y el exsecretario Emilio García Ruiz, así como por el que fuera fiscal General, César Augusto Peniche.

Ya están en la banca o congelados, en lo que se definen sus salidas, mandos como Ginés Jaime, Saúl Miranda, Sergio Proa, Jesús Sigala, Martín Sánchez y otros mandos identificados con la gestión tanto de Aparicio como de García Ruiz, además de otros con funciones administrativas.

El razonamiento para el relevo de los mandos no es propiamente político, aunque es imposible no aplicar ese criterio dado los nulos resultados en materia de seguridad que dio el fracasado quinquenio de Javier Corral.

Los federales se irán con las gracias y las ganancias que acumularon, con el fin de ingresar a gente con arraigo en su tierra. Que sean chihuahuenses con el compromiso de quedarse aquí y, por lo tanto, sientan la responsabilidad de dar resultados.

Eso se ha interpretado como que ahora se irán los federales y llegarán los municipales de la capital, esos que durante cinco años tuvo a su cargo Loya Chávez, exdirector de Seguridad Pública en Chihuahua.

El despido de los federales se ha tomado entre las tropas como una buena noticia. Ese “Estado Mayor” de García Ruiz, sus administradores, agentes, comisarios y demás, no hicieron otra cosa que saquear las arcas del estado a punta de altos sueldos y viaticada.

Bueno, también hicieron dinero con los negocios ligados al crimen organizado, que terminó teniéndolos de empleados. Uno y otro bando los pusieron en sus nóminas para que ellos se hicieran de la vista gorda ante las atrocidades.

Lo que hace algo ruido es que la Policía Estatal pueda llenarse de municipales capitalinos. Dicha idea recuerda, sin duda, aquel sonado fracaso que fue la “Cipol”, que en tiempos de Reyes Baeza se creó a partir de la Policía Municipal de Chihuahua.

No está la entidad, menos Juárez, como para repetir la experiencia.

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El tiktoker que recién fue designado coordinador del gabinete estatal en Juárez, Ricardo Vega, decidió bloquear su cuenta en la red social de videos cortos. Su decisión causó tristeza en el panismo local porque privó a muchos simples de su contenido de “alta calidad”.

Vega, criticado por sus comentarios que no van acorde con el puesto que desempeña, no eliminó su cuenta, pero sí cambió la configuración de su Tik Tok a privado.

Así, solo los que él quiera podrán seguirlo y disfrutar de sus “aportaciones intelectuales” misóginas a la vida política de la entidad.

La imagen del bloqueo puede verse en versión digital de La Columna.

Después del oso por el que fue criticado, en vez de impedir que lo sigan usuarios no identificados podría haber tomado otra actitud más profesional y adecuada a su altísimo cargo público.

Pero no, mejor tomó la otra salida, en medio de sus sospechas sobre quiénes son los que le critican sus “apreciados y divertidos videos”, como el que dimos cuenta ayer en este mismo espacio.

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A finales de marzo se dieron con todo los consejeros del Instituto Municipal de Investigación y Planeación. Tiraron a su director, Roberto Manuel Mora Palacios, “Morita”.

Eran aquellos tiempos aciagos por la combinación de la pelea electoral y la tremenda animadversión social hacia Javier Corral provocada por su tiradero de obras.

“Morita” no solo fue detectado por los exindependientes cabadistas como impulsor de la campaña naranja de “El Güerito” Martínez, sino como el mayor alcahuete de Corral en vistos buenos del IMIP a los proyectos de obra.

Era obvia la subordinación del titular del Instituto con su referente político, Luis Felipe Siqueiros, entonces secretario de Desarrollo Urbano del Gobierno del Estado, alcahuete mayor de Corral.

Sorprendió por todo ello que ayer fuera nombrado “Morita” nuevamente como director del IMIP por el presidente municipal, Cruz Pérez Cuéllar, con toda la razón apasionado enemigo del exgobernador.

Parece que influyó en el alcalde la lloradera de Mora Palacios, quien de forma ladina echó la culpa de su destitución independiente a la ex de Desarrollo Urbano municipal, Lili Méndez, pero ocultó su autoría en vistos buenos al tiradero del corralato.

Operó en su favor también el cabildeo llevado a cabo por los colegios de ingenieros y arquitectos, un gremio muy unido particularmente para este tipo de gestiones.

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