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Opinión

Morir por un like...

Antes eran muy socorridas las terapias y cursos para elevar la autoestima o generar motivaciones para ser mejores, más productivos y felices

Javier Horacio Contreras Orozco

domingo, 24 abril 2022 | 07:32

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 Pasó casi desapercibido el caso de Chloe, de 19 años, quien tomó la fatal decisión de terminar con su vida. Ya no tenía sentido la vida para ella, a pesar de estar en la flor de la juventud, de vivir una de las mejores épocas de la existencia para convivir, tener relaciones con amistades, divertirse en reuniones y fiestas, enamorarse y amar. La verdad, es que a esa edad ya era prisionera de sus propias adicciones.

El caso de Chloe Davison (EFE, 2022) trascendió porque su hermana Jade, del condado de Durham, del Reino Unido, relató las obsesiones de Chloe que en muchas ocasiones compartieron cuando creía que no era lo suficientemente buena en su persona, a menos de que recibiera varios likes.

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Chloe, como muchas personas lo hacen hoy en día, ponía fotos de ella en Facebook y luego pedía a amigos y familiares que le pusieran likes o “me gusta”, lo que generaba una sensación de aceptación y reconocimiento social. 

Una de las prácticas más comunes en la actualidad es usar las redes sociales para “subir” comentarios, frases, opiniones y sobre todo fotografías para –según decimos– compartir, pero en el fondo buscamos desesperadamente una aceptación y visualización por medio del gráfico del dedo pulgar hacia arriba, como respuesta de que nos vieron, nos aprobaron y por lo tanto, obtenemos un shot de dopamina como un disparo que provoca una sensación de satisfacción y nos impulsa a continuar haciendo esa actividad. 

Esta práctica, inclusive, se ha incorporado a un modelo de negocio, como en el caso de los influencers, que a medida que tienen más likes en sus redes, los contratan marcas comerciales para promocionar sus artículos, pero la base del éxito está en la cantidad del “me gusta”, no en la calidad o utilidad del artículo. Ya no se requiere ser especialista en algún tema, preparar una presentación o tener estudios técnicos sobre determinados problemas. Ahora, con sólo ser famosos en las redes sociales por la habilidad y las técnicas para promocionar su imagen, como los llamados influencers, se convierten en auténticos influenciadores que son seguidos por miles de personas.

Y la base es el “me gusta”, sin mayor sustento racional ni emocional, sino el simple clic de un pulgar hacia arriba que cambia todo. Muy simple y sencillo, pero absurdo en un mundo de simplificación, inmediatez y banalización.  

Antes eran muy socorridas las terapias y cursos para elevar la autoestima o generar motivaciones para ser mejores, más productivos y felices. Se acudían a sesiones donde el terapeuta iba desarrollando prácticas para buscar causas de la baja autoestima, de la necesidad de ser reconocidos y aceptados por la sociedad, de ser proactivos. Si se iba mal en el aprovechamiento escolar, se tenían problemas de pareja, se sentía solo o aislado, sufría de ansiedad o depresión, la solución estaba en elevar la autoestima. 

Hoy, hemos convertido las redes sociales en plataformas de falsa terapia al buscar un reconocimiento social y aceptación en el grupo o tribu. Ya no contamos con álbum de fotografías donde íbamos coleccionando fotos con un motivo o momento especial y el recuerdo nos desataba nostalgia, felicidad, melancolía o sufrimiento al ver un momento congelado de ese sentimiento. Y ese álbum era parte de la historia familiar porque ahí estaba parte de las vivencias y el paso del tiempo. Eran nuestros archivos de vida.

Se toman fotos de todo, a todas horas, de cualquier lugar, de uno mismo con uno mismo y se “comparten”, pero no con la idea de compartir emociones o sentimientos de esos momentos atrapados, sino que a través de esos “envíos” sólo queremos que nos aprueben, que nos respondan con likes y nada más. El contenido es lo de menos, lo importante son los “me gusta”. Y si no es así, nos sentimos fracasados, frustrados, deprimidos.

Pues ésa fue la causa del suicidio de Chloe, que ponía fotos en Facebook y Snapchat, pedía a sus familiares y amistades que les dieran “me gusta” y pasaba horas buscando cuáles serían las fotos más apropiadas para lograr mayor número de “me gusta”, pero decidió quitarse la vida porque no recibió los suficientes likes y comentarios sociales que esperaba en sus redes sociales. 

Chloe sufría en exceso porque no lograba reunir tantos likes como algunas amigas y también porque en ocasiones recibía comentarios o mensajes desagradables. La hirió demasiado ser ignorada por redes sociales y ser ofendida por la ignorancia en las mismas, que tomó la decisión de suicidarse en diciembre de 2021.

Murió y aun así, no logró tener tantos likes de su suicidio, porque simplemente en las redes sociales la ignoraron y pasó casi desapercibida…

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Pareciera exagerado relacionar casos de suicidios con las redes sociales, pero las cifras dicen todo lo contrario considerando tres elementos: el fácil acceso de todas las personas, y en especial los adolescentes y jóvenes a las plataformas de las redes; la inmediatez para resolver cualquier ansiedad o curiosidad y la ventaja peligrosísima del anonimato para dar o recibir consejos o ayudas para cibersuicidios.

El psicólogo experto en redes sociales y socio-fundador de la Sociedad Española de Suicidología Luis Fernando López (LOPEZ, 2020), en un trabajo de investigación, señala a las nuevas reglas del juego social que traen aparejadas las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) como factores que pueden llegar a determinar el acto suicida al poner fin al dolor físico o moral, en un entorno virtual que desarraiga un sentimiento de abandono, apoyado por un soporte humano en línea a través de múltiples aplicaciones, foros, redes sociales y mensajería instantánea como WhatsApp, y modifica la percepción del suicidio. Definitivamente hay un vínculo entre el uso de foros en Internet y un mayor riesgo de suicidio en la población adolescente al estar expuestos a imágenes violentas e información sobre método suicidas.

La inmediatez y anonimato en las redes favorecen una actuación impune, influenciando y aportando información, métodos o técnicas para quitarse la vida, con medios eficaces que no requieren el apoyo “profesional”. O sea, son suicidios domésticos, que se pueden aplicar desde la casa, siguiendo un tutorial o instrucciones, paso a paso de cómo lograr el objetivo sin fallar. En esta investigación, el autor rastreó en Internet cuatro frases claves con los siguientes resultados: “quiero suicidarme” y aparecieron 206 mil sugerencias en Google; “quiero suicidarme sin dolor”, arrojó 948 mil resultados; “quiero suicidarme, formas”, 520 mil, y “quiero suicidarme, pero me da miedo”, 87 mil 200 resultados, lo que da una idea de que ahora las redes sociales son un auxiliar más para lograr quitarse la vida.

En los medios convencionales, por principio ético o política editorial, está prohibido publicar notas donde aparezcan formas o sustancias utilizadas por los suicidas para evitar la imitación o ejemplo para personas que tengan esas tendencias. Son reglas estrictas y que la misma sociedad reprueba, porque se ven como apología a un acto que atenta contra la vida humana. En las redes sociales no hay ningún filtro, impedimento o norma. Además de que están al alcance de cualquier persona.

Otra conclusión fue que la influencia de Internet como fuente de información sobre la conducta suicida es una realidad y se agrega a los problemas que ya se tienen por la adicción a las redes sociales. Ahí radican amplios conocimientos, técnicas o formas de atentar contra la vida de manera radical. Otra forma de un suicido gradual es la multitud de lugares o plataformas que promueven abiertamente la anorexia, sugiriendo “trampas” para eliminar peso excesivo y fomentan la falsa percepción de verse en el espejo totalmente desfigurada. Existen fotografías patéticas de chicas con la piel pegada a los huesos, demacradas, ojerosas, pesando 20 o 25 kilos y aun así “odian” su cuerpo por la distorsión mental de verse como de 80 kilos. Los contenidos y fotos subidas por jóvenes con trastornos alimenticios circulan libremente y sin recato por las redes sociales, convocando a entrar en una agonía gradual.

La expresidenta de la Asociación Mexicana de Suicidología, Dra. Ana María Chávez (VOCETYS, 2019), considera que las redes sociales juegan un papel trascendental en la autoestima de los jóvenes, ya que puede afectarlos al grado de no saber confrontar situaciones a los que están expuestos, como el cyberbullying y el sexting, a diferencia de anteriores generaciones, que no estaban expuestas a esta problemática.

La especialista confirmó que el suicidio es una realidad empujada en ocasiones por las redes sociales, que tienen tal influencia que algunos jóvenes desean estar en línea el mayor tiempo posible y satisfacer estándares poco realistas y crean un vínculo afectuoso a través de likes o seguidores, y genera frustración y tensión por no obtener lo que esperan.

La romántica canción de Charles Aznavour, “Morir de amor”, lamentablemente ha quedado en la anterior generación. 

Hoy se muere por un like…. 

horocontreras@gmail.com

jcontreraso@uach.com

* Periodista y catedrático de la UACH

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