Opinión

Monopolio de la verdad

Qué es la verdad sino una mentira aún no descubierta

César Jáuregui Robles
Abogado

lunes, 05 julio 2021 | 06:00

Qué es la verdad sino una mentira aún no descubierta. Esta definición propia de la filosofía política es recurrente cuando algunos gobernantes se asumen como poseedores de la verdad y dan por sentado que sus palabras son transformadoras de la realidad, la cual  procuran ajustar a su convicción personal.

Tal es el caso de nuestro actual presidente, que en un nuevo ejercicio de distracción ha establecido una sección dentro de las conferencias mañaneras que día con día y a manera de propaganda nos receta por los medios de comunicación. El mentironómetro, o el establecer cada semana un motivo de  descalificación a alguna noticia, comentario, o periodista, que considera que no se ajusta a la verdad y que por lo tanto merece ser censurado y denostado públicamente, así se afecten su honor, su reputación y su vida personal, es la nueva ocurrencia de AMLO. Y aun y cuando ha recibido críticas internacionales desde entidades periodísticas u organizaciones que defienden la libertad de prensa y de expresión, él va a continuar exhibiendo su verdad, e incluso contrató  ya personal exclusivamente para llevar a cabo esta tarea.

Curiosamente pretendiendo establecer su propia verdad, ha incurrido en no pocas mentiras y falsas aseveraciones que trata de explicar, que no de justificar, por supuestamente ser poseedor de “otros datos”; mismos que nunca son revelados o soportados por alguna fuente confiable.

Esta misma semana se presentó, como décimo Informe de Gobierno y de conmemoración de los tres años del triunfo electoral del presidente, lo que fue un discurso carente de resultados efectivos  y más inclinado al autoelogio  personal, que culminó, dándose a conocer una encuesta mandada hacer a modo desde la Secretaría de Gobernacion y que supuestamente revela cómo 1,300 ciudadanos, consultados telefónicamente, manifiestan mayoritariamente su aprobación a la gestión presidencial y por consiguiente su continuidad ante la venidera reflexión sobre la revocación de mandato.

Nada de ilegal o inconveniente resulta cuando el mandatario quiere conocer el pulso de la República sobre su accionar, lo verdaderamente reprobable es que pretenda credibilidad sobre datos fantasiosos en materia de mortalidad derivada del trato ante la pandemia, la inseguridad con desconocimiento de grupos y cárteles criminales, el maltrato a las clases medias, los ataques a los organismos constitucionales autónomos o hacer apología de su popularidad.

Dice el exmagistrado, jurista y litigante Francisco Cuevas G., que: “En política se vale decir mentiras, lo que no es válido es que te las creas”. Y es que a partir de su propia percepción, el presidente pretende, a base de mentiras, hacernos creer que “ya se superó la pandemia, que ya no hay corrupción, que somos ejemplo ante el mundo, que el pueblo está feliz, que ya no hay masacres, que la tragedia de la Línea 12 del Metro es un incidente, que se acabó el huachicoleo”, y así un largo etcétera.

Sin embargo, es cierto que el presidente cuenta con una considerable base de apoyo, que no está en la población estudiada con licenciaturas o maestrías como él mismo dice, y esto es así, porque somos una sociedad acostumbrada a analizar, no los hechos, sino los dichos. Poco importa si la aseveración de un funcionario público como el Dr. López-Gatell sobre la conjura internacional de la derecha en las manifestaciones de padres de niños con cáncer  (sic), está sustentada en la verdad o en hechos ciertos, lo relevante y lo que ocupa las notas de medios son los discursos a favor o en contra de tan absurdos pretextos para ocultar la ineficacia.

Es esto, lo que subsiste en la proliferación de la “palabrería presidencial”, que busca arrogarse el monopolio de la verdad; y todo para ocultar el descuido y la indolencia gubernamental. 

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