Opinión

Militarización de instituciones ¿camino al autoritarismo?

La reciente designación, a principios de julio, del nuevo titular de la Aduana de Juárez, que recayó en la persona del militar en retiro coronel Sabino Reducindo Ramírez, levantó una fuerte ola de inconformidades entre el sector empresarial, comercial, industrial y de profesionistas en nuestra ciudad

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 25 julio 2021 | 06:00

La reciente designación, a principios de julio, del nuevo titular de la Aduana de Juárez, que recayó en la persona del militar en retiro coronel Sabino Reducindo Ramírez, levantó una fuerte ola de inconformidades entre el sector empresarial, comercial, industrial y de profesionistas en nuestra ciudad, al punto que anunciaron en rueda de prensa estas inquietudes.

Dirigentes de cámaras empresariales, industriales y comerciales, como Jesús Manuel Salayandía, José Mario Sánchez Soledad, Manuel Sotelo y otros, expresaron abiertamente su temor o desconfianza de que esta medida, entregar la administración de la Aduana a un militar en retiro, pudiera tener consecuencias nocivas para el tráfico adecuado y eficiente de personas y mercancías entre México y EU.

No obstante, también coincidieron en señalar y reconocer la buena imagen que tiene el Ejército Mexicano como institución, por lo que no se trata, dijeron, de descalificar por descalificar a los militares, sino que es un tema de especialización, de conocimiento técnico, jurídico y económico sobre lo que significa el comercio exterior y la Ley aduanera.

Al respecto, en diversas entrevistas periodísticas, Thor Salayandía, presidente de Canacintra Juárez, indicó que se trata de buscar la forma de modernizar mejor la operación de la Aduana en Juárez, la segunda más importante del país en cuanto a volumen de tráfico de mercancías, y ha señalado que existen muchas maneras de abatir la corrupción existente, para no llegar al extremo de militarizar su operación, como ha sucedido ya casi en todas las aduanas y puertos marítimos del país.

El presidente de Canacintra ha expresado que la corrupción se debe combatir decididamente, porque reconoce que es un grave problema generalizado en prácticamente todos los ámbitos de la vida de los mexicanos, por eso su combate exige estrategias distintas, mayor preparación y capacitación, supervisión, monitoreo, regulaciones y certificaciones estrictas, así como programas tendientes a cambiar la mentalidad sobre su repercusión en la economía del país, por lo que no cree que la militarización de puertos y aduanas sea la solución al problema.

Por su parte, José Mario Sánchez Soledad, Presidente de Coparmex en esta frontera señaló: “La presencia militar en las aduanas de nuestro país, nuestra opinión es que es un fracaso de la sociedad civil y su gobierno. Un gobierno de procedencia civil tiene que tener, como uno de sus objetivos, el fortalecimiento constitucional de las instituciones de gobierno civiles, por eso, nuestra preocupación es que no se afecte la relación y la operación aduanera, que es tan necesaria para mantener el tráfico de personas y mercancías entre México y Estados Unidos.”

El titular del sindicato patronal de esta frontera fue muy específico en señalar y reconocer el buen trabajo y la buena imagen que tiene el Ejército como institución, pero también en destacar las funciones específicas que, de acuerdo a la constitución mexicana, debe desempeñar la milicia.

En el mismo sentido, Manuel Sotelo, líder de los transportistas de carga y Vicepresidente nacional de Canacar, al igual que Salayandía y Sánchez, reconoció la buena aceptación de la que goza el ejército entre la sociedad, así como una notable mejoría en los tiempos de espera para el cruce de transportes de carga hacia EU, desde la llegada del nuevo titular de la aduana, únicamente alterados por las constantes “caídas” del sistema tanto en nuestro país como en la aduana de EU (CBP), por lo que señaló que en poco tiempo había buenos resultados al menos en cuanto a los tiempos de espera.

Sin embargo, Sotelo coincide con los demás líderes de cámaras en que el perfil con el que son formados los militares no abona en mucho a la certeza y confiabilidad en la operación aduanera, precisamente por la característica especial de su formación castrense.

Profundicemos pues el análisis, a la luz de estas consideraciones. Los soldados, en cualquiera de sus niveles jerárquicos, desde rasos hasta generales, son formados bajo una disciplina y mística muy especial: la guerra. Es así porque su misión fundamental es la defensa de la soberanía nacional, la defensa del territorio y seguridad de los mexicanos frente a amenazas externas. Por tanto, toda su preparación, tanto física como mental y formativa se basa en la guerra, en la preservación de la vida a toda costa para sobreponerse a cualquier amenaza externa.

En la página web oficial de la Sedena (Secretaría de la Defensa Nacional) podemos leer: “Misiones del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos. De conformidad con la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, Artículo 1/o., el Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, son instituciones armadas permanentes que tienen las misiones generales siguientes: I. Defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación; II. Garantizar la seguridad interior; III. Auxiliar a la población civil en casos de necesidades públicas; IV. Realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al progreso del país; y V. En caso de desastre prestar ayuda para el mantenimiento del orden, auxilio de las personas y sus bienes y la reconstrucción de las zonas afectadas.”

En otro apartado indica: “Misión de la Secretaría de la Defensa Nacional. Organizar, administrar y preparar al Ejército y la Fuerza Aérea Mexicanos, con objeto de defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación; garantizar la seguridad interior y coadyuvar con el desarrollo nacional.”

Subrayo y remarco: “…administrar y preparar al Ejército y la Fuerza Aérea Mexicanos, con objeto de defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación; garantizar la seguridad interior…”

No es en vano ni casual la prioridad de sus tareas, la uno y la dos, las más relevantes y fundamentales, para las que requieren de una formación y capacitación que incluye destrezas  para privar de la vida a otros, con el fin de preservar la vida, así como la soberanía nacional. También son adiestrados fuertemente en la disciplina de acatar órdenes en estricto sentido de cumplimiento, es decir, para un militar no existe excusa alguna para desacatar una orden de un superior, lo cual es una enorme virtud en una guerra o combate, pero que puede resultar terriblemente hostil para la sociedad en ambientes distintos al de una confrontación armada o belicosa.

Por tanto, se concluye con suma facilidad, que una persona preparada, capacitada y formada para tales objetivos no sea precisamente la más idónea para desempeñar tareas o funciones con otras características, total y radicalmente opuestas a las propias.

No es casual pues que, el reclamo más recurrente y fuerte que se hace al ejército, no solo al de México, sino al de cualquier parte del mundo, es el atropello que hacen de los derechos humanos en el ejercicio de sus funciones, y es que no puede ser de otra manera, los soldados están entrenados para combatir en una guerra, y en una guerra no hay derecho humano que valga.

Pero, volviendo al tema de la aduana en Juárez, y en general las del país, ese es el tema que tiene inquietos, en la zozobra, a los empresarios y en general a amplios grupos sociales, porque no solo se trata de la militarización de las aduanas y puertos marítimos, sin el papel preponderante que le ha dado el gobierno de la 4T al ejército, las Fuerzas Armadas y la marina.

Lo mismo construyen aeropuertos, trenes y refinerías, que administran puertos de entrada y salida del país, sean terrestres o marítimos, amén de otras consideraciones especiales que ha prodigado López Obrador a la milicia ¿Qué sigue? ¿Entregarle también al ejército la administración del SAT? ¿La operación del sector salud? ¿La educación?

Ante la enorme similitud que estas decisiones tienen con lo que ha ocurrido en otros países como Venezuela, Cuba, Colombia, Bolivia, Nicaragua y El Salvador, resulta muy preocupante la posibilidad de que nos estemos encaminando hacia un régimen totalitario y controlador que, mediante la fuerza del ejército, al frente de todas las instituciones del Estado, pretenda en el futuro controlarlo todo. Y todo, es todo.

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