Miedo irracional a los migrantes

Por miles, así se cuenta a las personas de diversas nacionalidades llegadas últimamente a nuestra ciudad en el curso...

Cecilia Ester Castañeda
Escritora
jueves, 11 julio 2019 | 06:00

Por miles, así se cuenta a las personas de diversas nacionalidades llegadas últimamente a nuestra ciudad en el curso de la actual ola migratoria. Se trata, de acuerdo con datos publicados por El Diario, de 8 mil 600 migrantes devueltos de Estados Unidos a fin de esperar en suelo mexicano su turno para el proceso de asilo que se les efectuará en el vecino país y de 5 mil 600 más que no han cruzado al lado americano. A dichas cifras se suman, sin duda, otros —incluyendo mexicanos— no detectados por las autoridades.

Es la crisis humanitaria más reciente de las muchas registradas en esta frontera. 

Y no lo digo sólo por las necesidades de 14 mil seres humanos frustrados en su intento de buscar una vida mejor en Estados Unidos cuando sentían estar a punto de lograr su objetivo. Tampoco me refiero a las vicisitudes de personas agotadas después de haber efectuado largas travesías, ni a los probables traumas sufridos durante el peligroso viaje o por el riesgo de ser separadas de sus seres queridos debido a las políticas inmigratorias estadounidenses. No, no estoy pensando nada más en la zozobra de saberse en una ciudad con fama de violencia. 

Estoy teniendo en cuenta también algunas de las respuestas de los juarenses ante esta nueva coyuntura de nuestra sociedad.

Verá usted, una de las necesidades sicológicas básicas humanas es la consistencia. Al correrse el riesgo de que ésta se pierda, como cuando ocurren cambios, la tendencia natural es mantenerla. ¿Cómo? Rechazando lo novedoso. En el presente caso, a veces resulta más sencillo cuestionar la presencia de gran número de migrantes extranjeros que analizar los factores por los cuales han venido a dar aquí y tomar medidas al respecto.

Ciertamente el arribo masivo pone a prueba nuestra escasa red para contingencias, mientras que podríamos hacer una larga crítica sobre las acciones de varios niveles gubernamentales para hacer frente a la crisis. De hecho, al menos en el ámbito federal, probablemente las medidas tomadas —u omitidas— en Estados Unidos y México hayan exacerbado la situación. Los nuevos migrantes permanecerán en Ciudad Juárez por lo menos de manera temporal, a fin de cuentas.

No es la primera ocasión en que se ponen en duda los recursos locales para dar cabida a los recién llegados. El presidente municipal Jesús Macías, se cuenta, se preguntaba durante el gobierno 1989-1991 cómo dar empleo a los 500 inmigrantes que en ese entonces llegaban a diario a la ciudad. Tampoco tiene nada de nuevo ver con recelo a los nuevos habitantes fronterizos. 

Sin embargo, la actual oleada de migrantes quizá sea diferente en algo más que sus internacionales lugares de origen, pues está desarrollándose en momentos de particular incertidumbre a nivel mundial y de problemas recurrentes en Ciudad Juárez. En situaciones así, entre la población resulta común frustrarse ante la incapacidad para satisfacer otra de las necesidades sicológicas humanas: entender el entorno.  

El temor al cambio y la búsqueda de explicaciones nos vuelven entonces presa fácil de discursos que pretenden eliminar nuestros miedos y brindan la sensación de pertenencia a un grupo —otra necesidad primordial—. Fomentar la hostilidad con quienes sean distintos se vuelve entonces un método para reforzar la noción de seguridad.

Las personas razonables se comportan de forma irracional cuando el temor público se intensifica ante una “inminente amenaza” externa, dice el sicólogo social Philip Zimbardo. Por eso me preocupa escuchar comentarios estereotipados sobre los migrantes. Porque sólo hace falta deshumanizar a seres humanos a quienes se considere diferentes para dar paso a los abusos en su contra, justificándolos como defensa propia. Después de todo, dice el argumento antiinmigrante, ¿no están aumentando los recién llegados los índices de delincuencia, robando los recursos y los empleos que tanto necesitamos aquí? 

Atribuirles nuestros problemas de décadas no sirve de nada. Mejor aprovechemos la urgencia de la presencia de los migrantes como oportunidad para transformarnos en una sociedad con mejores redes de apoyo y el ímpetu de sus deseos de superación a fin de prepararnos para las condiciones del mundo actual. 

O estanquémonos intentando aislarnos en una realidad fronteriza de otro tiempo.