Opinión

Mercado de agua

Este fin de semana hubo un corte de agua en la delegación de La Misión, municipio de Ensenada, Baja California

Sergio Sarmiento
Periodista

lunes, 05 octubre 2020 | 06:00

Ensenada— Este fin de semana hubo un corte de agua en la delegación de La Misión, municipio de Ensenada, Baja California. No es raro. Se ha hecho común en los últimos años que se suspenda el servicio en distintos lugares del estado. A veces por insuficiencia en la electricidad, que afecta el funcionamiento de las bombas, o por problemas en la infraestructura de acueductos, el problema se repite constantemente. De hecho, las autoridades han establecido programas de “tandeos” o “pausas” en la distribución en Tijuana y Rosarito, lo cual simplemente significa cortes deliberados del suministro de agua. Estos cortes generan un mercado negro de agua a través de pipas que afecta a pobres y ricos, pero que naturalmente daña más a los más pobres. 

Baja California es uno de los estados más áridos de la República Mexicana, pero esa no es la razón de la actual escasez de agua. Durante años se han aplicado políticas públicas miopes que promueven el desperdicio y dejan sin recursos a los sistemas de administración de agua para reparar fugas y mejorar la infraestructura. Esta es la razón de la escasez. 

Mucho se ha dicho que el agua es demasiado importante para someterla al mercado. Pero este es un gran error. El agua es tan importante que resulta insensato sacarla de un mercado que impone reglas de eficiencia. El resultado lo estamos viendo hoy en Baja California: escasez y mercados negros en que el agua se distribuye en pipas en lugar de redes y alcanza costos prohibitivos para los más pobres. 

La decisión del Gobierno federal de suspender la construcción de la planta de cerveza de Constellation Brands es un ejemplo más de la miopía que acaba costando más a los más pobres. Esta planta habría utilizado 5.8 millones de metros cúbicos de agua al año, o 0.2 por ciento de los 2,555 millones de metros cúbicos asignados a Mexicali, según un estudio realizado en 2018 por el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, Semarnat. El proyecto, sin embargo, consideraba una inversión importante en la quebrantada infraestructura hídrica del municipio, lo cual aseguraba que el uso del agua de la nueva planta sería cuando menos neutro en la disponibilidad total. La cancelación de la planta impide la realización de la inversión en infraestructura y esto significa que continuarán las pérdidas de agua equivalentes a cuando menos la cantidad que habría utilizado la cervecera. 

Un sistema de mercado con precios transparentes y equitativos para todo el consumo de agua, que generara ingresos suficientes para financiar las inversiones que se requieren en infraestructura, sería ideal para resolver de fondo los problemas de agua de Baja California y del resto del país. Pero no. Las autoridades tienen un complejo sistema de cobros, con subsidios y precios diferenciados por volumen de consumo o por uso del agua, el cual genera confusión y desperdicio, además de que no permite contar con los recursos para mantener la infraestructura en niveles óptimos. 

A la población, los políticos le han hecho creer que la escasez de agua es natural, que debemos aprender a vivir con cortes y distribución por pipas. Pero no. En todo el mundo hay ejemplos de sistemas de administración de agua que reconocen la eficiencia de los mercados y la aprovechan para dar un mejor servicio al público. Sería importante aprender de ellos. 

¿Renunciar?

Andrés Manuel López Obrador prometió que se iría a su rancho si más de 100 mil protestaban en su contra. Miles se animaron a acudir a una marcha el 3 de octubre en la Ciudad de México. Fueron 5 mil, dijo el gobierno capitalino. Más de 100 mil, afirmaron los organizadores. Al final da igual. Un gobierno electo democráticamente no debe renunciar por una manifestación. 

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