Opinión

Maternidad abnegada y llena de sacrificios

Los roles de género son erróneamente marcados por la sociedad desde la niñez

Mayra Chávez
Abogada

martes, 12 mayo 2020 | 06:00

Los roles de género son erróneamente marcados por la sociedad desde la niñez. En ocasiones por los colores que debe usar una u otro, en otras por el tipo de juego o por la clasificación de los juguetes estereotipando los que corresponden a niños, por lo general, a actividades productivas como la de algún profesionista o la realización de algún oficio, que marcan una gran diferencia entre los de niñas que se distinguen por guiar hacia la maternidad, la limpieza de la casa, la cocina y la procuración de la belleza. 

Ninguno de estos juguetes tienen un propósito negativo, lo dañino para la formación de una persona recae en la limitación para la utilización de unos u otros. La conceptualización del ejercicio de la maternidad que tradicionalmente es aceptado, obedece a ciertos patrones muy castigados para la mujer, caracterizados por la abnegación y el sacrificio. 

No es casualidad que el Día de las Madres sea una fiesta nacional; a final de cuentas su objetivo es festejar un día al año a la persona que realiza labores de limpieza en el hogar, cocina para quienes viven bajo un determinado techo, administra la economía familiar, establece los horarios de llegada de las y los integrantes de ese núcleo social, organiza las actividades que deben realizar quienes viven en ese hogar, funge como enfermera de quien presenta algún malestar, absorbe parte de la carga emocional de los conflictos que presenta cualquier miembro de la familia, entre una larga lista de funciones que son socialmente aceptadas como las de una madre de familia. A todo lo anterior se suma un importante factor de desigualdad. 

Las mujeres y los hombres caminan sobre un sendero profesional a pasos parcialmente similares, hasta que una enorme brecha es generada. Su tamaño es tal que su simple existencia causa una desproporción imposible hasta la fecha de nivelar, esta diferencia es conocida como brecha salarial. 

Una de las causas más identificables es precisamente el proceso por el que tiene que atravesar una mujer al enfrentarse a un mercado laboral, que aún y con leyes que protegen sus derechos en materia de salud, seguridad social y desde luego en su trabajo, el hecho de proporcionarle cierta cantidad de días con goce íntegro de sueldo para la atención a la niña o niño y así misma, no es suficiente para siquiera acortar esta desproporción. Imaginemos que un hombre y una mujer que actualmente laboran en una determinada empresa son igualmente aptos para un puesto que acaba de mostrarse vacante y deciden postularse para obtenerlo. ¿La variable? La mujer está embarazada. 

Si se decide otorgar el puesto al hombre por múltiples puntos de análisis relacionados con las complicaciones que podría presentar la mujer por estar encinta, se actualiza el supuesto muy claramente, aunque podría actualizarse por muchísimas razones menos burdas y en ocasiones imperceptibles a simple vista. Poco a poco es que los hombres se han involucrado cada vez más en las actividades de convivencia de las y los hijos, sin embargo estas actividades eran designadas para las madres y mientras que al hombre se le festejaba el acercamiento a actividades escolares, recreativas, culturales, etc., a la mujer se le imponían como una obligación adquirida al momento de ser madre. 

Es decir, para el padre era un derecho y para la madre una obligación. El uso del tiempo libre es otro indicador determinante. Mientras que los hombres utilizan su tiempo libre para recrearse de forma personal y no necesariamente involucrando a la familia, la mujer normalmente lo utiliza para la planificación y ejecución de actividades para el recreo no solamente personal, sino el de toda la familia. Es hasta fechas recientes que se ha normalizado un poco más el cuidado al tiempo personal de las madres de familia, aún y cuándo es común que sea considerado banal por propios y extraños. 

Las circunstancias planteadas enunciativamente, fundamentan una de las causas por las que cada vez más mujeres deciden postergar su maternidad o simplemente no ejercer ese derecho. No sin antes ser acusadas de egoístas y de ir contra la naturaleza humana. La sobredimensión que se da al Día de las Madres, se convierte entonces en un reconocimiento disfrazado de romanticismo al hecho de que aún y cuando nuestra Constitución establece que todas y todos somos iguales ante la ley, el ejercer la maternidad, aun en una ciudad fronteriza y un poco más abierta como la nuestra, trae aparejadas un sin número de circunstancias impares para los hombres y que solamente las mujeres atraviesan. Seguramente los festejos podrían ser fácilmente intercambiados por una igualdad de derechos y obligaciones, que no solamente fueran plasmados en la comodidad del papel, sino también en una realidad menos abnegada y con menos sacrificios para las madres.