Opinión

Más razones para no crecer

Estamos viviendo una experiencia que trastoca todos los ámbitos que sostienen nuestro existir y no nos hemos dado cuenta

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 10 febrero 2021 | 06:00

Estamos viviendo una experiencia que trastoca todos los ámbitos que sostienen nuestro existir y no nos hemos dado cuenta. En el afán de volver a la cotidianidad que con sus luces y sus sombras nos dominaba -aunque ingenuamente pensáramos que nosotros la dominábamos a ella- con la mirada puesta en el futuro ignoramos dónde tenemos puestos los pies, o pretendemos ignorarlo. Lo cierto es que tenemos frente a nuestros ojos señales evidentes de que poco volverá a ser como antes, es más, ni siquiera será como lo es hoy.

Paradójicamente, la incertidumbre nace de una certeza: el cambio inminente.

De acuerdo con expertos la era verdaderamente digital está por empezar. Aun cuando ha crecido la necesidad por socializar, el trabajo a distancia llegó para quedarse ante las oportunidades que brindarán los nuevos modelos empresariales, ya que la presencia física de los grandes corporativos y la ubicación de las empresas será cada vez menos importante: las juntas virtuales tomarán mayor vigencia pues las plataformas virtuales resolverán los temas que pudieran ser una limitante hoy día; la contratación de empleados cambiará completamente de paradigma pues ya no importará dónde residan ni su nacionalidad: la globalidad a toda su expresión. Ello traerá consigo que los hoteles y viajes de trabajo disminuyan: en otras palabras, la empresa tradicional inicia su camino hacia la extinción. Las casas, obvio, se transformarán para adaptarse al home office y la conectividad será a tal grado primordial, como lo es contar con agua potable y energía eléctrica.

Los comercios tal como los conocemos ahora en su mayoría desaparecerán y los centros comerciales difícilmente sobrevivirán ante el crecimiento de las compras en línea y las entregas en casa. Cada día se abrirán más opciones de entretenimiento y de guía para el acondicionamiento físico en plataformas digitales que dejarán fuera los grandes complejos de cines y los gimnasios. Respecto a la educación, principalmente a nivel universitario, la educación bajo modelos híbridos tomará auge por lo que la expansión de los campus se contraerá. 

La movilidad también acarreará cambios en las ciudades pues aun cuando se reducirán los desplazamientos, el ansiar tener contacto con otros humanos nunca implicará desear los amontonamientos, como lo supone el transporte público, por lo que los desplazamientos individuales en bicicleta representarán la mejor opción por cuestiones de salud y economía: las ciudades, entonces, deberán transformarse pese a aquellos que menosprecian este tipo de transporte.

¡Buen reto tienen quienes pretenden planificar las ciudades! Deberán imaginar realidades que no conocen y plantear proyectos bajo escenarios cimentados en la incertidumbre: un buen número de empresas que ya no necesitarán de suelo para operar, comercios para los que la ubicación pudiera no ser relevante o, quizá, ni siquiera requieran ocupar físicamente un espacio; reducción de plazas de entretenimiento, planteles universitarios sin el apremio de crecer su infraestructura. ¿Cómo serán y qué elementos deben tener las nuevas centralidades si la actividad laboral y la comercial cambian de modelo? ¿Cómo deberá ser la ciudad si las distancias y el acceso a servicios se regirán por los recorridos basados por el modelo ciclista?

El suelo, nuevamente, sigue siendo un factor determinante, más ahora no en términos de la expansión de la ciudad, sino para el control de su crecimiento, debemos tenerlo muy claro. De hecho, seamos francos, al menos en las últimas cuatro décadas Ciudad Juárez no se ha expandido por necesidad, sino por el juego que ha dominado la especulación y el falso servicio social que se le ha adjudicado a la tierra. Son críticos los problemas sociales, económicos y ambientales que los juarenses seguimos pagando día a día porque se dio a ganar mucho a solo unos cuantos. En este instante, a pesar de que tenemos suelo al interior del área urbana para los siguientes 30 años, seguramente habrá quien esté tejiendo estrategias como lo fueron en su momento las invasiones de Torres del PRI, o El Mezquital; o pudiera ser que planeen la instalación de empresas en zonas donde no se contempla el crecimiento y aún en zonas de riesgo. Pongámonos en modo alerta para no volver a pagar tributo a quienes han hecho del suelo su gran negocio. Tenemos razones de peso para no crecer.