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Opinión

Más que un premio

Recientemente, la asociación civil juarense Girasoles hizo entrega, en una ceremonia pública, de un premio cuyo propósito es rescatar trayectorias de personas mayores, vigentes y destacadas en su quehacer

Zuri Medina
Analista

viernes, 23 septiembre 2022 | 06:00

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Recientemente, la asociación civil juarense Girasoles hizo entrega, en una ceremonia pública, de un premio cuyo propósito es rescatar trayectorias de personas mayores, vigentes y destacadas en su quehacer. El reconocimiento se denomina “Girasoles Vida Activa” y este año se entregó al Dr. Jorge Alberto Silva Silva.

Entre los requisitos está ser mayor de 75 años y continuar activo laboralmente. No ha faltado el comentario “no van a encontrar candidatos”, porque se cree que difícilmente una persona de 75 años o más, estará activo en su vida laboral, pero precisamente, eso es lo que se pretende con esta acción de reconocimiento.

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En una sociedad que discrimina por cuestiones de edad, es fácil visualizar a cualquier persona a partir de los 60 años, tomando café en los centros comerciales, arrinconado en su sala viendo televisión o, en el más activo de los casos, haciéndose por momentos responsable de un par de nietos, cuyo padre o madre (o ambos) laboran fuera de casa. Como contraparte, para esta misma sociedad es difícil visualizar a un “viejo” que a sus 75 o más años continúa activo, trabajando, aprendiendo algo nuevo, enseñando, viajando, diseñando, creando. Así, todo en gerundio, porque podrá hacer siempre, mientras uno esté vivo.

¡¿Cómo es esto posible?! Si la sinergia social nos dicta que a determinada edad uno debe “irse a la banca” y dejar a otros hacer piruetas en el juego de la vida.

“Después de vejez viruela”, “A tu edad, ya pa´qué”, “Ya no estás pa´esos trotes”, “Demos lugar a los jóvenes”… ¿en serio no le suenan estas frases, querido lector? A que ni siquiera podríamos enumerar las veces que las hemos pronunciado. Y ahí, camuflado hay ciertos dejos de discriminación. 

Pues permítame decirle que quizá eso era antes; cuando la esperanza de vida de las personas era de apenas 50 o 60 años, hoy ya no aplica. Hoy tenemos que entender que los individuos estamos viviendo cada vez más años (la esperanza de vida del mexicano hoy en día le pega a los 80 años) y eso obliga a que la dinámica de convivencia y participación social se modifique, para dar cabida a la interacción de todas las personas, con dignidad, respeto y total inclusión.

¿Qué se pretende al dar una presea a una persona mayor? ¿Acaso se trata de un premio a la longevidad, a los muchos años acumulados? Es mucho más que eso. Es un reconocimiento a quienes no se dejan rendir por la sinergia social, a quienes no se tragan eso de que deben dejar de hacer, de crear… de SER.

Si usted y yo platicamos con cualquier persona considerada mayor y que esté activa, nos dirá que se siente como cuando tenía 30 años, incluso mejor; porque si bien es cierto reconocerá menor agilidad corporal, también nos dirá que su mente se ha vuelto más avispada, su entendimiento y comprensión de la vida, mucho mejor que cuando tuvo 20 años.

Atinadamente, comentó el Dr. Silva Silva, que “son las arrugas, las canas y la musculatura las que comienzan a hacerse evidentes y delatan la vida sedentaria;  pero no suele ocurrir (así) con quienes la inercia de la juventud continua y continúan trabajando… aquí están, siguen siendo los padres de sus hijos y los abuelos de sus nietos… esto nunca ha cambiado, siguen siendo los mismos”.

Y no se trata de discriminar a ninguno por su edad, cualquiera que esta sea. Se trata de elevar nuestro nivel de comprensión y consciencia; entender que si la sociedad fuera vista como una gran empresa, debemos aprovechar las virtudes de cada uno de los miembros de la misma y permitir, que quienes tienen mayor talento, expertise, habilidad y equilibrio sean quienes más influyan en la conducción de esa empresa.

Lo anterior no significa que deba excluirse a los demás, porque los miembros de menor edad en una sociedad, debemos estar aprendiendo y adquiriendo experiencia de quienes ya la tienen, y así, podremos ser buenos suplentes cuando sea el momento de llevar las riendas nosotros.

Es un tema complejo, pero sí o sí, debemos asumir esta forma de participación e interacción, si no como un acto de justicia hacia los viejos, mínimamente como estrategia, porque el día que nos toque, estoy segura que desearemos un trato digno e incluyente. La pregunta interesante es, ¿estamos construyendo este escenario para el momento de nuestra propia vejez?

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