Marcha rarámuri contra el hambre

A 527 años de la llegada del imperio monárquico-colonialista español y portugués al 'Nuevo Mundo', debiéramos sentir vergüenza

Isaías Orozco Gómez
Analista
lunes, 08 julio 2019 | 06:00

A 527 años de la llegada del imperio monárquico-colonialista español y portugués al “Nuevo Mundo”, debiéramos sentir vergüenza todos los que somos dizque humanos, de seguir desoyendo, de seguir haciéndonos de la vista gorda; o, de plano, de permitir que las etnias originarias o indígenas que todavía habitan el Continente Americano, desde Alaska hasta la Patagonia, sigan evidentemente discriminados, en el olvido y lacerante marginación por los diversos gobiernos autollamados democráticos, que materialmente los tiene sumidos en la pobreza moderada o “normal” y extrema, en el hambre, en la miseria, en la insalubridad, en la falta de vivienda digna y de una real educación.

Política socioeconómica excluyente y discriminatoria que desde 1492 se practicó y se ha venido aplicando en perjuicio de los trabajadores rurales y urbanos, especialmente y con saña  contra los grupos indígenas o etnias originarias, así como de las comunidades afroamericanas, como sigue  viviéndose y observándose,  por ejemplo, desventuradamente en: Centroamérica, el Caribe, Brasil, Perú, Colombia, Venezuela… Política pública-gubernamental, que ha caracterizado a todos los presidentes de los EUM sin distinción de los partidos políticos que los hayan llevado al poder. ¡Claro está, sobresaliendo el PRI y el PAN! Salvo en diversos aspectos para el cambio positivo de la realidad indígena, durante el honroso  sexenio presidencial  del General Lázaro Cárdenas del Río. 

En ese marco histórico, sociológico y económico, todo parece indicar que el destino fatal de nuestros PUEBLOS INDÍGENAS, y de millones y millones de trabajadores del campo y la ciudad, es: el HAMBRE y la POBREZA. Y lo aquí  afirmado, no es mera retórica o mediocres y demagogos discursillos de los politiquillos (as) que en mala hora han llegado a ocupar algún cargo público o representación popular. La ‘MARCHA DEL HAMBRE’ que tienen programado realizar un numeroso contingente de indígenas RARÁMURIS el próximo 15 de julio, coordinados  por el gobernador rarámuri o tarahumara Isidro Rodríguez Martínez, es prueba fehaciente, clara y precisa de esa constante de humillaciones y tratos indignos, discriminatorios dados a las cuatro etnias originarias de Chihuahua y a las otras 64 etnias indígenas que habitan en las mayoría de las entidades federativas del territorio nacional. 

Preeminentemente por la desesperación, la falta de apoyos, la discriminación, el abandono del gobierno, la falta de trabajo –que no de dádivas, limosnas o paliativos–, es por lo que cientos de indígenas acudirán a Creel. Centralmente las respetables familias indígenas, esperan de la “Cuarta Transformación”, específicamente del delegado del Bienestar Juan Carlos Loera de la Rosa, que de una vez por todas los incluya en los programas del campo. Además, “piden al presidente de los EUM, licenciado Andrés Manuel López Obrador, resolver el principal problema de los indígenas, que es la falta de trabajo en las comunidades de la sierra y se les incorpore en los programas: sembrando vida, crédito para ganado a la palabra, fertilizantes y vivienda”. (Bernardo Islas/El Diario/Miércoles 3 de junio de 2019).

En el caso concreto que nos ocupa, no existe clara diferencia entre la “4T” y gobiernos neoliberales-conservadores anteriores, pues: ¿Por qué se habla de apoyo al campo y no se incluye a las etnias indígenas u originarias? ¡¿Qué acaso, las mismas no han vivido por milenios en el campo y del producto de la tierra, logrado hasta el sacrificio con su fuerza de trabajo humana?! ¿Inmoral e irresponsablemente, se seguirá con esa política económica y social del Estado Mexicano, que siempre ha considerado los grandes y graves problemas de los pueblos indígenas como punto y aparte, como si los mismos no formaran parte de la Nación, de la Matria y de la Patria mexicana?

Qué poca conciencia –por no utilizar otro término más coloquial– de los que no se consideran descendientes de indígenas y mucho menos “indios”, el ignorar o no aceptar que de las 32 entidades federativas del país, únicamente Aguascalientes, Nuevo León y Tamaulipas no cuentan con etnias originarias, que en el resto habitan 68 pueblos indígenas, los cuales suman aproximadamente: 11 millones 150 mil habitantes. Que es difícil encontrar un solo estado de la República mexicana, que no tenga toponimias nahuas en cabeceras municipales o en comunidades de menor importancia. Vayan como ejemplo: Chihuahua, Cuauhtémoc, Temósachic, Namiquipa; Acatlán, Ahuacatlán, Ameca, Atlixco, Ayutla, Canatlán, Catemaco, Chapala, Chapultepec, Cocula, Ecatepec, Iguala, Jalapa, Jalisco, Macuspana, Mazatlán, Michoacán, México, Ocotlán, Tacuba, Tuxpan…

Luego, en nuestro pasado histórico común, consciente o inconscientemente olvidamos o no reconocemos que desde la Guerra de Independencia hasta la Revolución de 1910-1917, los indígenas de  todo México, tuvieron una destacada participación en los campos de batalla, así como la labor de distinguidos y prominentes intelectuales indígenas que tomaron y han tomado parte en la superación ideológica, política, económica, científica, literaria, social y pedagógico-educativa en la construcción de la República, tales como: JUÁREZ,  ALTAMIRANO y GENARO V. VÁZQUEZ.

En ese contexto, si la “Revolución” no le hizo justicia a los pueblos indígenas, estamos muy a tiempo de que el régimen de la “Cuarta Transformación”, bajo la gran responsabilidad del Presidente de la República, Lic.  Andrés Manuel López Obrador, definida y definitivamente, les dé el mismo estatus de mexicanos, con todos sus derechos a salvo, a los 68 pueblos originarios en referencia.